Último adios al "Trinche" Carlovich, una gloria del fútbol que le dio la espalda al éxito

El exfutbolista rosarino, que fue atacado a golpes el miércoles pasado mientras andaba en bicicleta, falleció este viernes. Compartimos dos textos que pintan su personalidad, uno de la agencia Télam, y otro del periodista mendocino Gonzalo Ruiz.

Último adios al "Trinche" Carlovich, una gloria del fútbol que le dio la espalda al éxito

El ex futbolista "Trinche" Carlovich falleció este viernes en Santa Fe. Foto: Twitter.

Deportes Unidiversidad Fútbol / por Unidiversidad / Publicado el 08 DE MAYO 2020

El texto de Télam

Esta noche juega el Trinche. El santo y seña de la cofradía futbolera de Rosario y sus alrededores corría por clubes de barrio y boliches de truco y vermú. Y esa noche, el fútbol como juego-arte en cualquier cancha que se juegue y la liturgia del hincha que disfruta ese juego se unían en comunión.

Muchos años después, cuando ya no jugaba pero en el imaginario seguía tirando caños, le preguntaron a Tomás Felipe Carlovich por qué no llegó a ser un Maradona, Y respondió con la calma de siempre: "¿Qué es llegar? La verdad es que yo no tuve otra ambición más que la de jugar al fútbol".

"Y sobre todo, no alejarme mucho de mi barrio, de la casa de mis viejos, de estar con el Vasco Artola, uno de mis mejores amigos, que me llevó de chico a jugar a Sporting de Bigand". Eso y no otra cosa era el "éxito" para el "Trinche".

El "Trinche" Carlovich fue atacado a golpes el pasado miércoles para robarle la bicicleta. Falleció esta mañana en Santa Fe. Foto: Twitter.

"Soy una persona solitaria. Cuando jugaba en Central Córdoba, si podía, prefería cambiarme solo, en la utilería, en lugar del vestuario. Me gusta estar tranquilo, no es por mala voluntad, pero soy así". Imposible no leer en esas respuestas que hay personas para quienes la cima tiene otro formato, y no es la cúspide de una montaña, sino el llano de los patios de clubes de barrio con asado en la parrilla y amigos que van llegando.

¿Habrá mayor éxito para un jugador de fútbol que vacas sagradas del templo de la pelota, como Maradona, Menotti, Valdano, Pekerman, Mascherano y varios más, digan que el "Trinche" fue un crack? Seguramente, en los parámetros de los podios y vueltas olímpicas, Carlovich queda afuera.

Porque en Primera División jugó solo tres partidos oficiales y un amistoso: dos con la camiseta de Rosario Central en 1969 (ante Peñarol en Montevideo; y de visitante contra Los Andes) y dos en Colón de Santa Fe en 1977: contra Huracán de visitante, 7 minutos y se desgarró; y contra Vélez, en cancha de Ferro, 33 minutos y salió por una molestia en un aductor.

Entonces, ausente su presencia en el fútbol grande, ¿dónde, cómo y por qué se mantuvo su leyenda?

Un autor argentino, Jorge Eines, escribió y dirigió una obra de teatro que subió a varios escenarios, en España primero y en estas pampas después. "El Trinche", o el mejor futbolista "del mundo de la lista Forbes de los pobres", la definió el escritor.

En la figura de un periodista que entrevista al jugador, queda claro que el crack rosarino "decidió jugar para el disfrute de algunos, no para el mercado", al decir de Eines.

Sin imágenes fílmicas que atestigüen lo visto en canchas con tribunas de madera en esas tardes del ascenso, con cucuruchos de papel de diario desbordantes de maní tostado in situ. Era 1974 y el "Trinche" llevaba a su equipo, Central Córdoba de Rosario, a pelear el campeonato de la B, tras ganar "por afano" el único título oficial de su carrera, el de la Primera C en 1973.

"En donde los triunfadores son siempre los que hacen más goles, pegan más golpes o ganan concursos de belleza, ha sido un triunfo contundente de la poesía que el mundo no hablara de otra cosa durante todo un día que de un hombre que en vida no hizo otra cosa que cantarle a la paz y al amor entre seres humanos", dijo Gabriel García Márquez cuando asesinaron a John Lennon en Nueva York, el 8 de diciembre de 1980.

Este es otro triunfo parecido: en el planeta fútbol, en donde la vara alta es siempre la del dinero y cuanto más gana un jugador más célebre es, hoy los futboleros de raza hablamos del "Trinche" Carlovich.

 

El texto de Gonzalo Ruiz, periodista mendocino

Hace ocho años fui a Rosario solo para conocer a Carlovich. Me había fanatizado con el mito que lo rodeaba. Un tipo que era crack, de los mejores del país, pero que no llegó porque no quiso. “¿A dónde tenía que llegar? ¿Qué no quiso?”, me preguntaba. Era un futbolista sin videos en youtube, un misterio en sepia, un perro verde.

Cuando llegué a su ciudad lo llamé al celular. Lo tenía fuera de servicio. Lo ubiqué en la guía. Probé al fijo, atendió y me dijo: “Sí, yo soy Carlovich”. “Si sos de la Lepra, venite a mi casa” fue su frase que me hizo muy feliz.

Hablamos durante cuatro horas en una mañana de otoño como la de hoy. Me contó que el celular se le había caído al inodoro –“parece que tenía ganas de nadar”, tiró–, y me habló de su nieta más chica. Le decía Hauche porque era un demonio. Me dijo que siempre se arrepintió de haberse ido de Mendoza y me preguntó cómo andaba su amigo el Víctor.

El único momento incómodo fue cuando me dijo "no sabés lo que daría por volver a jugar un rato a la pelota". Le brillaron los ojos, no supe qué decirle. Ahí entendí que nunca quiso ser futbolista y que nunca le interesó llegar a ningún lado.

Antes de irme le agradecí por la charla y le pedí una foto. En casi veinte años de periodismo solo una vez me saqué una foto con un deportista.

Me fui con la sensación de que el mito era infinitamente más grande que ese tipo cansado, nostálgico, parco, que en todas sus respuestas le bajaba el precio a su leyenda.

Entendí que a los ídolos, a los mitos, a las leyendas, hay que dejarlos en paz. Demasiado ya tienen con nuestras expectativas y con su pasado.

Hoy me enteré que el Trinche murió asesinado. Unos tipos lo cagaron a palos para robarle su bicicleta. No sé qué hacer con tanta impotencia y tanta bronca. Será por eso que me descargo con estas líneas. Una de las mejores historias de la literatura futbolera argentina no merecía terminar así.

“Bueno, no es para tanto”, hubiera respondido Carlovich.

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