Un partido de fútbol no es como la guerra

El año del Mundial de España 1982 Argentina jugó un partido aparte. Te contamos sobre once ex veteranos sobrevivientes de una de las etapas más oscuras de nuestra historia.

Un partido de fútbol no es como la guerra

TyC Sports realizó un documental en el que repasa la vida de futbolistas que formaron parte del conflicto bélico. Foto: gentileza.

Deportes Radio U El Suplementario / Malvinas / por Agustín Zamora para Radio U / Publicado el 02 DE ABRIL 2020

La frase que titula esta nota fue exclamada alguna vez por Jorge Palacio, uno de los once veteranos de Malvinas, que antes- y algunos después también- fueron jugadores de fútbol.

Hace algunos años TyC Sport estrenó el documental "La Clase 62" que cuenta en voz  propia las experiencias de diez ex combatientes de la Guerra de Malvinas. De ellos hablaremos y además, sumaremos a Palacio. Posiblemente dentro de los 23.428 combatientes argentinos que fueron a la guerra (dato confirmado por el Ministerio de Defensa de la Nación) hubo muchos más que dejaron la pelota para hacerse de un fusil.

 

Gustavo de Luca

Al momento de recibir la citación más difícil de su vida formaba parte de la reserva de River Plate, club con el que nunca pudo debutar. Si bien el conflicto bélico determinó el futuro del ex delantero, pudo retomar su carrera, llegó a Nueva Chicago en 1983 y debutó en primera. En Argentina vistió también las camisetas de Talleres de Remedio de Escalada, All Boys y Douglas Haig. Tuvo un extenso paso por Chile, mientras que también jugó en el fútbol suizo y peruano. En 1996 colgó los botines. Actualmente, el goleador de las Malvinas, como se lo apodó, no está ligado a la redonda. En el documental expresó que “el fútbol me libró de las pesadillas de la guerra”.

Gustavo De Luca con la camiseta de Santiago Wanderers de Chile.

Héctor Cuceli

Hizo las inferiores en San Lorenzo junto a Héctor Rebasti (otro combatiente). Al volver, el club les había prometido un contrato que nunca llegó. Esto le dio pie a cortar su amor a la redonda. Actualmente tiene un taller mecánico. Una anécdota que el mismo jugador contó fue que luego de estar muchos días en las Islas, recolectó materiales y armó una pelota de fútbol para sentir de cerca las sensaciones que le transmitía.

 

Héctor Rebasti

Al igual que Cuceli, el ex arquero fue parte de San Lorenzo y recibió la misma promesa de contrato que nunca llegó. En el documental de TyC repite en varias oportunidades la frase: "lo único que sabía hacer era jugar al fútbol". Pudo continuar con su carrera pero no sé ánimo nunca a firmar contratos. Deportivo Morón, Argentino de Merlo y el fútbol de La Pampa le abrieron las puertas.

Tras el conflicto bélico adoptó hábitos como fumar y tomar mucho alcohol. Trabajó como empleado en un banco hasta su jubilación, en 2012, junto a Javier Dolard, otro de los futbolistas combatientes.

Héctor Rebasti como jugador y soldado.

 

Juan Colombo

Luego de jugar con la tercera división de Estudiantes de la Plata un partido en el Chaco, recibió un llamado en el que le informaban que dentro de pocas semanas se iba a integrar al primer equipo, dirigido por Carlos Bilardo. La alegría le duró muy poco, ya que una semana más tarde la Argentina había "recuperado" las Malvinas y él tuvo que reincorporarse al regimiento.

Durante el enfrentamiento, relata que tuvieron que armar un mate usando las granadas y que una vez que terminaban de tomar, ponían nuevamente la pólvora adentro para que esta sea útil.

Cuando volvió a la Argentina consiguió integrarse al plantel de Estudiantes de La Plata  y fue campeón con el equipo en el Nacional de 1983. Según sus propias palabras, "el fútbol y Bilardo me salvaron la vida" ayudándolo a curar el trauma y seguir adelante. Su carrera futbolística terminó cinco años después, a causa de una lesión. Al día de hoy se sigue dedicando al fútbol, pero como coordinador de grupos infantiles.

 

Claudio Petruzzi

Mientras jugaba en las inferiores de Rosario Central, "Tato" salió sorteado para hacer la colimba. Lo que más le dolió no fue despedirse de su familia ni de su pareja, sino que iba a perder un año de fútbol y que luego le iba a costar retomar su nivel.

El ex arquero estuvo en el cuerpo médico y haciendo guardias en la playa, para alertar la llegada de nuevos barcos enemigos, por lo que su rol fue distinto. En el documental cuenta que luego de la guerra volvió a su pueblo de madrugada, sin intención de cruzarse a nadie. Su novia no lo esperaba, no tenía dinero y ningún club lo aceptaba para atajar en su equipo. En vez de bajar los brazos y resignarse decidió rendir el examen de ingreso a medicina e hizo todos los estudios. Hoy en día es médico neonatólogo y docente de pediatría de la Universidad Nacional de Rosario.

"Desde el arco observás toda la cancha, todos los movimientos. Sufrís en soledad lo peor, el gol, y a veces, en los festejos también estás solo. Todas esas sensaciones las viví en la trinchera", concluyó  el médico.

 

Luis Escobedo

A sus 17 años, Luis Escobedo ya era parte del primer equipo de Los Andes y había disputado seis partidos con el primer equipo cuando le llegó la citación. Tuvo que interrumpir su sueño de triunfar como futbolista para ir a la guerra, pero su obsesión por el deporte nunca se fue. "Los primeros días solo pensaba en el fútbol. Solo me interesaba saber cómo habían salido Los Andes”, cuenta el ex futbolista en "'La Clase 62".

Cuando volvió siguió jugando en el Milrayitas y luego jugó en Belgrano de Córdoba, Colón y Vélez. También jugó en Santiago Wanderers de Chile y en su segunda etapa en el fútbol local, llegó a Temperley y luego a Dock Sud donde se retiró.

El defensor se colgó los botines a los 40 años, en el 2000. Actualmente juega para el equipo Senior del Gasolero y la Selección argentina de mayores de 50 años. Hoy en día se dedica a asistir a veteranos de guerra en el programa de una obra social.

Luis es uno de los veteranos que suele ir a Malvinas a visitar el cementerio a 6.700 kilómetros de Puerto Darwin, para rendirles homenaje a sus compañeros caídos en la Guerra. El año pasado estuvo detenido dos días junto a siete personas por "ofensas e insultos" que denunciaron algunos kelper. "Hicimos un minuto de silencio, entonamos el himno argentino y lanzamos frases, todos con nuestras banderas desplegadas", explicó Escobedo.

Luis Escobedo junto a sus compañeros de Los Andes.

 

Javier Dolard

Goleador de las inferiores de Boca, compañero en el mismo equipo de Óscar Ruggeri y campeón en sexta, quinta y cuarta, incluso llegó a ser convocado a la Selección juvenil dirigida por César Menotti. Pudo ser, sin ir muy lejos, parte del plantel campeón en México 86, pero el destino le tenía preparado otro rol.

Javier Dolard ya había terminado la colimba y en teoría estaba liberado de cualquier compromiso militar. Sin embargo, al escuchar a Galtieri decir que "recién hemos comenzado con la actitud de recuperar las Malvinas y toda su zona de influencia y ya flamea la bandera argentina en nuestras islas", tuvo una mala sensación.

Ya en las islas junto a sus compañeros improvisaron una pelota de fútbol con los plásticos y los materiales que encontraron tirados y empezaron a jugar partidos de fútbol para pasar el tiempo. El hambre y el frío les limitaron el disfrute y los 'picaditos' tuvieron que ser cortos porque estaban faltos de fuerza y no lograban resistir mucho tiempo.

Luego de la guerra intentó volver al fútbol pero no pudo recuperar su mejor nivel.  Se sumó a los entrenamientos de Boca, ni bien llegó al país, pero un desgarro lo marginó. Carmelo Faraone, entonces entrenador xeneize, le ofreció probar suerte en Independiente de General Pico. El delantero accedió pero al perder la clasificación al regional dejó el fútbol de manera profesional. “Quién me quita a mí la idea de que la guerra arruinó mi carrera”, expresó. Desde que se retiró trabajó junto a Rebasti en un banco.

 

Sergio Pantano

Formaba parte en las inferiores de Talleres de Remedio de Escalada. A fines de marzo de 1982 le trajeron una bolsa con ropa abrigada y en ese preciso momento se enteró que iba a ir a Tierra del Fuego. En ese momento entendió que su carrera futbolística peligraba.

La pasó muy mal en la guerra. Durante los 74 días anhelaba el final de la batalla, pero al ver la bandera inglesa reemplazar la argentina, simbolizando la victoria británica y el fin de la pesadilla, sintió un golpe en el orgullo. Luego, entendió que ese pensamiento no era lógico, que en realidad lo único que quería era terminar esa historia.

Volvió y tuvo suerte de seguir en el fútbol. Fue parte del ascenso de Talleres de Escalada a la Primera B en el año 1983 y jugó en otros equipos de ascenso, como El Porvenir, Berazategui y San Telmo. Luego de retirarse, en el año 1991, se dedicó a la remisería y, hoy por hoy, tiene su propia empresa.

 

Omar de Felippe

De Felippe atravesaba un momento clave de su carrera, estando a punto de terminar las pruebas en Huracán con fe de quedar y ser parte del equipo profesional. El ex futbolista recuerda la guerra con mucho dolor y, agradecido con la vida, recuerda la oportunidad en la que el Capitán Zunino le salvó la vida al pedirle que cambie de posición en el momento oportuno. Apenas unos instantes luego de obedecer esa orden, un explosivo cayó en ese lugar y borró todo lo que había alrededor. Nunca vio la muerte tan de cerca como en ese momento.

El ex defensor de Huracán es el más conocido de todos estos personajes ya que tuvo una exitosa carrera como futbolista y como entrenador. Luego de la guerra, el nacido en Mataderos, retornó a Huracán, club donde jugó dos temporadas. Luego de esto pasó por Arsenal, Once Caldas, Villa Mitre -dos veces-, Rosario y Olimpo, donde se retiró en 1994.

Actualmente es entrenador pero está sin club, luego de dirigir a Newell's en 2018. Debutó como entrenador en Olimpo y le tocó dirigir luego a Quilmes, Independiente (a los tres los ascendió cuando estaban en el Nacional B), Emelec, Vélez y la Lepra rosarina.

Omar De Felippe continuó jugando al fútbol tras la guerra y hoy es director técnico.

 

Julio Vázquez

Julio Vázquez, otro que también siguió ligado al fútbol, desde el banco de suplentes, contó que un sábado a las 10 de la mañana, mientras sus padres estaban en la Plaza de Mayo, recibió un telegrama para reincorporarse al ejército. Esa misma tarde participó del partido entre Centro Español y Central Ballester, en la cancha de Ituzaingó. No llegó a ver a la familia y se fue a jugar. Al terminar se bañó y, sin saludar a nadie, salió del vestuario llorando.

En sus relatos sobre su estadía en la guerra destaca el frío y la incertidumbre de todos los días. Los bombardeos constantes lo mantenían con miedo, ya que sabía que la víctima podía ser él. Al terminar la guerra sintió una lógica tranquilidad, aunque también tenía un fuerte malestar por todo lo que había pasado. Pensaba en todos sus compañeros que habían caído y sentía un vacío adentro, acompañado de la sensación que la víctima podría haber sido él.

Al volver continuó su carrera en ligas del Interior y se retiró a los 37 años, en Deportivo Paraguayo. Nunca se dejó de preguntar qué podría haber sido de su carrera futbolística si no se hubiese visto obligado a interrumpirla por la guerra.

A lo largo de su trayectoria como DT Julio Vázquez dirigió a Ituzaingo, Lugano, Cañuelas, Universitario de Sucre (Bolivia), Deportivo Paraguayo y la Primera de San Lorenzo en fútbol femenino. También fue ayudante de campo de Omar Labruna en Nueva Chicago, donde logró el ascenso del Nacional B a la Primera División. Hoy en día es el dueño de una cadena de perfumes en Ituzaingó y espera un llamado para volver a dirigir.

 

Jorge Palacio

El último de los once, fuera ya del documental del canal deportivo, es Jorge Palacio, promesa en el fútbol del interior, vistió la 10 de Jorge Newbery. Cuando tenía 17 años llegó a jugar en la Primera División del Lobo, luego le llegó el Servicio Militar. Lo primero que pensó fue “en no iba jugar más al fútbol”.

En el programa Interior Futbolero de TNT Sports, donde lo homenajearon por ser uno de nuestros héroes argentinos, contó sobre su momento futbolístico y su experiencia en Malvinas. Pero hubo un momento en su relato que conmovió y pone sobre la mesa una reflexión para aquellos que confunden realidades. Cuando lo convocaron para “salvar a las Malvinas, se me salió el corazón”, dijo. Sin embargo, el seguía pensando en el fútbol. El 12 de junio, Jorge venía de escuchar el partido de Argentina contra Bélgica en el Mundial de España y le tocó hacer la guardia. Ese día esquivó la muerte. “Nos tiraron (los ingleses) con todo. Veo un fogonazo a 30 metros y después otro a 5. La onda expansiva me levantó y caí dentro del mismo pozo”, contó sosteniendo que casi lo dieron por muerto.

Al cabo de un tiempo, Jorge sintió la crueldad de quienes con los años tomaron distancia e indiferencia con lo ocurrido en las islas. “En Argentina si no ganás no sirve. Y nosotros habíamos perdido la guerra”, manifestó Palaciom y agregó: “Decíamos con orgullo que fuimos a Malvinas, pero las respuestas fueron ‘con razón las perdimos’”.

“Malvinas no fue un partido de fútbol y un partido de la Selección no es una guerra de Malvinas. Que Messi no gane no significa que pierda la vida, como sí ocurrió con miles de jóvenes soldados”, sentenció.

Actualmente trabaja como inspector de tránsito y brinda notas dejando frases y críticas sobre lo que hoy, a 38 años nos enluta como argentinos.

La Clase 62, el documental de TyC Sports sobre Malvinas y el fútbol

TyC Sports Play presentó La Clase 62, un documental sobre los futbolistas que Malvinas se llevó. El 2 de abril, Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra...

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