Sociedad del conocimiento e igualdad de género

Columnas | Sociedad

29 de agosto de 2017, 10:17.



Sociedad del conocimiento e igualdad de género

Foto ilustrativa tomada de pixnio.com


Ha dicho Irina Mokova, Directora General de la UNESCO:

“En los tiempos en que los Estados se encuentran definiendo los perfiles de sus agendas de desarrollo post-2015, existe un reconocimiento creciente del papel de la cultura en la promoción del desarrollo social inclusivo, en la erradicación de la pobreza y en el impulso de la sustentabilidad ambiental. Como impulsora y facilitadora del desarrollo sostenible, la cultura determina la forma en que las personas y las comunidades entienden el mundo actual y cómo conciben y conforman su futuro. La igualdad de género es una parte fundamental de la ecuación para un desarrollo más inclusivo y sostenible”.

En el comienzo del milenio que hoy vivimos, durante la realización de la Asamblea número 55 de las Naciones Unidas, se aprobó la Declaración del Milenio en la que se establecía cómo tenía que ser el mundo del siglo XXI. Los 189 países miembros aprobaron alcanzar ocho objetivos en el año 2015, a los que denominaron los Objetivos del Milenio (ODM), que se ocupan de Pobreza, Educación, Igualdad de Género, Infancia, Salud y Alianzas mundiales para el desarrollo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A lo largo de los últimos 15 años se ha avanzado, aunque ninguno de ellos se ha logrado plenamente. Es por eso que Naciones Unidas insistió en este vital tema y fijó los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para los próximos 15 años, reformuló los anteriores y añadió otros, como la lucha contra la desigualdad y la mejora de las ciudades y las infraestructuras.

 

 

 

El Secretario Ejecutivo Adjunto de la Cepal, Antonio Prado, en la reunión de la Mesa Directiva de la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe dijo: “Creemos que el desarrollo sostenible sin igualdad de género ni es desarrollo ni es sostenible”.

Tanto en estos ODS como en los anteriores ODM, después de los fundamentales temas de pobreza y educación, el tema de igualdad de género ocupa un lugar destacado. Esto es así porque se reconoce que las mujeres y niñas de este mundo representan el 50 % de la población mundial y, al desconocer esa realidad, estamos despreciando la mitad del potencial de dicha población.

El enorme desarrollo tecnológico de las últimas décadas a nivel mundial, la amplia difusión y uso de la red de redes (Internet) que permite acceder a cada vez mayor número de personas a esos nuevos conocimientos y a los nuevos paradigmas asociados, todo ello sumado a una revisión de las estructuras productivas, permitirá a los países en vías de desarrollo, como el nuestro, un crecimiento mayor y sustentable en el tiempo.

Dentro de las nuevas tecnologías se encuentran las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), a las que les cabe un papel trascendental en este enorme cambio de paradigma mundial. Son, como se ha dicho en distintos encuentros, foros y publicaciones, las generadoras de riqueza como nunca antes se ha visto en la historia de la humanidad.

Pero todos estos profundos cambios, si bien son sumamente positivos para la sociedad, también nos ponen frente a desafíos que, de no solucionarlos adecuadamente, podrían mantener y profundizar antiguas desigualdades, como son las desigualdades de género, o bien generar otras de difícil solución, como pueden ser las de altas tasas de desempleo.

A lo largo de varias décadas, distintos organismos de relevancia mundial, como la ONU, la Cepal, la Unesco, entre otros, se ocupan de la “igualdad de género”. La Cepal publicó en octubre de 2013 un documento llamado Mujeres en la Economía Digital - Superar el Umbral de la Desigualdad con el fin de contribuir al debate regional en la XII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe. De allí se extraen las siguientes conclusiones:

“Los efectos del uso de las TIC sobre el proceso de avance de la igualdad de género han sido irregulares. Si bien se han logrado progresos en esta dirección, se mantienen antiguas desigualdades y surgen otras nuevas, que ponen en evidencia los altibajos, los bloqueos y la resistencia al cambio. Este documento pone el foco en la relación existente entre la sociedad de la información, la autonomía económica de las mujeres y la igualdad de género, mostrando que:

  1. Las TIC pueden incidir en un mayor crecimiento y productividad de los emprendimientos liderados por mujeres, abriéndoles posibilidades para entrar en nuevos canales de negociación y comercialización de sus productos, y permitiéndoles participar activamente en la economía de mercado, ser más competitivas y aprovechar la economía digital para el logro de sus derechos y su bienestar personal.
  2. En la economía digital, al igual que en otros paradigmas del desarrollo, las oportunidades no se distribuyen de manera equitativa ni entre los países ni entre las personas, de modo que se producen asimetrías que se deben combatir con políticas específicas. El orden de género, por el cual las mujeres siguen siendo las principales responsables del trabajo no remunerado y del cuidado en los hogares, interactúa con las nuevas formas de organización de la economía global. La profundidad de la brecha digital que afecta a las mujeres puede aumentar aun cuando la población excluida de la sociedad de la información esté disminuyendo. Esto explica en buena medida la lentitud con que se cierran las brechas de género, especialmente en lo que se refiere al empleo vinculado con las TIC.
  3. Las mujeres continúan siendo afectadas por el cruce de múltiples discriminaciones. Todavía es muy alta la proporción de mujeres presentes entre las personas que viven en hogares pobres. El índice de feminidad de la pobreza para las personas entre 20 y 59 años de edad indica que, en todos los países de la región, más mujeres que hombres viven en hogares pobres en este tramo de edad. Por otra parte, si bien la participación femenina en el mercado laboral ha aumentado, el estancamiento producido a partir de la década de 2000 ha dejado a la mitad de las mujeres latinoamericanas y caribeñas desvinculadas de dicho mercado.
  4. Mientras la proporción de mujeres que no tienen ingresos propios en la región es del 30,4 % en las áreas urbanas, en las áreas rurales llega al 41,4 %, lo que implica una diferencia de 11 puntos porcentuales. En cuanto a la inserción en el mercado laboral, las mujeres que habitan en áreas rurales presentan una tasa de actividad superior al 40 %, lo que indica una presencia importante de las mujeres en ese mercado, pero aún persiste una diferencia muy considerable respecto de la tasa de actividad masculina, que alcanza a más del doble (83,7 %) en la misma área de residencia.
  5. Mujeres con el mismo nivel de capacitación y formación académica no tienen las mismas oportunidades de trabajo, ni las mismas trayectorias profesionales y salarios que los hombres. La calidad del empleo de las mujeres en sectores económicos vinculados a las TIC está caracterizada por una marcada segregación ocupacional de género y por la subvaloración del trabajo femenino. La incorporación de las nuevas tecnologías no ha afectado significativamente la estructura segregada de las ocupaciones y ha producido una nueva segmentación en algunas de ellas. Aunque las mujeres superan a los hombres en los logros educativos, se reproducen los patrones de la segregación horizontal y vertical que concentra a las mujeres en determinadas ocupaciones, generalmente identificadas como “empleos de mujeres”, y las coloca en los puestos de menores requerimientos tecnológicos y de peores salarios.
  6. Las pequeñas empresas y, en especial, las microempresas se han convertido en un espacio por excelencia asociado a las mujeres, ya que brindan mayores posibilidades de conciliación entre el trabajo remunerado y las responsabilidades familiares, aunque muchas veces los actores que ofrecen facilidades para su formación y los créditos vinculados a estos emprendimientos no reconozcan a las mujeres como su principal grupo objetivo. El hecho de que en muchos casos el lugar de trabajo esté en el hogar afecta la productividad y reproduce la división sexual del trabajo relativa al cuidado y la carga de trabajo doméstico. La alta participación de las mujeres en las pymes es una expresión de la desigualdad y presenta un desafío para el cambio estructural basado en las nuevas tecnologías. Las oportunidades que representan las pymes no podrán ser cabalmente aprovechadas si las políticas de acceso al crédito, distribución de activos y capacitación para los negocios no se distribuyen de manera más equitativa y no se ajustan a las necesidades de las mujeres.
  7. El diagnóstico destaca que las niñas y las mujeres jóvenes tienen menos posibilidades que los hombres de obtener la educación y la información necesarias para acceder a una carrera en ciencia y tecnología. Asimismo, revela que las mujeres que trabajan en este campo laboral, caracterizado también por roles, imágenes y estereotipos masculinos, poseen menos posibilidades de ser promovidas. Existe una mayor concentración de mujeres en los niveles inferiores de clasificación de los sistemas nacionales de ciencia y tecnología. Ello tiene su explicación en las relaciones de poder asimétricas entre hombres y mujeres, enraizadas históricamente en el sistema de género hegemónico que se reproduce en la familia, la escuela y el mundo laboral.
  8. Las políticas de desarrollo en general y las políticas de desarrollo productivo en particular no pueden ser neutrales. Así como deben tomar en cuenta las desigualdades existentes entre países y entre economías, debieran también considerar y apuntar a superar las desigualdades de género que se observan en la integración a la sociedad, el mercado laboral y la familia. Ha quedado en evidencia que hay una gran cantidad de iniciativas orientadas a la difusión y uso de las TIC en múltiples áreas que contribuyen de un modo concreto al avance de las mujeres y de la igualdad de género en la región. No se trata solamente de políticas públicas, sino también de proyectos ejecutados por asociaciones, universidades y empresas. Pero, al mismo tiempo, se plantea la necesidad de potenciar dichos esfuerzos con una mirada más estratégica y pedagógica, que incorpore más inversión e innovación y sume compromisos orientados a lograr una verdadera igualdad de género en el marco de la sociedad de la información y del conocimiento. Estas políticas no pueden limitarse a determinadas áreas, como acceso e inclusión digital. La perspectiva de género debe cruzar de manera transversal las estrategias digitales para hacer frente a las distintas brechas identificadas (en alfabetización, uso, formación, apropiación, ciencia e innovación, y autoempleo en las TIC, entre otras esferas de la economía digital) y a todos los espacios donde niñas, adolescentes y mujeres enfrentan problemas específicos, desventajas o discriminación”.

 

Queda muy claro, a través de este excelente trabajo, sus consideraciones generales y una importante labor de recopilación estadística, cuáles son los problemas existentes y, en consecuencia, cuáles son las acciones que, desde cada rincón de la sociedad, se trate de ámbitos públicos o privados, se deben impulsar y concretar más allá de los discursos y las buenas intenciones. Todos somos responsables de esa tarea para lograr una sociedad mejor.