La autocrítica de la ingeniería

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03 de octubre de 2016, 12:00. Por: Sabrina Cereda, becaria de Prensa de la Facultad de Ingeniería.


La disciplina se replantea su actividad para prevenir, mitigar y evitar el daño ambiental.


La autocrítica de la ingeniería


La intervención humana en la naturaleza –a través de la extracción de recursos–, el desarrollo tecnológico y el  aumento del consumo han generado impactos en el planeta que afectan de forma negativa los ecosistemas, además del bienestar de la humanidad y la integridad de la vida misma. Manuel Rodríguez Becerra, ingeniero, exdirector del Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente de Colombia (Inderena) y fundador de la revista Razón Pública, asegura en su artículo “Dossier, Ingeniería y Medio Ambiente” que la disciplina ha contribuido a generar muchos de esos cambios, entre los cuales se encuentran aquellos de gran beneficio para la población y aquellos que se consideran insostenibles desde la perspectiva ambiental y social.

Así es como Rodríguez Becerra plantea, como caso ejemplificador, la creación de los medios de transporte a partir del surgimiento de los motores de combustión y de la termoeléctrica que, “basados en la combustión del petróleo y el carbón”, implicaron impactos positivos para la sociedad. El problema surgió cuando “después de utilizar estos combustibles en forma intensa durante cerca de doscientos años, se identificó que sus emisiones son los mayores causantes del calentamiento global, así como de diversas contaminaciones del aire que respiramos, produciendo graves consecuencias para la salud humana”.

Es a partir de experiencias como esta que la ingeniería se ha replanteado su actividad con el fin de establecer medidas de prevención y mitigación del daño ambiental, además de evitarlo.
 

Las preocupaciones

En la década de 1960, las sociedades comienzan a preocuparse por la contaminación del ambiente en todas sus formas, debido a que empezaban a percibir las consecuencias de lo que Susana Llamas, ingeniera y directora del Instituto de Medio Ambiente (IMA) de la Facultad de Ingeniería de la UNCUYO, denomina “la efervescencia del consumo en la sociedad del descarte, del use y tire” en el contexto de un desarrollo productivo que no estaba enfocado en satisfacer necesidades sino en generarlas. “Una de las cosas que contribuyó a la percepción del problema por parte de la sociedad fue mirar las consecuencias de los actos humanos sobre el ambiente a través del surgimiento de la televisión a color”, argumenta Llamas, y explica que “ver en blanco y negro un curso de agua escurriéndose no te decía nada, pero no es lo mismo ver ese curso de agua a color y en escala de grises. Lo mismo pasa al percibir en los afluentes los negros o rojos en el agua vertidos por alguna industria”.

La concepción de los primeros movimientos ambientalistas fue que, frente a la presencia de la contaminación, el planeta se ocuparía de autodepurarse. Entonces había que dejar que se diluyeran las nubes tóxicas o que se filtraran los efluentes, ya que la Tierra se encargaría de ello, comenta la profesional.
 

La ingeniería y el medio ambiente hoy

A fines del siglo XX llegamos a lo que se conoce como ecodesarrollo, el cual implica repensar las cosas para que sirvan durante el tiempo para el que fueron diseñadas, pero que también, luego de su uso, puedan recuperarse los materiales.

Llamas afirma que la ingeniería participa en revisar componentes. “¿Qué hago? ¿Qué aprovecho de esto cuando se rompa y lo dejé de usar? Por ejemplo, una taza. ¿La transformo en un vaso descartable o la lavo y la vuelvo a utilizar? Voy tomando ese tipo de decisiones. Si decido lavarla, hay maneras de hacerlo economizando el uso de agua, el tipo de detergente. Cuando hay cloacas, todo va por la misma línea a un sitio y ese sitio tiene que ser diseñado en favor de lo que entra”, dice la especialista.

La disciplina de hoy, desde sus múltiples ramas busca, según Manuel Rodríguez Becerra, contribuir a enfrentar los diversos problemas ambientales, entre los cuales se mencionan el calentamiento global, la contaminación del aire, el declive de la capa de ozono, el deterioro de los recursos de agua dulce, el deterioro del ambiente marino, el declive de la biodiversidad, el empobrecimiento y la pérdida de suelos y los contaminantes orgánicos persistentes.

Asimismo, el experto agrega que la ingeniería más avanzada busca producir tecnologías, no solamente para prever y mitigar los impactos ambientales, sino también para ofrecer orientación al gobierno, al sector privado y al tercer sector sobre las diferentes alternativas que permitirían crear un futuro más sostenible desde la perspectiva ambiental.