"Dutsiland", un viaje a la antesala del amanecer

Mi Amigo Invencible presentó su último disco en el Teatro Independencia, en una atmósfera entre el sueño y la realidad. Las sensaciones que dejó, en esta nota.

"Dutsiland", un viaje a la antesala del amanecer

Foto: gentileza Pablo Donna

Espectáculos Radio U Casi casi viernes / Música / por Casi Casi Viernes / Publicado el 16 DE SEPTIEMBRE 2019

El último disco de Mi Amigo Invencible –banda insignia del llamado “manso indie” que irradió desde Mendoza– deriva de un largo proceso de inflexión creativa que llevó a replantear formas de trabajo, incorporar integrantes, sonoridades y establecer nuevos espacios. Con producción de Luke Temple y mezclado por John McEntire en Estados Unidos, Dutsiland nos lleva por nueve canciones que revisan la fibra sensible de lo cotidiano.

Este trabajo se lanzó en julio y ya fue presentado en ciudades como La Plata, Córdoba, Neuquén o Rosario. El turno de la provincia natal de la agrupación se hizo esperar para que la “sala mayor” mendocina pudiera albergar una puesta concentrada en el decir y el escuchar, sin descuidar momentos enérgicos y hasta con el ofrecimiento de algunas sorpresas.

Como si se tratase de un viaje que toma la ruta entre el final de la noche y el comienzo del nuevo día, el trayecto a Dutsiland comenzó con la canción que da nombre al disco y siguió con “Nadie en la casa”,  “Colmillos”, “Puentes rotos” y “Temblor”. Para preguntarnos por el destino emprendido, “Fósil” sonó con toda solidez y un solo de teclado a cargo de Pablo Di Nardo, el miembro más reciente de la banda integrada por Mariano Di Cesare, Mariano Castro, Nicolas Voloschín, Arturo Martin, Juan Pablo Quatrini y Leo Gudiño.

La velocidad crucero del recital se alcanzó con “El mismo sol”; con un breve homenaje a Invisible en el final; “Beverly G” y “Bip-bip No me hables”, aunque el sueño siguiese pesando y acunándonos en “Todo pasará”. Una parada obligada para estirar las piernas fue “Bahía do Point Olive”, para ver el tránsito que crece en el albor metropolitano, mientras chorreaba la luna de “Plateado sobre plateado”, de Charly García. Llegó el intervalo, que vació el escenario para sorprendernos virando la vista hacia los palcos, donde Mariano Di Césare comenzó a cantar “Nuestra noche”, guitarra criolla en mano. Desde la platea, lo acompañaron armoniosamente los hermanos Gabriel y Sasha Nazar (Gauchito Club) para sorprendernos y unirse en una versión que incluyó impro a puro fraseo. 

El recorrido creció en ritmo y luminosidad con “Desayuno continental”, “Días de campos minados”,  “Loco trópico”, “Batalla gigante” y “Edmundo Año Cero”. Los presentes dejaron la quietud del trance y lentamente fueron levantándose de las butacas, previendo el final del viaje con “Me cuidé tanto”, “Mansa curda”, “Máquina del tiempo” y un cierre con “Los Pájaros”.

Por dos horas, el trayecto a Dutsiland fue el de la calma y la introspección de la madrugada hasta el pleno sol del mediodía, que surcó con sus rayos para marcarnos con energía estival.

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