Producción tecnológica: ¿país maquilador o innovador?

Columnas | Tecnología

15 de noviembre de 2017, 18:37. Por: Francisco José Bravo.


El autor se desempeña en el Área de Vinculación Tecnológica y Socioproductiva de la Secretaria de Desarrollo Institucional y Territorial de la Universidad Nacional de Cuyo. Además es Director de Relaciones Institucionales del Polo TIC Mendoza.



Estamos inmersos en una transformación mundial que implica un cambio de paradigma de tal magnitud que más que un cambio de época es una nueva era, una era de cambios tecnológicos que avanzan exponencialmente gestando una verdadera revolución tecnológica.

Como no podía ser de otro modo dichos cambios impulsan transformaciones en la sociedad del mismo modo que las anteriores revoluciones industriales, que son las que se muestran en la figura siguiente [1]:

 

[1] Fuente:  http://nctech.com.mx/blog/2016/06/22/Industria-4.0-by-NC-Tech/

 

En cada una de ellas los países que fueron pioneros o bien que anticiparon el cambio de paradigma fueron aquellos cuyas economías y sociedades se destacaron frente a aquellos que no supieron adaptarse a dichos cambios y sufrieron a lo largo de la historia un atraso en su nivel de desarrollo.

La cuarta revolución industrial, o también conocida por industria 4.0, viene marcada por la informatización y digitalización de todos los procesos de producción, a través de la interconexión de estos por redes locales o internet. Es la aplicación de las tecnologías de la Información y las comunicaciones, las TIC, a los procesos de producción.

Existen números países que han logrado transitar el cambio hacia el nuevo paradigma donde lo esencial es apostar al conocimiento es decir apoyarse en los saberes de sus habitantes, partiendo de que todos esos saberes son importantes, no sólo aquellos que encontraremos en sus ámbitos académicos y centros de investigación y desarrollo, también aquellos que en cualquier espacio de la sociedad se transmite a través de generaciones y de experiencias de vida y trabajo.

Un ejemplo que vale la pena analizar es el de China, país que a lo largo de las últimas décadas ha pasado de ser un país maquilador a ser un país innovador [1]. El tema de la propiedad intelectual ocupa un lugar preponderante en la estrategia de las compañías chinas mediante el registro de patentes, diseños industriales y marcas, a través de un modelo basado en I+D+i, que toma como punto de partida la detección de necesidades del mercado para luego generar productos y servicios diferenciables que son luego protegidos a través del sistema de propiedad intelectual y patentes. Todo ello redunda en un mayor nivel de desarrollo del país.

En resumen China muestra a lo largo de las últimas décadas un cambio de estrategia pasando de competir con productos de bajo precio a productos más sofisticados con mayor valor agregado, mediante la inversión constante en I+D+i, capital humano, infraestructura y protección de todo ello a través de registros de propiedad intelectual.

Otro ejemplo similar lo encontramos en la industria médica en México, donde se reconoce la necesidad de impulsar una política de mayor innovación y menos maquila, desarrollando mayor tecnología y patentes, fabricando productos  propios para lo cual se requiere mayor inversión en I+D+i

Podemos graficar todo lo dicho a través de lo que se conoce como curva de la sonrisa (smile curve) [2] que podemos ver en la siguiente figura

[1] http://www.redalc-china.org/redalcchina_2015_economia.pdf

http://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/38196/1/S1500389_es.pdf

[2] https://manosinvisibles.wordpress.com/2008/05/17/la-sonrisa-de-las-transnacionales/

 

Tanto en uno como en otro caso vemos cómo el valor agregado varía en las diferentes eslabones de la cadena de producción, se trate de un producto o servicio determinado. A la vez también es dado observar que las tareas que se sitúan en el inicio y en el final del proceso productivo conllevan un mayor valor añadido, que además se caracterizan por presentar economías de escala. Son más beneficiosas y más rentables. La parte central del proceso resulta sin embargo poco beneficiosa, sin posibilidades de mejoras ni evolución y con muy bajo margen de beneficios. Los países centrales desarrollados se han especializado en los procesos que se encuentran al inicio y al final de la cadena, y derivan en general los procesos de menor valor agregado para otros países con menor nivel de desarrollo, fundamentalmente de aquellos con menores costos de mano o mente de obra.

Corresponde a cada país elegir en que parte de la curva de la sonrisa se va a ubicar en su proceso de desarrollo, en otras palabras cuáles serán las políticas adecuadas para transitar hacia una posición que lo defina como un país desarrollado o en franco avance hacia tal posibilidad.

Todos los ejemplos de países con economías emergentes o bien aquellos que han logrado alcanzar un nivel de desarrollo similar al de los países centrales, es por qué han potenciado el conocimiento de sus habitantes, impulsando la educación a todo nivel, generando una cultura innovadora en la sociedad y avances constantes hacia una economía moderna o del conocimiento.

La consecuencia de uno u otro modelo puede graficarse en los siguientes esquemas de mapa mundial [1]. El primero corresponde a un mapa normal mientras que en el segundo las superficies de cada país son proporcionales al cobro de “Royalties” en función de las patentes registradas.

Los análisis y consideraciones realizadas son aplicables cuando analizamos la cadena de valor de la industria de software y servicios informáticos, biotecnología, industria electrónica, etc.

 

 

 

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