COVID-19, desafiando los roles en las familias

Por la Dra. Gabriela Marzonetto, de la FCPyS - UNCUYO - CONICET.

COVID-19, desafiando los roles en las familias

Sociedad Otras Miradas por Gabriela Marzonetto / Publicado el 29 DE JUNIO 2020

En Marzo de 2020 se alteró nuestra vida cotidiana y la forma de percibir el mundo. El 12 de ese mes la OMS declaró como pandemia al brote de COVID-19, y como resultado en Argentina el 20 de marzo se decretó el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO). Por mencionar sólo algunos ejemplos en los que la pandemia nos modificó las dinámicas cotidianas, encontramos que millones de personas en el mundo han perdido sus puestos de trabajo, otros tantos han visto reducidos sus salarios, y por lo tanto los ingresos de millones de hogares, llevándolos hacia situaciones de mayor vulnerabilidad social. Por su parte, se aceleró el uso de tecnologías de información, mostrando su potencialidad y riqueza para la continuación de procesos productivos, económicos y de servicios de manera remota (entre los que se destaca la educación a distancia), develando también las marcadas desigualdades y brechas de acceso existentes.

De alguna manera, esta pandemia puso en evidencia todas aquellas inequidades, vulnerabilidades y fallas de nuestras sociedades, y lo peor de todo, las está potenciando. Una de estas tantas inequidades potenciadas ha sido la forma en que se organizan las responsabilidades domésticas y de cuidado al interior de los hogares. Sin dudas estas desigualdades se presentan con marcados matices entre sectores sociales. En todos los casos, la disputa por mantener las fuentes de ingresos, el cuidado de los adultos mayores (ya que ahora esa gran mayoría de personas de 70+ que eran autónomos se convirtieron de la noche a la mañana en dependientes de otras personas para actividades cotidianas como la provisión de alimentos y la realización de trámites) y el cuidado y escolarización de los más pequeños, pone en tensión los arreglos familiares previos a la irrupción del COVID-19 en nuestras vidas.

Algo particular que se ha observado en determinados sectores es el hecho de que los varones –sobre todo aquellos que no se encuentran entre los trabajadores esenciales o excluidos de ASPO-, histórica y socialmente designados como los proveedores económicos de los hogares, están pasando mayor cantidad de tiempo en sus hogares. Por ese motivo, ellos perciben que están “haciendo un poco más” en las casas, a la vez que están intentando cumplir con el teletrabajo. De este modo, en un plano ideal podríamos pensar que a pesar de todo, el coronavirus vino a poner en evidencia el valor y también la carga de tiempo y el esfuerzo que requieren las tareas no remuneradas que realizan mayoritoriamente las mujeres en los hogares cotidianamente. Es decir, quizás la pandemia nos estaría abriendo una ventana de oportunidad para lograr la corresponsabilidad de los cuidados y la democratización del trabajo doméstico hogareño, pero ¿esto verdaderamente es así?

UNICEF Argentina junto con el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación en abril del corriente año realizó una encuesta sobre percepción y actitudes de la población en relación a la situación de pandemia. Esta encuesta mostró que el 51% de las mujeres encuestadas declaró sentirse más sobrecargadas por las tareas domésticas y de cuidado que habitualmente. Mientras que las actividades de los varones, más allá de encontrarse confinados en sus hogares, mantienen su participación en las tareas domésticas similar a las épocas previas a la pandemia. Inclusive, ha disminuido el tiempo dedicado al juego y a la ayuda con las tareas escolares de sus hijos e hijas –cuestiones que se han visto incrementadas para las mujeres-, pero llamativamente han aumentado su participación en la compra de alimentos y mercaderías, aunque no así en los procesos de higienización y limpieza de los mismos, que debido a la situación sanitaria que vivimos se ha vuelto una tarea mucho más ardua, engorrosa y necesaria.

En Estados Unidos indagando sobre este aspecto, se realizó una encuesta a familias de doble ingreso (es decir donde tanto la madre como el padre trabajan), con niños y niñas pequeñas, y mientras los padres planteaban que compartían la mitad de las tareas domésticas, las madres de los mismos hogares sostenían que ellas se encontraban realizando más actividades del hogar que ellos. Lo que refleja, por un lado la importancia de tener en cuenta la autopercepción sobre el uso del tiempo de cada uno/a, y por otro lado, pero estrechamente imbricado a lo primero, la vigencia de imaginarios donde las mujeres siguen vinculadas principalmente a las tareas de cuidado mientras que a los varones se los vincula principalmente en el rol de proveedores y en todo caso a un rol auxiliar en lo que respecta al cuidado.

Frente a esto, es lógico que incurrir en “nuevas” actividades del hogar, que excedan a su función en el mercado laboral, haga que los varones consideren que están compartiendo las tareas domésticas. Pero el problema radica en qué proporción estamos compartiendo estas responsabilidades ¿lo estamos haciendo equitativamente? o ¿por el hecho de realizar las compras y jugar un ratito con los pequeños creemos que la carga de todas esas actividades no remuneradas que hacen a la calidad de nuestras vidas se ha visto democratizada en los hogares? Suponemos que estas percepciones tan disímiles, pueden potenciar los conflictos y las negociaciones en los hogares.

Esta situación nos abre una ventana de oportunidad: ahora que los varones pasan largas horas en sus hogares, vivencian el sinfín de actividades imprescindibles que se realizan cotidianamente y están vislumbrando su valor, quizás sea tiempo de rediscutir la distribución de estas tareas de manera más equitativa. Así como las mujeres se “adaptaron” al mundo laboral con la doble y triple carga de trabajo que implicó (y sigue implicando), el aislamiento social a raíz de la pandemia, puede servir a los varones como un proceso de adaptación para navegar a dos aguas entre el mercado y el hogar, y por qué no, aportar un granito a reducir las inequidades de género.

coronarivirus | covid19 | opinion