La cita cantada y la recuperación de la identidad

En el juicio de lesa humanidad que se cumple en nuestra provincia, se retomaron los testimonios sobre el asesinato del escritor y militante Francisco Urondo y la desaparición de su compañera, Alicia Cora Raboy. Tras el testimonio en enero de su hijo Javier, aportaron datos fundamentales Renée Ahualli, única testigo presencial de la “caída”; y Gabriel Raboy y Ángela Urondo Raboy explicaron las averiguaciones sobre el destino de Alicia, del cuerpo de Paco y la reconstrucción de la historia de la hija de la pareja.

La cita cantada y la recuperación de la identidad

Sociedad Unidiversidad / Publicado el 23 DE JUNIO 2011

Según el requerimiento de la elevación a juicio de la querella en relación al homicidio de Francisco Urondo y los vejámenes y la desaparición de su compañera Alicia Cora Raboy, el 17 de junio de 1.976 con intervención del 8º Comando de Infantería de Montaña: “La comitiva policial se apostó tras subversivos que acudían a una cita de control en un vasta área en torno a la calle Guillermo Molina de Dorrego, con por lo menos 4 vehículos sin identificación, los efectivos ven un Renault 6 verde agua que al pasar por tercera vez por el mismo lugar suscitó la sospecha por lo cual se inició una persecución con disparos de armas de fuego por más de 30 cuadras hasta la esquina de Remedios Escalada y Tucumán, en la cual tras una ráfaga de ametralladoras consiguen frenar al auto. Las mujeres a bordo huyen hacia un corralón cercano mientras los perseguidores rondan al auto, sacan a Francisco Urondo y lo rematan a golpes en la cabeza”.

Según Horacio Canela, dueño del corralón por dónde Raboy intentó la fuga, ésta “le tira por el aire la bebé (Ángela) a su hermano” cuando desde atrás “llegan los del Ejército”, la acorralan y se la llevan a rastras y patadas.

El informe médico y la autopsia realizadas por el doctor Ricardo Bringuer reveló que Urondo presentaba serias contusiones en el cuero cabelludo, sin heridas de fuego ni rastros de haber ingerido cianuro, que el deceso se produjo en pocos minutos debido a una hemorragia cerebral y hundimiento craneano, por lo cual es muy claro que murió a causa de los golpes.

 Emma Renée Ahualli

 Con dudas sobre las direcciones y el posible recorrido realizado junto a Urondo al ser perseguidos, dudas que serán elucidadas mañana con la reconstrucción-recorrido por Dorrego de las partes del Tribunal y la testigo, Ahualli narró que llegó desde la Costanera a la “cita de control pactada el jueves 17 de junio a las 18 horas” entre ella, Francisco y Torres; y establecida “a lo largo de 5 cuadras de la calle Guillermo Molina”. Allí aparece Urondo en el R6, con Alicia Raboy y Ángela, y le indica “subí Turca, hay cosas que no me gustan”, mientras ven “vecinos caracterizados, parejas como haciendo la siesta” y Ahualli descubre al compañero Rosario Aníbal Torres, con ropa gris y gorra, entre dos “civiles” en la parte trasera de un peugeot rojo, que hasta meses antes había sido de la Organización.

 “Rajá, está cantada la cita”, dijo la Turca a Paco, que inicia la fuga zigzagueando por las calles de Dorrego: “nos seguían desde el peugeot hasta que en una recta comienzan el tiroteo y Paco con un revolver me pasa una pistola”. En la esquina de Tucumán y Remedios Escalada tras un roce con un rastrojero apostado, “pensé que íbamos a zafar” y ante la constatación de que Ahualli había sido herida en sus piernas, Paco frena para que las compañeras escapen y “quedarse a resistir”.

 Mientras la bebé, protegida en el piso del auto no paraba de llorar, Urondo dice: “me tomé la pastilla, ya me siento mal, váyanse”. Alicia escapa con Ángela hacia un corralón y Renée, por indicaciones de un vecino, toma por una callecita oculta hasta que llega a un descampado con piletones donde se lava la sangre y luego sube a un trole en calle Dorrego, aún a sabiendas que volvería a pasar por la esquina envenenada. Disimulando la sangre y el dolor de sus piernas, tras el ascenso de uniformados de combate beige, Ahualli ve desde el trole cómo pasaban falcon particulares con las armas visibles por fuera de las ventanillas, mucha gente alrededor del operativo, la puerta del chofer del R6 abierta y de nuevo al peugeot rojo cerrando el paso, con “Martín” (Torres) en su interior.

 Una vez en su casa, Renée es auxiliada por su hermana y un compañero. Al enterarse que en la terminal y en la estación hay fotos  de ella, toma el tren fuera de la ciudad. En Buenos Aires al reencontrarse con su compañero Asales, le da la hija de ambos y se desmaya.

Ahualli reconoció al Tribunal que las citas de control se habían convertido en un drama a nivel nacional: “los compañeros caían todos los días, en nuestro caso fue un error”. La situación general de las organizaciones armadas era de “crisis grave por el aniquilamiento agudizado a partir del pase a la clandestinidad y del golpe, deberíamos haber cerrado la orga. Con la pérdida de legalidad perdimos a mucha gente de base, estábamos aislados y en retroceso respecto al proyecto político-social. En Mendoza estábamos en emergencia, a la defensiva”. Sobre la posibilidad de que Urondo haya ingerido cianuro para evitar las torturas, la “Turca” dijo: “si lo hizo fue para no entregarle información al enemigo, eran muy crueles con quiénes caían y Paco tenía que proteger a muchos compañeros”. Una vez que Asales y Ahualli transmiten lo sucedido a Rossini de la Conducción, Renée se entrevista con Claudia, hija de Urondo, y escribe un informe sobre la caída del poeta a pedido de la Conducción Nacional.

 La “Turca” recordó que Urondo llegó a Mendoza muy poco tiempo antes como Regional y se presentó alegremente ante los responsables de las células como “El abuelo” u “Ortiz”: “nos vimos en varias reuniones organizativas y alguna vez comimos empanadas tucumanas también”.

 Gabriel Raboy

 El testigo, hermano de Alicia, relató ante el Tribunal las gestiones realizadas después de la trágica caída de Francisco Urondo y Alicia Raboy. A través de sendas llamadas anónimas, su madre y él recibieron la noticia de que debían trasladarse desde Buenos Aires  a Mendoza a buscar a Ángela, la hija de la pareja, porque ellos habían tenido problemas. La hermana de Paco, Beatriz Urondo y la madre de Alicia, emprendieron viaje hacia esta ciudad acompañadas por un abogado, éste último decidió regresar porque dijo que andaban preguntando por él.

 El 28 de junio, el día previsto para festejar en familia el primer año de Ángela, las mujeres presentaron Habeas Corpus sin resultados. Sin embargo, alguien desconocido sugirió que se dirigieran a la morgue; allí se encontraba el cuerpo de Francisco Urondo, su hermana consiguió recuperarlo para trasladarlo a Buenos Aires y sepultarlo en el cementerio de Merlo, con la condición de mantenerlo como NN. Por su parte la Sra. de Raboy, también por un trascendido, pudo ubicar a la niña  en la Casa Cuna de Godoy Cruz, realizó gestiones ante el Juzgado de menores hasta que le fue entregada.

 Agregó que nunca tuvo ninguna noticia de Alicia; a modo personal Raboy comentó que durante varios años iba buscándola por la calle porque “no podía concebir que alguien estuviera desaparecido”. El caso fue denunciado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y en 1986, ante un Tribunal, en el Regimiento 1º de Patricios en Buenos Aires.

 Gabriel Raboy describió a su hermana como una joven inquieta que cursó sus estudios primarios y secundarios en el Escuela Normal N°4 de Capital e ingresó a la carrera de Ingeniería, en condición de estudiante militó en el FEN (Frente Estudiantil Nacional). Luego se dedicó al periodismo e ingresó al Diario “Noticias”; allí conoció a Paco, decidieron formar pareja en 1975, en abril o mayo de 1976 se trasladaron a Mendoza.

 El hombre cerró su declaración destacando la valentía de las mujeres que buscaron en la adversidad a sus seres queridos, en contraste con la cobardía de quienes  sometieron a tantas personas al escarnio.

 Ángela Urondo Raboy

 La hija de la pareja Alicia Raboy-Francisco Urondo aclaró que aún porta el apellido de la familia que la adoptó y actualmente realiza trámites de filiación para recuperar formalmente su verdadera identidad.

En un conmovedor relato, la joven contó que recién conoció su historia cuando tenía entre 18 y 20 años; hasta esa fecha creía que sus padres habían muerto en un accidente en Mendoza.

 Dijo tener recuerdos, en forma de sensaciones, del momento en que sucedió la captura de su madre y padre, el 17 de junio de 1976, días antes que ella cumpliera un añito. Se permitió relatar los sueños que la asistían en forma recurrente donde aparecían espacios que habitó después de ser arrebatada del contacto con su mamá.

 Tratando de rehacer sus orígenes e identidad anduvo por los lugares que compartió con sus padres e intentó un reencuentro con la historia de Alicia, que según pudo averiguar organizó una guardería en San Cristóbal y compartía las inquietudes de su papá. Tomó contacto con quienes los conocieron e incluso ofreció al Tribunal cartas, documentos y escritos que reunió por si tuvieran algún valor Judicial.

 En un momento del testimonio hizo un distinción entre lo que le genera la evocación de su padre, porque conoce qué sucedió mientras que no saber nada de su madre la perturba.

El secuestro de su identidad y la sensación de indefensión la han instalado en un lugar difícil, sin embargo en su testimonio no abandonó la sonrisa. 

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