El discreto encanto de las palabras

Un informe sobre la incidencia de la lectura y su impacto en el desarrollo neuronal en los niños. Las habilidades cognitivas que potencian.

El discreto encanto de las palabras

Sociedad Especiales Alimento para el cerebro / por Por Grupo LiNEL Incihusa-Conicet / Camila Balter, practicante del Incihusa / Publicado el 28 DE JUNIO 2019

Al pensar en qué es indispensable para el desarrollo saludable de un niño, seguramente nos vendrán a la mente expresiones como “una buena alimentación”, “afecto”, “estimulación”, “un entorno seguro y contenedor”. Sin embargo,es posible que no reparemos en un aspecto tan básico que atraviesa y subyace a muchos de estos factores: el lenguaje.

Desde el trabajo de Hart y Risley en la década del 90, numerosas investigaciones han señalado la relación entre el lenguaje al que están expuestos los niños y su desarrollo lingüístico y cognitivo. Muchas de las diferencias observadas en las trayectorias del desarrollo de niños pertenecientes a diferentes sectores socioeconómicos pueden ser explicadas por variaciones en la cantidad y el tipo de estimulación lingüística que llegan a recibir.

Los primeros estudios se enfocaron en la cantidad de palabras. Los resultados fueron sorprendentes: había una diferencia de unos 30 millones de palabras escuchadas en el hogar, en un lapso de 4 años, entre niños de hogares con ingresos más elevados y más bajos. Asimismo, pudieron comprobar que la cantidad y diversidad de palabras escuchadas predecía el crecimiento del vocabulario y el desarrollo del lenguaje de los niños en los años siguientes.

Investigaciones posteriores señalaron que las conversaciones espontáneas, la lectura compartida y las interacciones sociales significativas eran predictores aún más críticos de la habilidad lingüística de los niños que el volumen de palabras escuchadas, y que su influencia era independiente del nivel de ingresos de las familias. Incluso el tono exagerado y chistoso con el que las madres hablan a sus bebés (apodado por los investigadores “madrenés”) facilita enormemente la adquisición del lenguaje.

Actualmente, los especialistas identifican dos factores esenciales que explican la relación entre nivel socioeconómico y neurodesarrollo: el lenguaje en el hogar y los hábitos familiares de lectura, que inciden en el desarrollo lingüístico y los circuitos cerebrales del lenguaje en el hemisferio izquierdo, y la exposición a estresores ambientales y sociales, que inciden sobre los circuitos de control cognitivo y emocional (incluyendo la corteza prefrontal y estructuras límbicas).

Si bien suena intuitivo que la palabra de los padres tenga efectos en el lenguaje de sus hijos, los cambios observados directamente en el cerebro son aún más impresionantes. Estudios de neuroimagen han señalado diferencias en el volumen de sustancia gris (los cuerpos de las neuronas y sus dendritas) de niños provenientes de familias con diferentes niveles de ingresos, en las cortezas cerebrales frontal y temporal del hemisferio izquierdo (que forman parte de la red neuronal que procesa el lenguaje). Estos efectos parecen incrementarse con el paso del tiempo. Otros estudios mostraron que la complejidad y diversidad del lenguaje materno en las conversaciones con los niños podría ser una de sus principales causas, más allá de la educación y el poder adquisitivo de los padres.     

      

La dieta lingüística
La adquisición de la lectura es un capítulo aparte. Aprender a leer no solo mejora el procesamiento visual y el cerebral del lenguaje oral, sino que también reorganiza los circuitos neuronales visuales y produce efectos de plasticidad a gran escala en las neuronas del hemisferio izquierdo y sus conexiones. Estos efectos pueden incluso observarse en personas que aprenden a leer siendo adultos.

Por otro lado, se ha observado que aquellos adultos con mayor frecuencia de lectura no solo exhiben un mejor rendimiento en fluidez y comprensión lectoras, sino que también tienen un mayor grosor en cortezas cerebrales vinculadas con el lenguaje.

El lenguaje, entonces, es un nutriente indispensable para un desarrollo pleno de las personas. Por esta razón, nuestro Grupo de Lingüística y Neurobiología Experimental del Lenguaje (LiNEL) investiga las diferencias en las producciones narrativas de niños preescolares y escolares, y su relación con factores cognitivos y socioambientales.

También nos interesa conocer cómo es el procesamiento cerebral del lenguaje escrito en niños que aprendieron a leer, cómo se relaciona con su capacidad para comprender textos, y cómo estas relaciones son moduladas por los hábitos de lectura en el hogar y el lenguaje de los padres. Nuestro objetivo es avanzar en el conocimiento sobre la influencia del ambiente y el hogar en las trayectorias del desarrollo lingüístico para poder diseñar mejores intervenciones que permitan acompañar a los niños, y mitigar así las consecuencias de las desigualdades sociales.