Poner límites a los más grandes

El debate sobre la instalación de La Salada en Mendoza motivó la reacción de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios, pero no para sumarse al coro anti-emprendimiento, sino para advertir sobre las leyes de la selva que benefician a los sectores concentrados que imponen condiciones de compra a los proveedores-Pymes.

Poner límites a los más grandes

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Sociedad Unidiversidad por Enrique Tarditi, Presidente de APYME / Publicado el 08 DE FEBRERO 2013

Desde  mediados de agosto del año pasado, estamos asistiendo a pronunciamientos públicos de diversos actores del proceso comercial local acerca de la instalación de una feria a la que se denomina genéricamente “La Salada" o "La Saladita” (en alusión a la conocida feria de la provincia de Buenos Aires). Luego de muchas idas y vueltas en que se fue modificando el proyecto original de instalarla en Guaymallén, aparecieron otras comunas interesadas —Las Heras, San Carlos- para que finalmente sea en Santa Rosa.

Es entendible (y saludable) que sectores comerciales que se sienten afectados territorialmente manifiesten sus lógicas inquietudes, más si se tiene en cuenta el marco de concentración y retracción de la actividad en los últimos meses. 

Lo que llama la atención, o por lo menos resulta paradojal, es la actitud de algunos dirigentes de asociaciones empresarias comerciales, embarcados en una feroz campaña contra este emprendimiento,

Que dichos sectores exijan “legalidad” de los emprendimientos, cumpliendo con todas las normativas en todos los niveles y áreas que corresponda, es una aspiración totalmente justificada.  

El interrogante es si estas normativas y disposiciones se deben aplicar a rajatabla sólo a microproductores, pequeños productores y comerciantes, que buscan formas alternativas de comercialización para colocar a precios razonables sus mercancías.

Resulta incomprensible que esos dirigentes, en tanto se arrogan representatividad Pyme,  no soliciten que se aplique la misma (o parecida) enjundia para el control de las grandes empresas, ni apoyen o impulsen leyes, reglamentaciones y/o medidas que frenen y/o regulen la concentración y extranjerizacion comercial.

Esos sectores concentrados son los principales importadores de bienes de consumo (hoy un tanto limitados por las normativas vigentes). Los mueve solo el mezquino interés de captar rápidamente porciones importantes de mercado, sin detenerse a pensar en el impacto urbano y, menos aun, en el socio-económico. Imponen condiciones de compra, sobre todo a los proveedores Pyme, al tiempo que el sistema financiero, principalmente a través de las tarjetas de crédito, les dispensa privilegios, con ofertas de ventas en precios y condiciones imposibles de igualar por parte de los pequeños comerciantes. La aceptación de estas reglas trae como consecuencia el enfrentamiento de micropymes contra micropymes, y de sectores que tienen empleo contra quienes lo necesitan.

El escenario replica las leyes de la selva (entendibles en el reino animal), donde el  león decide en qué territorio y momento comerse la presa, mientras  ninguno de los otros animales (que son más) se permite disputarle al león su parte, al tiempo que pelean entre sí por la parte que no quiere o no puede comer el rey.

Así, en el comercio parece no discutirse la parte del león que se llevan los grandes emprendimientos.  Llámense estos “grandes superficies”, “híper” o “cadenas”, la mayoría de origen extranjero, sujetos al arbitrio de sus casas matrices que, al igual que en otras actividades, impulsan el logro de súper ganancias.

Hoy, los dirigentes que ostentamos alguna representación sectorial tenemos la responsabilidad de promover genuinas discusiones y elaborar aportes sobre la dinámica de un sector fundamental como lo es el comercial, así como sobre el rol insustituible del comerciante.  Estamos en momentos de profundas transformaciones en el mundo y en nuestro país como para sumarnos a falsos dilemas.

Existen propuestas para intentar dar seguridad jurídica a todos los actores, y en particular a nuestros sufridos Pymes del comercio. Regular la radicación, funcionamiento y tributación diferencial para las grandes superficies comerciales y sus cadenas de aproximación, son algunas de esas propuestas. Actualmente están en debate los códigos de Comercio y Civil, lo cual  nos obliga con mayor razón a instalar en la agenda política nuestras preocupaciones y propuestas.

Este es nuestro deber como dirigentes. Si no lo hacemos entre todos, será difícil que otros lo hagan. Son grandes los intereses a los que hay que poner límites, en defensa de un comercio legal que evite abusos y prácticas monopólicas y contemple las necesidades de toda la comunidad.

Bienvenido el debate. Limitarlo a la instalación de una feria y no abordar la gravedad y complejidad del tema, ignorando a los actores y beneficiarios principales, resulta insuficiente. No sólo nos llevará a enfrentamientos estériles sino que, peor aún, las distorsiones perdurarán y se profundizarán, contribuyendo a hacer una "enSalada" donde todos perdemos.

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