Latidos negros en el corazón de Mendoza

Silenciados por la historia oficial, los miles de africanos que fueron esclavizados en el pasado mendocino dejaron su huella sobre la cultura y la genética local. La identidad provincial ya no puede concebirse sin la riqueza de los aportes de la “negritud”, que hoy se renuevan ante la llegada de nuevas generaciones provenientes de África.

Latidos negros en el corazón de Mendoza

Foto: Axel Lloret

Cultura

Unidiversidad

Penélope Moro

Publicado el 03 DE SEPTIEMBRE DE 2012

Llegados en diferentes épocas y por distintos motivos, los africanos han vertido aportes únicos en la cultura mendocina. Aunque las huellas de los esclavos traídos de África durante el periodo colonial hayan sido prescindidas en los relatos oficiales, la sangre que recorre la genética local no permite ocultarlas. Mucho menos las costumbres y las formas de mirar y sentir la vida de gran parte de los nacidos en esta provincia desde esa época hasta esta parte.

Así lo confirma una investigación publicada en 2010 que realizó el director del Laboratorio de ADN de la UNCuyo, Miguel Marino, en la que comprueba que en la actualidad el 10 por ciento de la población local presenta ascendencia africana. Si bien la mayor parte proviene de ancestros españoles o aborígenes lo novedoso del informe radica en la existencia de este tercer elemento genético en la composición poblacional de Mendoza: la sangre africana. 

En concreto, la investigación del genetista establece que “no más del 50 por ciento de los mendocinos tiene ascendencia europea, mientras que la otra mitad se reparte en un cuarenta por ciento para los huarpes y un 10 por ciento para los africanos”.

Los datos arrojados contrastan con el sentido común que se ha impuesto históricamente de que los ancestros argentinos provienen en su mayoría del viejo continente.  Y más aún, en el caso particular de Mendoza, pues el estudio demuestra que a nivel nacional “entre el 2 y el 5 por ciento de los argentinos tiene algún ancestro africano”, constituyéndose  ésta en una de las provincias que supera esa media debido a que fue una de las que más habitantes negros presentó en el periodo comprendido entre el siglo XVI y principios del XIX.

Si bien la tierra mendocina contaba para esa época con miles de habitantes negros, tanto en la educación formal como en las versiones más populares de la historia local, su existencia ha sido silenciada. “Durante siglos se ha procurado que predomine hasta en nuestra propio relato la versión eurocentrista de la historia, esto ha hecho que el largo paso de los negros por Cuyo y los aportes africanos que aun perduran en nuestra sociedad sean desconocidos por los mismos mendocinos”, explica el historiador y poeta Oscar Miremont.

Miremont, autor de Negradas. La historia de los negros en Cuyo, cuenta que eran las familias españolas que paulatinamente se radicaban en la provincia durante la época de la Colonia,  las  que compraban personas traídas del continente transoceánico. Los objetivos de tal adquisición eran siempre los mismos: la esclavitud.

En los últimos años han surgido diferentes investigaciones que buscan dar cuenta de la historia de los esclavos negros en Mendoza, entre ellas se destaca la que realizó el propio Miremont por el carácter reivindicatorio que hace de la cultura africana en general y del aporte de los negros a la sociedad cuyana. 

El autor plasmó los resultados de dos años de estudio sobre la temática en poesías que hoy  integran ese libro. Allí cuenta lo que poco se ha dicho sobre las raíces africanas de los mendocinos: “Fueron herreros, carpinteros, hojalateros, zapateros, albañiles, sastres, panaderos, chocolateros, sombrereros, ejercieron como dentistas, sangradores, expertos en ventosas, vendieron para sus dueños frutas,  aceitunas, empanadas, escobas, velas, plumeros; las mujeres fueron lavanderas, cocineras, amas de crías, sirvientas, planchadoras, cuando no las hicieron prostituir”.

Negradas funciona también como una denuncia a las clases altas de la sociedad de aquellos tiempos por la opresión, la sujeción y el sometimiento que ejercían de manera permanente sobre  los negros, y que continuaron reproduciendo sobre sus descendientes. También sobre la intelectualidad nacional que al momento de contar la historia omitió referirse tanto a las sistemáticas prácticas esclavistas como a las antecedentes negros de los argentinos.

“Desde siempre los pensadores de la argentinidad no tuvieron en cuenta al africano como parte de nuestras raíces. En general se creyó que los argentinos descendíamos de barcos  blancos, europeos, sin darnos cuenta que de esos mismos barcos bajaron también aquellos hermanos nuestros que trajeron su memoria, su dolor, su música y su fuerza de trabajo”, escribe el historiador.

Lo comprobado por el genetista Marino y lo documentado de manera poética por  Miremont, demuestra que no han sido suficientes los esfuerzos por ocultar las contribuciones de la negritud a nuestra cultura y como parte de nuestra historia y de nuestra genética.

“Es que no se podrán borrar nunca las huellas de los negros sobre nosotros”, considera Miremont al explicar que el lenguaje y determinadas costumbres africanas penetraron tanto en la sociedad colonial de la provincia al punto de que no dejaron de reproducirse y que en la actualidad los mendocinos las tienen internalizadas como propias.

Los negros comenzaron a desparecer del paisaje local a principios del siglo XIX. En general se supone que fue a causa de que fueron ocupados como carne de cañón en las batallas independentistas. Pero desde su llegada, la sangre negra fue mezclándose con la originaria y la española conformando una parte inherente de la identidad mendocina que ha perdurado en el tiempo hasta la actualidad.

A su vez, los movimientos migratorios originados en el presente por factores de desigualdad económica y social provocan que cada día miles de habitantes africanos huyan de sus países buscando mejores condiciones de vida.

Esta vez, del otro lado del océano, Mendoza constituye “una posibilidad”. Las nuevas generaciones africanas que  hacen pie nuevamente en estas tierras garantizan la renovación de esa sangre negra que enraíza a los mendocinos, que nunca dejó de circular en la sociedad local y que luego de siglos de negación comienza a reconocerse y valorarse por la vigencia de esos latidos imposibles de parar. 

inmigrantes, áfrica, negros, discriminación, negradas,