Entrevista: Cuando la poesía llama

Artesano, cartero, cobrador, docente. Luego, poeta.

Entrevista: Cuando la poesía llama

Cultura Unidiversidad por Natalia Bulacio - Foto: Axel Lloret / Publicado el 17 DE JUNIO 2015

Sé dónde estás
pero no sirve
sé dónde sirve
pero no estás
sé dónde no
pero estás.

Así comienza la página de Juan López. Con poesía.

Tiene un poco más de cincuenta años y es mendocino. Aunque el mundo lo defina como poeta o escritor, él solamente se ve a sí mismo como un privilegiado por poder trabajar de lo que ama. Este licenciado en Letras se especializó en corrección y edición de textos, y también en redacción periodística, lo que le implicó una clara salida laboral.

Cuando se le pregunta sobre sus “libros”, sutilmente marca la diferencia de que son “títulos”. Hay algo de su rol de maestro que está latente en el intercambio de las palabras. Dio clases en la Penitenciaría de Mendoza y participó de cuanto recital poético pudo. Le puso la voz, el cuerpo, el trazo a la palabra en tanto que arte.

Para publicar sus primeros textos creó el sello Ediciones Simples, donde asomó al cosmos literario. Editó Poemas (1999), Ciclos vitales (2001), Mirá (2005), Arañas (2009), Notas de agosto y otros poemas (2011) y La palabra taxi y otros textos (2013). López es autor del blog Payador incorrecto y del sitio www.juanlopeztextos.com.ar

Es señalado como un gran amigo de sus amigos, solidario, testarudo, una suerte de hombre refugio, sensible y alegre, dispuesto a dar una mano, a servir un vino, a regalar un libro. “Mi familia es mi hijastro, mi 'hijo- astro' Leandro Lacerna (30), que no es hijo mío, sino de Marcelo Lacerna y Ariana Gómez; mi hija Candelaria (25), mi otra hija Violeta (12) y Felipe (8). Mi pareja es Cecilia Molina, periodista, nos conocimos en los medios”, dice Juan cuando se refiere a los suyos, a esos que señaló tan “necesarios” cuando se sintió cerca de la muerte tras una delicada situación de salud que ya quedó atrás.

Accede dispuesto a las preguntas, se muestra amable y tranquilo. Sonríe. Desvía su mirada a los costados, como si abriera archivos en su cabeza, mientras piensa.

¿Es tu intención que el blog “Payador incorrecto” hable de cuestiones sociales, de actualidad?

Mi poesía tiene un aquí y un ahora. Pero con el "Payador..." ha surgido eso, de poder descargar ahí lo más coyuntural, poder opinar libremente. El payador surgió como un necesidad expresiva cuando me operé y empecé a vivir cosas desopilantes del sistema médico. No sé por qué surgió así, en octosílabos, como payada.

Una vez estábamos con un amigo, el Marcelo Padilla, y se cortó la luz. Él vivía en una casa de adobe y yo le dije: "Eh, se le han caído los tapones del rancho, compadre". Y empezamos a hablar así, como gauchos, en broma. Mi hija me decía: "Papá, dejá de hablar así, parecés un tarado" (risas). Surgió como una suerte de sacar afuera todo el padecimiento del sistema médico. Las primeras coplas son de burlas satíricas y de agradecimiento a los médicos.

Yo no soy un payador, sino que es un personaje literario. Jamás voy a tomar una guitarra y payar. Ni siquiera la rima responde a las payadas. Le puse "Payador" porque se me ocurrió que era gracioso, y a los meses conseguí la imagen, que el Juampa Camarga –que es genial– me la hizo. Y nada... Surgió... Como no tengo espacio en los medios, ni creo que tampoco lo quisiera tener, porque los medios te condicionan... Me han ofrecido que el "Payador" estuviera en algún medio, pero no.

¿Y qué encontrás, Juan, en la poesía, que te definís o te desplegás como poeta?

Empecé a escribí en la adolescencia, pero nunca publiqué. Después empecé a estudiar Letras y veía que se publicaban cosas muy malas. Pensaba: "Yo no puedo publicar lo primero que se me ocurre", así que empecé a hacerlo de grande. A los 37 años publiqué el primer libro por mi cuenta, y he ido muy de a poco. Ahora tengo seis títulos y estoy preparando una nueva edición que es una locura, que se llama Siete poemas en siete idiomas. Lo hemos traducido a cuatro, más el español son cinco, y faltan dos traducciones más. Poemas ya editados en español que se están traduciendo.

Entonces la poesía….

Ha sido una búsqueda y es una necesidad. No tengo ritual ni rutina para escribir. Escribo en el celular, en donde pueda. En general me desvelo, escribo desvelado y al otro día lo paso o no, lo tengo en un cuaderno. Siempre dejo transcurrir el  tiempo.

Es importante perder contacto cuando se escribe y luego volver a verlo con otros ojos. Muchas veces uno escribe desbocado y no es literatura, es mera confesión. La poesía no es expresión de sentimiento, es algo más. Es la palabra trabajada. Y ahí hay más categorías.

¿Te sentís más poeta que escritor?

Yo me siento un padre de familia (risas), aunque suene muy católico (más risas). Yo no me siento escritor ni poeta. La verdad es que me gusta escribir. Y trato de comunicarme.

Creo que soy un afortunado porque vivo de las palabras. Trabajo en la Editorial de la Universidad Nacional de Cuyo (Ediunc), soy editor, corrector, redactor también. Creo que soy un privilegiado porque me encanta leer, me encanta escribir y no sabría hacer una pared.

¿Qué significó para vos Ediciones simples?

El primer paso para decir: "Acá estoy, no me puedo quedar más callado". Tenía contemporáneos míos que ya tenían dos o tres libros publicados y yo no había levantado la voz. El primero se llama Poemas, que lo imprimí en mi casa, y lo abroché un poco en mi casa y un poco en la cárcel, donde daba clases. Allí había una máquina grande que venía de la imprenta oficial y, con la ayuda de mis alumnos, los terminamos. Eso fue en el 99. Recuerdo que fue mi cumpleaños en septiembre y cada persona que fue se llevó un librito como regalo. Después hice algunos títulos más.

Leí que Teny Alós (poeta) y Gabriel Bustos Herrera (periodista) fueron destinatarios de textos tuyos… ¿Por quiénes sentís respeto y afecto en el ambiente literario y periodístico?

Es complicado responder eso. Con Bustos Herrera me hice amigo jugando al pádel, descubrí una persona impresionante. Cuando se murió, yo también tenía un cáncer. Me lo pude operar y estoy a salvo, pero él la estaba luchando. Era el cuentista del grupo. Gabriel lideraba porque siempre hablaba de política, contaba anécdotas interesantes, entonces todos mirábamos y aprendíamos. Descubrí un tipo muy cariñoso, que no se la creía.

Cuando el Teny estaba ya en la última etapa de su cáncer, yo había empezado a escribir ese poema que está en La palabra taxi y otros textos, pero estaba inconcluso. No sabía cómo seguirlo. Cuando fue la presentación de su libro Semillas de oceanidad, en la que varios escritores amigos leímos sus poemas y él cerró leyendo y agradeciendo, que fue en el Le Parc, en la sala circular, bastante emocionante la verdad... imaginé que el poema lo escribía alguien que se despedía, como el Teny, que se estaba despidiendo... Otra vez el cáncer, como con Bustos Herrera. Esa experiencia de verlo a él, yéndose tan impresionantemente lúcido me movió y me ayudó a terminar el poema, por eso se lo dedico a él. El Teny es un poeta muy potente que no ha sido lo suficientemente publicado ni leído. El segundo título de la colección "Literaturas" de la Ediunc, de la que soy director, será una selección de textos inéditos: el tipo dejó más de tres mil poemas sin publicar. Claudia Yarza, su esposa, nos abrió la puerta a ese archivo y, gracias a eso, muy pronto una parte de esa poesía verá la luz.

Para no dar nombres, yo respeto a los tipos que no se la creen. A esos que están todo el tiempo poniendo en la jeta que son poetas, que son periodistas, que son actores, que son músicos... A esos no me los banco (risas). A los que laburan y no se la creen, los respeto.

Cierta vez dijiste: “Me pregunto de qué sirve ser escritor si cuando se tiene que hablar, se calla”, en alusión al conflicto con el jurado de la categoría Cuento del Gran Premio Literario Vendimia. ¿Cuál es la función de un escritor?

Sería la función de un intelectual, si tomamos la concepción amplia de un intelectual, que sería la de un letrado, un maestro, un periodista, un filósofo, un político. Lleva una responsabilidad que es justamente hablar cuando es necesario, de levantar la voz cuando, por miedo, alguien no habla. Lo dije porque en los medios hegemónicos que están polarizados, hay colegas que sólo se quedan callados. ¡Ni siquiera les tienen que decir que se queden callados! Una vez escuché a un “prestigioso” periodista que dijo: "A mí en ese medio jamás me censuraron una coma". ¡Y claro, si nunca escribió una coma de más!

No me siento un intelectual, pero tampoco podemos desconocer que tenemos una formación, que tenemos un rol que cumplir. Me parece que el intelectual tiene un compromiso civil inobjetable, como cualquier otro ciudadano, pero que tiene un aditamento que es pertenecer a una élite privilegiada, que se pudo formar, que pudo llegar a cierto estrato simbólico, que otra persona no. Es una responsabilidad que se tiene y que hay que asumir.

¿Cómo estás hoy de salud? ¿Cómo… con la vida?

Estuve mucho tiempo pensando que me moría, entonces miraba los libros y decía: "Qué estúpido, ¿para qué tengo esos libros? Los tengo que regalar". Tuve un espacio de negación con todo lo que me gustaba mucho. Tuve una etapa muy oscura hace tres años, cuando me detectaron un cáncer. Por suerte me lo descubrieron temprano y me lo sacaron. Desde ese momento me empezó a chupar un huevo la mayoría de las cosas. Porque me daba cuenta de que me iba a ir de acá, dejando a mis hijos. Yo no sé si ellos me iban a necesitar a mí tanto como yo los necesito a ellos… Tuve mucho cagazo de morirme. Entonces, desde ese tiempo hasta acá, vivo mucho el presente, el carpe diem.

Yo trabajaba mucho, diez horas por día frente a una computadora, vivía con mucho estrés, hice varias cagadas. Un  especialista me dijo que hasta ese momento había habitado mi cuerpo, que ahora tenía que empezar a cuidarlo. Lo cierto es que lo exploté mucho.

Para mí la vida es eso, lo más inmediato. Lo que tengo es esa vocación de la poesía que es un llamado. Creo que es importante, más allá de que no me como el discurso ridículo gringo de “todos estamos destinados a algo, tienen que escuchar tu voz interior” y eso. Hay gente, o a veces uno mismo, que no puede escuchar esa voz interior porque es imposible escucharla, porque estás demasiado sacado. Por algún motivo desemboqué en esto.

La poesía ha sido esto: nunca dejé de estar ahí. Una noche, cuando salía de trabajar del Diario UNO, esperaba en la parada del colectivo, era muy tarde, y tuve la certeza de que siempre iba a poder escribir. Ahí me quedé más tranquilo. Descubrí que siempre iba a escribir y que ese era mi lugar.

¿Qué cosas te quedan pendientes?

De muy pendejo quise viajar, me quise ir en un barco carguero y no pude. Mi hija Candelaria está cumpliendo lo que no quise y no pude hacer. Tal vez no lo pude hacer porque no lo quise suficiente. Ella ha viajado mucho, dos veces a Europa, por toda Latinoamérica, y hasta hizo el camino del Che. Creo que ella recibió en la sangre esa frustración mía. He viajado poco, voy a empezar de nuevo. Conocer otro idioma es también es un pendiente fuerte. Ahora estoy estudiando portugués. Estudié francés, inglés, traduje algunas cosas. Quiero comunicarme en otro idioma. Hay muchos otros pendientes que son los que todos tenemos: que haya un poco más de justicia y que el mundo no sea esta mierda que es.

Para acceder a la re-entrevista, hacer clic aquí.

especial juan lópez