Aumenta la pobreza

Por Roberto Follari, epistemólogo, docente y Dr. en Psicología

Aumenta la pobreza

Sociedad Columnas Pobreza / por Roberto Follari para Unidiversidad / Publicado el 03 DE ABRIL 2019

Rara situación hoy vivimos. Inflación muy alta y recesión aguda: dos fenómenos indeseables que rara vez se dan juntos. Suba del dólar conjunta con subas de tasas de interés que se hacen para eludir la suba del dólar: una combinación complicada e indescifrable.

Otros índices se relacionan con ello, como los quiebres de pymes o la disminución del PBI. Pero hay uno que duele singularmente: el aumento de la pobreza, según lo constataron la UCA, primero, y luego el anuncio del Indec.

Poco consuelo es decir que debiéramos estar felices porque ahora “podemos medirlo”. Estamos peor, pero qué bueno saberlo con exactitud. Por supuesto que es deseable tener estadísticas confiables, pero más importante que ello, en el plano sustantivo, es que lo medido por las estadísticas esté mejor o peor. Y es grave que en la medición de pobreza salgamos ahora claramente peor que cuando comenzó la gestión de Macri. Ello, según mediciones estándar y comparables para diferentes períodos, como son las de la Universidad Católica Argentina.

Tras el hundimiento económico de 2001, se llegó a un crecimiento récord de la pobreza en el país, que al final del interinato de Duhalde –tras la efímera gestión De la Rúa– llegó al 50 % de la población. Una condición desastrosa.

El período que comenzó Kirchner y finalizó luego Cristina Fernández bajó la pobreza desde 50 a 29 puntos. La baja fue muy consistente en los primeros años e implica una reducción global de 21 puntos.

En 29 puntos recibió Macri la pobreza, y ahora mide 32. Esta medición no es de marzo de 2019; tampoco de diciembre de 2018, pues es un promedio de los últimos seis meses de 2018. Es evidente, vistos los meses últimos, que la pobreza hoy es mayor que ese promedio.

La gravedad de la cuestión es enorme. El deterioro de las condiciones de vida se advierte en las personas en situación de calle y en quienes comen de la basura, ambos fenómenos perceptibles en Mendoza, pero más en Capital Federal.

Y eso que, si bien los pobres son los más castigados por la inflación y la pérdida relativa de los salarios, han perdido menos –proporcionalmente– que los sectores medios. El gobierno ha mantenido la Asignación Universal por Hijo, detestada por gran parte de su propio electorado. Ello ha evitado ciertos extremos de pobreza; las clases medias siguen viviendo mucho mejor que estos sectores, pero la brecha que los separa de ellos ha disminuido notoriamente.

De poco sirven promesas como la de que el futuro será mejor, pues eso se ha dicho desde el primer día de la actual administración, que no ha logrado cumplirlo. Se habla de segundo semestre, brotes verdes, lluvia de inversiones y otras realidades intangibles, mientras la enorme deuda externa contraída hipoteca el futuro de los argentinos. La idea de que el acceso a una cloaca, por ejemplo (que sigue estando ausente para muchos), contrarresta el ganar por debajo del mínimo necesario, muestra escaso reconocimiento de lo que es vivir en pobreza.

Se sabe que el neoliberalismo produce estos efectos: concentra hacia arriba y achica hacia abajo. Sin embargo, fenómenos como la baja de la producción o las tasas altísimas escapan al recetario tradicional del neoliberalismo, aumentando el grupo de sectores sociales afectados negativamente, lo que nos lleva a pensar que existen singularidades de aplicación que están fuera de las limitaciones que el modelo neoliberal implica por sí mismo.

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