Tomar posición: la revista Crisis en los años 70

Torturas, desapariciones y exilios políticos marcaron la trayectoria de una revista que logró comprometerse con las luchas sociales de su propio tiempo.

Tomar posición: la revista Crisis en los años 70

Sociedad Unidiversidad Revistas culturales / por Facundo Lafalla INCIHUSA-CONICET / Publicado el 16 DE AGOSTO 2019

La revista Crisis se editó en Buenos Aires desde mayo de 1973 hasta agosto de 1976 y estuvo dirigida por el uruguayo Eduardo Galeano, acompañado por la periodista Julia Constenla como secretaria de redacción. A lo largo de los cuarenta números de su etapa fundacional, Crisis se convirtió en una referencia de la cultura argentina y latinoamericana y se consolidó como una revista con gran repercusión continental. En ella confluyeron autoras y autores argentinos como Ricardo Piglia y Julio Cortázar, junto a latinoamericanos como Gabriel García Márquez, Mercedes López-Baralt, Ernesto Cardenal y Roberto Fernández Retamar.

La publicación –cuyo nombre completo era Ideas, letras, artes en la Crisis­­­– puso de manifiesto el rol de intelectual comprometido que había reemergido a partir de la década de 1960. La revista buscó rescatar una dimensión popular de la cultura, al tiempo que sus páginas reflejaron una concepción latinoamericana en confluencia con la noción nodal de revolución. 

La idea de revolución no era pertenencia exclusiva de las y los intelectuales que se enlazaban en Crisis,sino que fue la referencia central en las décadas de 1960 y 1970. Se trata de años marcados por la descolonización de África y Asia, las consecuencias de la guerra de Vietnam, la erección del muro de Berlín y el triunfo de la Revolución Cubana en 1959. El horizonte de cambio social abierto por el proceso cubano se constituyó en un faro para gran parte del mundo intelectual de América Latina, en un momento en que el campo cultural se encontraba fuertemente entramado con el campo político. A su vez, los años de publicación de Crisis coincidieron con los años del “tercer peronismo” (1973-1976), por lo que sus páginas se hicieron eco de muchos de los conflictos sociales y políticos de ese tiempo.

El entrecruzamiento de lo cultural con lo político se manifestó de diversos modos. Uno de ellos fue la manera en que la revista construyó, a partir de testimonios, una memoria de las víctimas de la represión. Al rescatar dicho género discursivo, Crisis denunció la violencia represiva del Estado y puso en evidencia cómo la fuerza de la autoridad se imponía frente a quienes cuestionaban el orden social. En julio de 1973 y bajo el título de “Hecho en prisión”, presentó en su tercer número una serie de testimonios escritos por presas y presos políticos de dictaduras recientes. 

Uno de ellos fue un poema escrito por Roberto Coronel a raíz del asesinato de Diego Ruy Frondizi y de Manuel Belloni, compañeros de militancia. Desde la cárcel de Villa Devoto, en noviembre de 1971, escribió:

“Los han capturado María

los han herido María

los han asesinado María

y nosotros que haremos

en esta tribuna con rejas

preguntar llorar putear caminar”.

Crisis también dio voz a Norma Nubia Morello, quien en 1972 logró filtrar el relato de las torturas que padecía en la cárcel. Norma comenzó relatando su experiencia como maestra rural en Corrientes y se adentró en la detención que sufrió a partir de noviembre de 1971, como represión a su militancia en movimientos agrarios. Su testimonio narraba minuciosamente cómo su cuerpo se veía sometido durante días a los tormentos que le imponían sus captores. 

En “El alboroto tempranero de las gaviotas”, el físico Ignacio Ikonicoff narraba a su abogada, Mirta Favris, una de las vivencias cotidianas que encontraba como punto de fuga frente a la prisión política en el penal de Rawson. La carta, que comenzaba con una alusión burlesca al censor que la leería, contaba cómo Ignacio disfrutaba todas las mañanas del vuelo de las gaviotas, a través de la ventana de su celda. “Allí sigo el reflejo, la sombra de las gaviotas, y el mismo recorrido circular que tanto te entristecía, parece una danza chinesca, apacible y hermosa”. Ignacio le daba un sentido práctico a la danza que lo conmovía; le permitía despertarse temprano para poder bañarse: “Todo gracias a las gaviotas, como ves”.

La recuperación de testimonios de torturas y de militancia, así como de momentos cotidianos de la vida en prisión, permitía a la revista construir una memoria para su presente. Quienes daban fe de sus experiencias lo hacían desde la opresión que sufrían en una situación injusta, al mismo tiempo que intentaban vislumbrar un horizonte de justicia por lo que protestaban, se indignaban y escribían. Los testimonios publicados demostraban que los cuerpos de quienes narraban se constituían en territorios sobre los que se inscribieron las huellas de las disputas históricas.

La construcción de esa memoria le daba a una revista cultural como Crisis la posibilidad de reconocerse en una temporalidad de luchas más amplia que la de su presente inmediato, a la vez que le permitía tomar posición en medio de la conflictividad específica de la década de 1970.

El devenir histórico de la revista también estuvo atravesado por situaciones traumáticas caracterizadas por la violencia sobre los cuerpos. Eduardo Galeano se encontraba exiliado en Buenos Aires, mientras en Uruguay se imponía un proceso dictatorial. Hacia 1976, Juan Gelman, secretario de redacción, debió partir al exilio; el director ejecutivo y financista de la revista, Federico Vogelius, fue secuestrado y torturado en 1977; Haroldo Conti, uno de los principales colaboradores, fue desaparecido por la dictadura genocida en 1976. Torturas, desapariciones y exilios políticos marcaron la trayectoria de una revista que logró comprometerse con las luchas sociales de su propio tiempo.