Este sapo

28 de marzo, Las Lajas: El sapo que ilustra este artículo seguido de un comentario es el sapo que se hizo presente el último jueves de marzo en pleno acto ecuménico "¡Que digan dónde están!", en el ex centro clandestino campo Las Lajas. Una profunda fobia fue finalmente vencida en la entidad de ese animalito que arrancó suspiros y la más conmovedora sonrisa que hayamos podido conocer.

Este sapo

Bajo el quincho de Las Lajas

Sociedad Unidiversidad por Sebastián Moro / Publicado el 01 DE ABRIL 2013

Campo Las Lajas es un centro de detención de comprobado funcionamiento durante la última dictadura cívico-militar en Mendoza, ubicado en el piedemonte lasherino a pocos kilómetros al norte de la ciudad Capital, bajo dependencias de la Fuerza Aérea. Más de cien personas acompañaron el pasado 28 de marzo la histórica lucha de los organismos de Derechos Humanos, principalmente las investigaciones propiciadas a través del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH), para reiterar los reclamos de efectiva elevación a juicio de la causa por las confirmadas detenciones, en ese lugar, de al menos siete personas, cinco de las cuales permanecen desaparecidas; y un mayor apoyo del Estado en lo que respecta a las investigaciones y relevamientos que dan cuenta de la posibilidad de que en el predio, funcionarios agentes de la represión hayan enterrado los cuerpos de personas asesinadas, inclusive trasladadas para ese fin desde otros CCD del Ejército y la Policía.

Se estima que los probables sitios de enterramientos se encuentran en las periferias del predio, al que se accede desde la ciudad por angostos caminos de tierra y piedras, en el epicentro de una geografía cerril y desértica. Unas cuantas pintadas fachas en el ingreso al campo, con grafitería de puño posmoderno, indican que no solo son quienes buscan verdad los que frecuentan la zona. 

Existen, entre lomadas y cerros, otros caminos, conocidos por puesteros y por personal baqueano de la IV Brigada Aérea, que además de detentar el control operativo sobre Las Lajas, fue parte fundamental de la inteligencia “contrasubversiva” y punto de destino de cientos de prisioneras y prisioneros políticos, trasladados bajo tortura, vía aérea, a centros carcelarios de Buenos Aires.

Lajas fue un centro clandestino de detenciones, torturas, asesinatos y enterramientos enclavado entre cerros, bajo área de control aéreo para traslados masivos. Por lo tanto, punto estratégico para la sincronización y operatividad conjunta de las fuerzas represivas en Mendoza, San Luis y San Juan (la “subzona 33”) e incluso Córdoba, como se desprende del caso del desaparecido Osvaldo Zuin, contra los militantes perseguidos en cada rincón adonde fueran. Un centro clandestino a cielo abierto, con dos carpas para torturar a las personas secuestradas.

La imaginación del terrorismo de Estado, lo indecible. La planificación hasta el detalle, otra comprobación de lo sistemático y diseñado del aniquilamiento. Las Lajas, un lugar áspero y cruel pero no tan inhóspito si se enfoca hoy a las barriadas distantes dos kilómetros, donde en el ayer más terrible despuntaban las viñas. Un lugar casi extremo, muy frío o muy caluroso, según las noches y los días, un lugar desde donde se baja, se ve el camino que baja hacia la ciudad. Se cae. Un lugar, un camino.

Desde el centro operativo propiamente dicho -corrales, quincho y edificios derruidos-, hoy como ayer, es posible reconocer, al estirar la mano, la ciudad hacia el sur, el reverbero de los gritos a cielo abierto, el mismo olor a mierda que impregna el aire claro desde que la bestial milicada ocupó el paisaje para volverlo infierno.

De allí quizás vino el sapo, el mismo que sonríe en la ahora célebre foto, de pozos con agua de lluvia como la memoria colectiva suele reflejar. Bajo un sol extenuante se sumó, proveniente de las piedras, a la ceremonia y al homenaje que el pasado 28 se realizó bajo el quincho del CCD Las Lajas. Esperó paciente, como tantos y tantas a lo largo de lustros, la reconstrucción histórica de aquel horror y del siempre presente reclamo para “que digan dónde están”, baluartes de Elba Morales, investigadora del MEDH, desarrolladora de nuestra memoria. 

Aguardó el reconocimiento de los compañeros y compañeras que por allí pasaron, entre ellos el profesor Mauricio López, en palabras de José Luis Riccardo, rector de la Universidad Nacional de San Luis, casa de estudios comprometida en el trabajo pericial sobre los enterramientos. Se contuvo en respetuoso silencio ante el decir de Silvia Ontivero, ex presa política, referente de los organismos de Derechos Humanos, emocionada y emocionante al referir las búsquedas y la memoria de los compañeros y compañeras desaparecidas y la denuncia del pacto de silencio civil, eclesiástico y militar que impide la justa serenidad que a los familiares y compañeros de las víctimas significaría la revelación del destino de los restos. 

Se sumó el sapo en el momento de las oraciones de los representantes de las distintas confesiones religiosas. A saltitos se incorporó, circundando los pies de los presentes. Los gestos y guiños felices entre ese "nosotros" que abarca a miles, sabedores de que el sapo no confunde ni se equivoca, es la intuición de la señal que viene porque la damos, la cosa donde están mecidos todos los nombres y huesos que faltan. Inevitables fueron esos irracionales sentires. El valor que como sociedad les damos, la historia que por esos nombres y esos huesos y por los que vienen, seguiremos croando.

Idus de marzo, usos de la memoria: las falsas escuchas y lo decible

Pasada la feria judicial de mediados de año, hacia la primavera, en Mendoza se juzgará a los responsables de la Justicia Federal, cómplices y partícipes del terrorismo de Estado. El proceso se presume histórico pues, más allá de la ausencia del profugado Otilio Roque Romano, jefe de la patota integrada por los entonces magistrados Luis Miret, Gabriel Guzzo, Rolando Carrizo y Gillermo Petra Recabarren, no se los juzgará de forma aislada sino como una banda organizada para legitimar la operatividad de los crímenes cometidos por los grupos de tareas, asegurar la impunidad de los responsables y mantener clandestinos a cientos de detenidos y detenidas, muchos de los cuales permanecen hoy desaparecidos. 

De esta manera, la Provincia se torna pionera en cuanto a la profundización de las investigaciones que estructuran vertebral el rol de la Justicia Federal en el plan sistemático de aniquilamiento. Por el mismo grado de lo que hasta hace poco los ex jueces tildaban de “atributos” y por el poder que aún conservan respecto a otros poderes, políticos y económicos, la tenida será brava y será menester ejercer, una vez más, la plena vigencia de los Derechos Humanos y la lucha inclaudicable de los organismos. La ofensiva primera será pedir la recusación del presidente del Tribunal en conformación, Juan González Macías. En paralelo, intentarán aprovechar la ventaja por distancia de los hechos que les reportarían los nombramientos, desde Buenos Aires, de dos jueces subrogantes que completarán el estrado. El trabajo fino de la justicia demandará que sociedad y Estado se encuentren firmes respecto a la voluntad de profundizar la memoria y la verdad. Décadas de persistencia en ese camino testimonian que lo bueno sigue por venir. Lo que falta viene de la mano de lo ya hecho, ya reconstruido socialmente y reparado judicialmente.



En el mismo sentido se considera viable la apelación que el Ministerio Público y las querellas acusadoras del recientemente concluido juicio elevarán a la Cámara de Casación Penal Federal, una vez conocidos los fundamentos del Tribunal Oral Federal. En la Cámara se discutirá el único fallo que dejó un sabor agridulce: la condena a cinco años de prisión para Fernando Morellato, responsable de las detenciones, torturas y desapariciones de Oscar Ramos y Daniel Iturgay, cuando todos los abogados habían pedido perpetua. También están dadas las condiciones para un nuevo juicio oral y público por crímenes de lesa humanidad en el sur provincial, una vez concluido el debate que se lleva a cabo en San Juan, pues se trata del mismo Tribunal interviniente. 

La conocida como “Megacausa D2” viene en cambio algo más demorada: al trabajo de agrupamiento eficiente de las causas se le suma que mucha de la praxis judicial estará abocada en el procesamiento de los ex jueces federales. Finalmente, es esperable que el año próximo tenga lugar un juicio por la apropiación sistemática de niñas y niños en Mendoza. La cantidad de información relevante surgida en el último debate oral acerca de esta otra matriz del terrorismo estatal debe ser considerada aliciente suficiente para dar curso a una investigación seguida de instrucción. Massera Eduardo Emilio, la ESMA, la Iglesia Católica Argentina, las vastas cabezas locales que sirvieron al plan, sus cabeceras, los lugares depósito de criaturas hasta su entrega ilegal, los testimonios que prueban que se rondaba y “esperaba” a las militantes fichadas como embarazadas, entre sospechas firmes de responsabilidades y acallamientos y/o señalamientos civiles -empleados estatales, del poder judicial, de “la salud” o de la subvencionada, mantenida, fijada fe-, son datos de la realidad histórica que explican cómo fallaron si creyeron -sí creyeron- que hasta nuestra identidad iban a borrar, desalentar y desaparecer.

La contrapartida a estos avances son las causas tramitadas con poca voluntad por parte del fuero federal para instruirlas y llevarlas a buen puerto. Son por las que justamente hubo expresiones y reclamos en esta semana final de marzo: Las Lajas y los delitos sexuales contra la integridad de las mujeres, sumados, no subsumidos, a los secuestros, detenciones ilegales y la aplicación de torturas y de tormentos. 

Reiteradamente lo explicó el abogado Pablo Garciarena, representante en Mendoza de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, el 26 de marzo en la Universidad de Congreso, antes de que quedara en evidencia la complicidad con la dictadura del rector Francisco Piñón, en una charla que abordaba el ensañamiento sexual sistemático contra las detenidas por su condición de género y de militantes, con el objetivo de enviar un mensaje claro, a todas las mujeres primero, y a la sociedad en general después: “El problema es la escucha. Porque aún sigue prevaleciendo en nuestra sociedad el discurso machista y patriarcal, es que los funcionarios judiciales no pueden escuchar estos relatos, no están capacitados para hacerlo y aplicar justicia en consecuencia. No pueden escuchar ni entender porque son ellos los portadores de esa lógica que cuando escucha revictimiza. Existe un continuum entre aquellos delitos y los más actuales de trata de personas y esclavitud sexual. En paralelo, la perspectiva de la justicia sobre estos temas también se mantiene”.

Un enfoque complementario a la posición de Garciarena lo ofrecen Gabriel Ganón y Guido Croxatto -ambos funcionarios judiciales- en “El Nuevo Derecho”, un artículo de reciente publicación en Página 12: “Con el primer juicio en el que pudieron testimoniar sobre los horribles crímenes de la última dictadura militar, víctimas y familiares superaban el peor ultraje al que fueron sometidos, la privación del derecho a ser escuchados por toda la sociedad. El fin de la impunidad nos devolvió como sociedad la dignidad y quizás de una vez para siempre la cultura del otro. 

"Esos juicios que construyeron memoria/cultura abrieron una grieta poética en el lenguaje jurídico y trajeron libertad, porque sin memoria no hay libertad posible, no hay palabra. No hay otros. Hacer derecho es hacer poesía. Hacer derecho es hacer palabra. No se puede construir en el silencio, menos aún se puede construir silenciando. Desapareciendo. En la palabra-tumba (Celan). En las fosas de la palabra (en esos muertos cavados en la palabra) surge un nuevo derecho. 
Por eso debemos escuchar a los miles que siguen sin poder hablar. Si no lo hacemos, si no escuchamos, nos condenamos a la repetición y la conservación de lo que siempre se ha dicho sobre el Derecho.

"En la Argentina hacía tiempo que no se discutía tanto como se discute ahora. Esto molesta a los que prefieren callar. (…) La Argentina pasó del ´no te metás´ del Proceso -que siguió en los ’90- al ´atrévete a saber´ de Kant. El desafío de la nueva Justicia es ese: atreverse a ver, a decir. A escuchar. Las nuevas generaciones de abogados argentinos tomamos esa premisa kantiana para reconstruir la vaciada legitimidad del derecho. Atreverse a ver para ser ´legítimo´. Levantar la voz es el primer gran derecho. El poeta es el mejor abogado. En la Argentina la poesía -que es la palabra justa- de abogados desaparecidos volvió al derecho. Volvió la palabra para renovar el lenguaje de la Justicia”.

De todos modos hay perspectivas, conductas y falta de autocrítica que se mantienen rígidos, fijados también en otros sectores de la sociedad civil, como el empresarial-académico en la figura de Francisco Piñón, antiguo miembro de Guardia de Hierro y designado custodio intelectual y financiero de la Universidad de El Salvador por el postrero Bergoglio Papa, quienes, en organizada banda, en 1977, lavaron la palpable sangre en los azulados trajes cartuchos con botones amarillos made in La Armada de Massera, Eduardo Emilio, jefe asesino de las bandas asesinas de la ESMA. 



Piñón es hoy empleado del grupo Vila-Manzano al frente de la Universidad de Congreso, desde donde se imparte un uso de la Memoria con el fin de lavar la cara de quienes se agazaparon tras los pliegues de la vida democrática. La falacia del discurso conciliador es una fijación de Piñón: estuvo ahí entonces, en 1977, alentando el aniquilamiento a través de la humanidad guerrera de Massera, y se camufla hoy bajo lo que una asistente denominó “el snobismo de las Derechos Humanos”. Sin embargo, a pesar de las no escuchas y de las falsas escuchas, los tiempos son otros. La renovación aun dentro del Poder Judicial se está dando, se retroalimenta a la par de las sentencias que reparan a las víctimas y reconstruyen la identidad de toda una sociedad. 

El procesamiento de la banda organizada de los ex jueces es sustancialmente el paso clave para lo que falta en todas direcciones. Las compañeras y compañeros torturados y desaparecidos en Las Lajas y las mujeres que fueron detenidas así lo exigen. “Solo con la justicia será posible la reparación de los crímenes que se cometieron con nosotras”, había señalado el martes 26 al auditorio de la Universidad de Congreso, la periodista, docente y ex detenida política Sofía D´Andrea. Solo así traspasaremos las fronteras entre lo decible y lo indecible de tanta nostalgia y estaremos en consonancia con cada lugar.

Posdata personal

Jamás me simpatizaron los sapos, ranas, batracios en general. Junto con las berenjenas, son los únicos seres de la naturaleza que me provocan una aversión rayana en lo primitivo, en la raíz de miedos que se entroncan con lo histórico, cultural y social. El día que vea una berenjena caminando moriré de la impresión. 
Sin embargo, no me asusta la amenazante viscosidad de -por ejemplo- una culebra, bicho que además muerde. No, son los sapos. Los pequeños -o no tanto- “inofensivos”, amables sapos son los que me julepean. He intentado incluso conjurar tal absurdo a fuerza de escribir sobre ellos, toda la verde y palpitante creación, de escuerzos a ranas, en otras alegorías manifiestas. Una “croación”, colectivo croar. La ancestral resistencia persistió un tiempo más. Creo que mi profunda fobia fue finalmente vencida el pasado jueves 28, en la entidad de ese animalito que arrancó suspiros a quienes pudimos verlo y, a Elba, la más conmovedora sonrisa que, en décadas, muchas y muchos de los más jóvenes le hayamos podido conocer. ¿Irracional? ¿Místico? Histórico. Personal. 

Personalmente, doy por finiquitada mi prejuiciosa relación con ellos, los sapos. Aquí arriba, en la foto, el más material de los culpables. Uno de los miles que nombra presentes a sus compañeras y compañeros. Para nada se trata de una nimiedad esta mejoría personal. Para nada es individual. Para nada insignificante.










derechos humanos | justicia