El territorio como expresión espacial de la política

Las urbanizaciones cerradas constituyen un fenómeno sociológico y político, entre otros aspectos, que fue abordado por el politólogo Alberto Molina.

El territorio como expresión espacial de la política

La presencia de las urbanizaciones cerradas refuerzan y asientan los valores del modelo neoliberal. Foto: Victoria Gaitán.

Sociedad Edición U #25 - Vivir en una burbuja / por Milagros Martín Varela / Publicado el 03 DE DICIEMBRE 2017

Quizás la viralización del audio de Cinthia Solange Dhers, la cirujana conocida como la "cheta" del Nordelta (Buenos Aires), se refiere, suponemos, a un hecho aislado. Tal vez, cuando nos encontramos ante un barrio privado, no reflexionamos sobre por qué está esa construcción allí. Probablemente pensamos que el fenómeno de las urbanizaciones cerradas es, simplemente, un hecho sin causas ni efectos significativos en la ciudadanía.

Sin embargo, los barrios privados son objeto de análisis sociológico, antropológico, psicológico y político. Tal es el caso de Alberto Molina, politólogo, docente, investigador y director del Centro de Estudios y Desarrollo de Políticas Públicas INTEGRAR. Su tesis de grado de Ciencia Política y Administración Pública consistió en la indagación sobre el fenómeno de las urbanizaciones en la provincia de Mendoza, que luego se convirtió en un libro cuyo título dice mucho: Como una gran pecera.

Allí Molina pone sobre la mesa que la construcción de urbanizaciones cerradas no solo constituye un fenómeno urbano, histórico, geográfico y ambiental, sino que también es político. Es decir, tiene efectos en la ciudadanía. Estos efectos tienen que ver, en Latinoamérica en general y en Mendoza en particular, con la segregación social –avalada por un modelo políticoeconómico, el neoliberalismo– y con un proceso histórico: la globalización. Ambos factores dieron como resultado que el Estado fuera cediendo lugar al mercado.

Tanto el neoliberalismo como la globalización comenzaron a notarse en América Latina en la década del 90. “Los pobres eran cada vez más pobres y había menos ricos, pero con mayor poder adquisitivo”, grafica Molina. Fue entonces cuando se produjo una modificación en el modo de habitar el suelo: antes, la clase social alta se diferenciaba por vivir en las zonas urbanas, pero a partir de esta época comenzó a trasladarse a las periferias. El referente en el tema especificó cuatro causas puntuales de este proceso: la mayor amplitud de los terrenos, la moda de la vida al aire libre, el bajo costo del precio del suelo y las inversiones públicas en autopistas y en el traslado de servicios.

Por lo tanto, estamos ante un fenómeno que tiene, detrás, “toda una estructura de mercado, inmobiliaria, legal, un Estado que promueve, incentiva o permanece ajeno”, especificó el director de INTEGRAR, y agregó: “Esto es un fenómeno que oculta responsabilidades del Estado no asumidas. Queda en las espaldas del ciudadano hacerse cargo de su propia seguridad, una obligación que tiene el Estado por el hecho de que los ciudadanos pagan sus impuestos”, afirmó Molina. El Estado entró en crisis y eso, sumado a la desindustrialización y el incremento de la inseguridad en las ciudades, hizo que la brecha que separa a los sectores sociales más favorecidos de los que menos tienen fuese cada vez mayor. 

Este proceso había iniciado, en Argentina, en 1976, cuando la última dictadura militar desplazó al modelo político anterior, que se apoyaba en el Estado de bienestar, un Estado interventor, proteccionista y que fomentaba la industrialización sustitutiva de importaciones. Sin embargo, fue desde 1989, con la asunción de Carlos Menem, cuando el Estado redujo sus funciones a través de la privatización. Por todo esto es que Molina aseguró que se trata de un laissez-faire (en francés, “dejar hacer”): “'Yo dejo que esto se haga porque no puedo o no quiero hacerme cargo'. Estamos viendo una connivencia entre el Estado y el mercado”, señaló el especialista.

Alberto Molina es oriundo del departamento de La Paz y es politólogo, docente, investigador y director del Centro de Estudios y Desarrollo de Políticas Públicas INTEGRAR. Foto: Victoria Gaitán.

 

Más barrios privados, más desigualdad social

Según Molina, “no podemos decir que Mendoza no está ordenada” en cuanto a la ocupación de su territorio. No obstante, el investigador se pregunta si ese ordenamiento es justo y democrático. La respuesta parece ser, hasta el momento, negativa: así como la provincia es una de las que más barrios privados tiene, también es una de las que más asentamientos populares o villas tiene.

“Uno ve un barrio privado y ve una villa al lado. ¿Quién vino primero? ¿La villa se instaló al lado del barrio privado? Generalmente, es al revés. Lo que se instala es el barrio privado en donde el desarrollador compra un terreno muy barato y, como encierra esa porción de tierra, genera un modo de desarrollo que se puede ocupar. Entonces, compra a 2 y vende a 300 ese valor de la tierra”, ejemplificó Molina.

Es que el fenómeno de las urbanizaciones cerradas genera grados de distinción social que, a su vez, provocan violencia, al igual que, por ejemplo, la presencia de los shoppings o centros comerciales, porque están a simple vista de quienes no pueden acceder a esos lugares. “Hay chicos que ven eso que la cultura les impone –poseer tales zapatillas, tal celular o comer en tal lugar–, lo ven ahí y no pueden acceder. Eso genera violencia. La desigualdad social genera violencia”, expresó el docente.

 

Una psicología binaria

En su libro, Molina también acude a la psicología social para profundizar su investigación acerca de los barrios privados. El planteo es que al cambiar las formas de convivencia humana y la estructura de los grupos, también se reconfigura la psiquis del ser humano. El nuevo estilo de vida traídos por el neoliberalismo y la globalización implica, por lo tanto, la construcción de barreras físicas que establezcan una diferenciación clara entre un “adentro” y un “afuera”.

Así, con el contraste y la desigualdad social, se interioriza una psicología binaria que pone en cuestión la categoría del “otro”. Este se simboliza como el diferente, el que no es igual a uno y del que no se sabe qué patrón de comportamiento esperar. Genera incertidumbre e imprevisibilidad. En cambio, los iguales son los que pueden acceder a ese “adentro” cerrado y que, como generan identificación y empatía entre sí, se constituyen como “pacificadores”.

“El que vive en el barrio cerrado, el que lo habita, ¿cómo ve al otro?”, se pregunta Molina; y especifica tres categorías en este sentido: “El otro es el que presta servicios; el objeto de caridad, porque en muchas urbanizaciones se juntan comisiones que ayudan, acciones solidarias y benéficas; o el peligroso, el que obligó a esa persona que ahora habita el barrio privado a vivir allí”.

 

“Lo público es de todos”

El interés de Alberto Molina por la manifestación política que son las urbanizaciones privadas surgió cuando se involucró en el conflicto entre la UNCUYO y el Grupo Vila-Manzano por los terrenos ocupados por el Barrio Dalvian. De hecho, el politólogo fue –y es, hasta el día de hoy– una de las personas que ha militado la recuperación de esas tierras por parte de la Universidad.

“Es una situación paradojal lo de Dalvian, porque mientras en muchas universidades del mundo el capital privado ayuda y auspicia a las universidades, acá tenemos un actor empresario que le disputaba tierra a la Universidad Nacional de Cuyo”, observó el especialista. Agregó: “Espero que eso avance en función de la UNCUYO, porque significaría que avance en función de la sociedad mendocina”.

El litigio entre la UNCUYO y el Grupo Vila-Manzano inició en la década del 80, cuando el segundo demandó a la primera para que un terreno federal se pusiera a nombre de la asociación empresaria. El último hito significativo en este tema fue que la Justicia Federal restituyó a la Universidad 6 hectáreas, que se suman a otras 6 recuperadas anteriormente, en 2015.

En definitiva, el caso representa un claro ejemplo del avance de lo privado sobre lo público. Por eso, Molina, junto a funcionarios y estudiantes universitarios, inventaron el lema “Lo público es de todos” para defender esos terrenos ocupados que pertenecen a la UNCUYO.

 

Tipología de las urbanizaciones cerradas*

  1. Country club o club de campo: la “casa de fin de semana” típica de la década del 70.
  2. Barrios privados o cerrados: la oferta más difundida en la actualidad. Tienen más servicios y son más económicos que los clubes de campo.
  3. Ciudad pueblo o nuevas ciudades: megaemprendimientos que van de 100 a 1600 hectáreas. Ejemplo: Palmares Valley.
  4. Condominios: son varios departamentos pequeños y es la posibilidad más económica.
  5. Chacras: espacios pensados para personas ya retiradas de los compromisos laborales y que no necesitan la cercanía a la ciudad.

 

Características de las urbanizaciones cerradas*

  1. Relativa homogeneidad respecto a un afuera muy heterogéneo.
  2. Pluralidad de inmuebles con vocación de pertenecer a una multiplicidad de titulares.
  3. Inescindible relación entre los sectores privados y los comunes.
  4. Reglamento que regula la vida del conjunto.
  5. Administración o gobierno privado.
  6. Cobro de expensas comunes.

* Fuente: "Como una gran pecera: Urbanizaciones cerradas, ciudadanía y subjetivación política en el Gran Mendoza”, de Alberto Molina.

 

Datos de Mendoza 

  • Tiene el segundo puesto entre las provincias con más urbanizaciones cerradas en Argentina, luego del Gran Buenos Aires.
  • El 96 % de la población vive en el 4,8 % de su territorio.
  • Es la quinta provincia con más villas en el país.
  • Tiene el segundo polo de producción de alimentos de la Argentina.

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