Capozzo y Guerrero: memoria de una doble gran hazaña

En el agua improbable de Helsinki, sede de los Juegos Olímpicos 1952, ganar la presea de oro en la especialidad doble par de remos sin timonel, no fue sencillo. Aquí el relato.

Capozzo y Guerrero: memoria de una doble gran hazaña

Capozzo y Guerrero tuvieron dificultades pero se colgaron la medalla dorada en Helsinki 52. Foto: gentileza.

Deportes Radio U El Suplementario / Efemérides deportivas / por Carolina Quiroga para Radio U / Publicado el 23 DE JULIO 2020

Tranquilo Capozzo llegó al país a los 18 años desde Italia, en 1936. Nació en Estados Unidos, y se nacionalizó argentino. Inicialmente se dedicó al ciclismo y comenzó a practicar remo en 1945, en el club Canottieri Italiani, de Tigre. Participó en los Juegos Olímpicos de Londres 1948 y llegó a semifinales. Según allegados, era un hombre serio, metódico y de perfil bajo; pero muy cumplidor: vivía para sus obligaciones. Guerrero, en cambio, era la antítesis. Oriundo de Salto, provincia de Buenos Aires, era diez años menor que su nuevo compañero de equipo. Su apodo, “Burro”, lo decía todo: era torpe, pero con una  gran fuerza. Siempre anduvo por la zona norte, navegando el Río de La Plata, o a los riachos del Delta. Si bien triunfó como remero, nunca dejó de practicar su otro gran amor: el rugby. Fue jugador, entrenador y conductor de una gira histórica de Deportiva Francesa por Europa.

El club Cannotieri Italiani, de Tigre, fue el punto de encuentro de estas vidas opuestas, unidas sólo en el oficio y  vocación de remar. Los dirigentes fueron responsables de convencer a Capozzo y la nueva dupla comenzó rápidamente a entrenarse. Antes de viajar a Helsinki, corrieron tan solo seis carreras juntos, que les alcanzaron para ganar dos selectivos nacionales y el Sudamericano de Chile, donde obtuvieron el pasaje a los Juegos. El Burro aportaba la potencia; el Tano, el talento. Capozzo tenía 34 años y era remero del Club Cannotieri; Guerrero representaba al Regatas La Marina.

Para aquel entonces, Capozzo ya había decidido dejar de remar, pero una frase fue suficiente para  cambiar su opinión. ‘Él va a ser la fuerza y vos el conductor’, le dijeron. Fue así como comenzó la unión de dos opuestos bajo un mismo objetivo. “Yo era muy reservado y a Guerrero lo veía como un loco lindo”, recordó Capozzo alguna vez.

"Para mí fue un orgullo que me llamaran del club Canottieri Italiano para remar con el Tano, porque él ya era un tipo reconocido en el ambiente del remo. Yo me había hecho fama de loquito, pero porque me defendía de las injusticias. Venía del Club de la Marina y suspendido, porque no me dejaban definir con un remero que se llamaba Alfieri quién era mejor de los dos para representar al club. Y lo quise hacer y salí al agua a la una de la madrugada, y se armó un lío”, contó Guerrero en una entrevista.

Más de 30 horas de viaje y 13.127 kilómetros separaban a los argentinos de la capital olímpica en Finlandia. Y el duro viaje trajo sus consecuencias. En el avión, Tranquilo y Eduardo sufrieron derrames en sus piernas.  Para colmo de eso, y más preocupante aun, el bote, que pesaba 36 kilos,  más que el de los otros equipos, llegó a Helsinski seriamente dañado: se cayó al piso y sufrió una rajadura. Las ilusiones se volvían oscuras para la dupla. Además, en la primera regata preparatoria por el fiordo de Meilahti, la embarcación argentina sufrió una rajadura mayor y el equipo no contaba con carpinteros que pudieran resolver el problema así es que a pocos días del debut, Capozzo y Guerrero quedaron a la deriva, sin saber qué hacer y con su participación olímpica en peligro."No sabíamos cómo actuar. Vagamos de un lado a otro, hasta que un carpintero de la delegación soviética se compadeció de nosotros y lo arregló", recordó en una entrevista con La Nación el Tano.

El triunfo en la semifinal de la prueba doble par sin timonel, con un bote más pesado que el resto y emparchado, consagró la primera hazaña del equipo albiceleste en los Juegos. A pesar de sus diferencias, comenzó a forjarse una linda amistad.

El 23 de julio de 1952 quedó grabado para siempre en la memoria de aquella pareja y en la historia del deporte argentino. Ihor Yemchuk y Heorhiy Zhylin, integrantes del equipo soviético, dominaron la carrera los primeros 1000 metros (la mitad de la carrera), cuando la dupla argentina tomó la punta y no la dejó escapar. Con 25 metros de distancia sobre los segundos, Capozzo y Guerrero ganaron la regata y sumaron el último oro para nuestro país en 52 años, hasta que la Generación Dorada y el seleccionado de Bielsa se coronaron en Atenas 2004.

Después de esa carrera nunca más volvieron a remar juntos, pero jamás rompieron su amistad, Capozzo se fue a vivir Córdoba y pasó a la eternidad el 14 de mayo de 2003, a los 85 años. Su último deseo fue que sus cenizas fueran arrojadas al Río Luján, en El Tigre, donde solía remar. En ese lugar hoy se encuentra la estatua del remero. Por su lado, Guerrero, falleció en el 2015 a los 87 años y entre sus otras hazañas se destaca su raid de más de 1.500 kilómetros a remo, por el río Paraná, desde Puerto Iguazú hasta Buenos Aires (Olivos), entre octubre de 2002 y enero de 2003 (a la edad de 75 años), en conmemoración de la medalla de oro de Helsinki. Alguna vez recordó  entre notas aquella gran hazaña: "Ese día fue muy gracioso, los rusos nos vieron desvalidos con nuestro bote y al final ellos terminaron segundos, detrás de nosotros. El carpintero soviético reparó nuestro bote de manera increíble, a él también le debemos aquella medalla dorada. Cruzamos la raya a 28 remadas y recuerdo con gran orgullo una nota de una revista inglesa: El bote argentino fue el mejor de los Juegos, hizo una brillante exhibición. Esto quiere decir que a pesar de las dificultades fuimos buenos ganadores". Sin dudas.

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