El hombre que pensó un país en medio del caos revolucionario

A 200 años de la muerte de Manuel Belgrano, dos historiadoras reflexionaron sobre su figura, que sigue inspirando a las nuevas generaciones. Libertad, igualdad y la centralidad de la educación en su pensamiento.

El hombre que pensó un país en medio del caos revolucionario

Ilustración: Ministerio de Cultura de la Nación.

Sociedad Especiales Especial Belgrano - 200 años / por Mariano Rivas / Publicado el 19 DE JUNIO 2020

No existía la patria. Existían las Provincias Unidas, que ya no eran parte del imperio colonial español. En ese contexto, mientras se defendían los territorios emancipados de los ejércitos realistas, tocaba imaginar cómo organizar y hacer crecer ese pueblo que se empezaba a pensar a sí mismo como distinto del europeo que había detentado la soberanía sobre esas tierras. Manuel Belgrano hizo todo eso. Como intelectual, supo leer las tendencias de la época y se comprometió con los ideales de libertad e igualdad que inspiraron las revoluciones burguesas en Europa y América del Norte. Como militar, fue el gran pilar que sostuvo la independencia de lo que hoy es el norte de nuestro país.

Cumpliéndose dos siglos de su fallecimiento, 2020 fue decretado como el Año del General Manuel Belgrano. ¿Por qué este abogado y diplomático, entre otras funciones que desempeñó, es recordado como uno de los padres de la Argentina? “Fue un hombre completo que encarna, hoy, el ideal del ser nacional. Es el ejemplo del ‘deber ser’ que estuvo presente en muchos de su época”, respondió la historiadora Agustina Duprat, que se desempeña como docente en la UNCUYO y en la Universidad de Congreso.

La historiadora Paola Figueroa señaló que la concepción de un “nosotros” frente a un “ellos” recorre todo el pensamiento y la acción de Belgrano: “Él crea la bandera para poder distinguirnos del otro porque empieza a haber un nosotros (…) Cuando él empieza a imaginar un símbolo que nos empiece a identificar, es porque reconoce que hay un nosotros y que hay un otro. Ese otro es el español”.

En los intelectuales que protagonizaron la Revolución de Mayo, en su pensamiento emancipatorio, se aprecia la evolución en las concepciones de autonomía, separación, revolución, hasta llegar a la independencia. “Belgrano era amigo de Mariano Moreno. Moreno había traducido al español El Contrato Social, de Rousseau. Si bien Belgrano estuvo estudiando en España, tuvo un contacto con la biblioteca de sus compañeros de formación muy actualizada”, ilustró Figueroa. 

La Corona española y la Ilustración católica y monárquica que trajo a sus colonias no pudieron evitar que los revolucionarios del Río de la Plata tomaran contacto con lecturas prohibidas, aquellas que expresaban ideas que estaban detrás de la Revolución Francesa y de aquella protagonizada por las colonias inglesas del norte del continente.

“Los ocho años que Manuel Belgrano estuvo viviendo en Europa significaron mucho en la formación de su pensamiento. Se acercó a la fisiocracia y al liberalismo, ideas que, en su mayoría, se verán plasmadas a partir de su desempeño como secretario del Consulado, cargo que le otorgó Carlos IV y que asumió ni bien arribara al Virreinato”, narró Duprat.

 

Belgrano y San Martín, dos caras de la Independencia

La historiadora añadió que Belgrano tuvo otra faceta, la militar: “La libertad era cumplir con el deber, por eso no dudó cuando se le encomendó una misión militar sin tener suficientes conocimientos para hacerlo. Guio a un pueblo en la derrota, como en Jujuy, y mantuvo la moral de un ejército abatido, porque ese era su deber”.

Figueroa coincidió y subrayó el rol de Belgrano en la defensa del Norte: "El proyecto de independencia se sostiene con la entidad política y militar que le da San Martín, creando el Ejército Libertador, y con un Belgrano sosteniendo el norte independiente de la dominación española sin tener oficio de militar (...) San Martín hace su proceso desde Mendoza y se va a Chile y Perú, pero Belgrano sostuvo lo que es el norte argentino hoy. Y esa es la otra pata sobre la cual se asienta en la práctica política y militar la independencia de España".

La historiadora sostuvo que Manuel Belgrano tenía, "como San Martín y Bolívar", visión de futuro. "Son tipos con sueños, proyectos y la capacidad de reflexionar qué instrumento nos lleva a realizar esos proyectos —explicó—. Belgrano está pensando en el desarrollo económico y autonómico de la Argentina, en que hay que incorporar a las mujeres y educarlas para que sean parte del proceso. En que la fuerza del comercio que nos ligaba al puerto de Buenos Aires hay que potenciarla y multiplicarla. Es un tipo que está entendiendo por dónde va la cosa".

 

La educación y el acento en las mujeres

Belgrano desarrolló su pensamiento en sus escritos económicos, en los que no solo se explayó en los asuntos referidos a esa ciencia, sino también sobre temas educativos. Duprat señaló que es ahí donde el abogado y economista puso mucho énfasis. Para él, la posibilidad de progreso estaba directamente atada a la educación. Belgrano sostenía que debía ser obligatoria y garantizada por el Estado. 

"Incluso, adelantándose a su tiempo, consideraba que era fundamental educar a la mujer, creadora de hábitos y formadora de almas, por lo que se debían crear más establecimientos gratuitos para tal fin en todo el virreinato", agregó Duprat. 

En ese sentido, Belgrano escribió lo siguiente, donde se deja ver su fuerte catolicismo, pero también el lugar central que les otorga a las mujeres en su proyecto educativo: "La mujer tiene el mismo uso de razón que el hombre: solo el descuido que padece en su enseñanza la diferencia sin culpa suya. Mas, por desgracia, el sexo que principalmente debe estar dedicado a sembrar las primeras semillas lo tenemos condenado al imperio de las bagatelas y de la ignorancia (...). El sexo femenino, sexo en este país desgraciado, expuesto a la miseria y desnudez, a los horrores del hambre y estragos de las enfermedades que de ellas se originan, expuesto a la prostitución, de donde resultan tantos males a la sociedad, tanto por servir de impedimento al matrimonio, como por los funestos efectos con que castiga la naturaleza este vicio, expuesta a tener que andar mendigando de puerta en puerta un pedazo de pan para su sustento”. 

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