Adopciones en Mendoza: aunque son pocas, el 90 % de las vinculaciones son positivas

Según el Registro Único de Adopción provincial, de 500 niños, niñas y adolescentes institucionalizados, solo cien están en condiciones de adoptabilidad. Mitos y tabúes son la principal estructura que impide adoptar.

Adopciones en Mendoza: aunque son pocas, el 90 % de las vinculaciones son positivas

Foto: guiadelnino.com

Sociedad Unidiversidad Adopción / por Unidiversidad / Ángeles Balderrama / Publicado el 21 DE DICIEMBRE 2020

El caso de los hermanos de Guinea Bissau, adoptados en África y abandonados en una comisaría de Bahía Blanca, y la situación de la niña de la provincia de Misiones que estaba bajo cuidado de una familia solidaria colocaron el tema de las adopciones en el centro de las miradas durante el último mes. En este sentido, según el Registro Único de Adopción provincial (RUA) provincial, el 90 % de las vinculaciones son positivas y finalizan en una adopción. Aunque existen situaciones en las que no se cumplen las condiciones de integración, consideran que se trata de casos aislados.

“Tenemos personas inscriptas con una expectativa de posibilidad adoptiva diferente a la realidad. La vinculación implica un gran movimiento, tanto en las familias como en el niño que se va a integrar, entonces puede ser que no se den las condiciones, pero lo que sí es más raro es que ocurra de esta manera tan vulneratoria de derechos. En Mendoza, el 90 % de las vinculaciones es positiva y continúa, y hay casos en los que no. A veces es la familia o son los mismos niños quienes dicen que no pueden seguir con el proceso, o los profesionales que consideran que el vínculo no es saludable, y ahí esa vinculación se interrumpe”, detalló Verónica Gutiérrez, coordinadora del RUA.

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Para Gutiérrez, en el caso de los hermanitos de África hubo una dificultad de base, ya que la Convención de los Derechos del Niño, firmada por Argentina, hace una reserva de adopción internacional, es decir, la no realización de una adopción internacional. “Eso no ha frenado que gente vaya a otro país a adoptar y después vuelva a Argentina para hacer el reconocimiento, pero ese es otro proceso que en el caso de esta familia no se hizo”. Por otro lado, en relación a la niña de El Dorado, Misiones, destacó que otra de las dificultades es no conocer qué es adopción. “A la familia solidaria, acá la llamamos temporaria justamente para reflejar el proceso. En Mendoza trabajamos muy bien con las familias temporarias, pero hay que entender que este sistema no es una vía para adoptar”.

La adopción en el país aún se encuentra atravesada por mitos y tabúes; por ejemplo, el estar en un matrimonio, poseer una casa propia o tener un buen salario. Sin embargo, los requisitos principales son más simples: DNI, certificado de antecedentes penales, ser mayor de 25 años, asistir a un curso informativo antes de la inscripción y detallar cuál es el proyecto adoptivo.

En Mendoza, hay aproximadamente 500 niños, niñas y adolescentes institucionalizados en hogares o familias temporarias, de los cuales solo 100 están en condiciones de adoptabilidad. La Convención de los Derechos del Niño busca que estos, en primera instancia, puedan reintegrarse a su familia de origen, pero al agotarse el tiempo, el caso se traslada de los juzgados a los registros de adopción. A su vez, la principal dificultad en el proceso de vinculación se encuentra en el deseo de las familias, que mayoritariamente buscan niños menores de tres años.

“Los chicos que buscan adopción sufren mucho porque vienen del abandono de su familia de origen, que era la que tenía que cuidarlos y no lo hizo. Si se animan a volver a apostar a una familia nueva y esa también vuelve a fallar, es muy complicado para los chicos. Ni hablar de cuando llevan cuatro vinculaciones fallidas, en las que no solo fallan los adoptantes, sino también un coro de adultos como la jueza, la psicóloga que eligió mal a la familia y el servicio de recepción. Cuando llegan quienes verdaderamente lo adoptan, están muy lastimados, por eso los padres deben tener una fortaleza muy grande para sostener a un ser tan herido de guerra. Uno tiene que llegar para sanar heridas muy profundas y en la mayoría de los casos ya vienen con cicatrices que no se pueden curar”, explicó Laura Salvador, presidenta de la organización Ser Familia por Adopción a Unidiversidad.

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De 509 legajos, el 86 % de futuros adoptantes recibe niños de hasta 3 años y solo una familia acepta a niños de 14 años en adelante. En relación a la adopción de grupos de hermanos, si bien el 58 % de las personas expresa que sí acepta, la mayoría recibe hasta dos niños, “pero no 3, 4 o 5 que es la realidad”. Por otro lado, al preguntar si podrían vincularse con niños que tengan alguna discapacidad o una enfermedad que necesite un largo tratamiento, el 79 % no acepta. “En la realidad hay muchos casos que de hermanos que tienen 17, 12 y 4 años, y uno de ellos tiene discapacidad, entonces a veces se dan todas esas variables juntas lo que genera que ninguno de los legajos que tenemos inscriptos coincida con ese perfil”, comentó Gutiérrez.

Para Laura Salvador, esta situación se relaciona con diversas variables. “En principio, socialmente, cuando las mujeres crecemos, nos imaginamos como madres de un bebé, y deconstruir eso es complejo. Además, la mayoría que llega al mundo de la adopción ya intentó ser padre por biología y por técnicas de fecundación asistida”.

“A todo eso se suma el mito de que si adoptamos un chico grande vamos a tener problemas, porque se piensa que a un bebé lo 'hacés' a tu manera, como si fuese plastilina. Lo mismo pasa con la discapacidad. En el momento en que la gente cambia el chip y se da cuenta de que la adopción es para restituirle un derecho al niño y no para que me dé un hijo a mí, empieza a pensar que puede adoptar niños de otra edad y acepta una espera activa”, agregó Salvador.

 

Adopciones fallidas, una historia de vinculación compleja

Desde el RUA comentaron a este portal que sí existen casos de vinculaciones fallidas, pero consideran que se trata de situaciones aisladas. La historia de Marcela, de Malargüe, y Sonia, de Guaymallén, es un ejemplo. Aunque desconocidas al principio, sus historias de vinculación fallida se unieron durante la pandemia.

“Con mi marido nos enteramos del caso de unas nenas que tenían una discapacidad mental leve y buscaban familia. Después de hablarlo, decidimos presentarnos. Al principio fue todo una maravilla y desde el Registro nos explicaron que nuestro legajo había sido seleccionado para la adopción de la nena más pequeña (12). En marzo tuvimos el primer contacto y la niña era un amor. Luego de varios encuentros, rompieron todo contacto, a la niña la cambiaron de hogar y sé que aún pregunta por mí y la casa de Malargüe”, explicó Marcela a Unidiversidad.

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De la misma manera, Sonia y su esposo se enteraron del caso y decidieron presentarse a la convocatoria pública. “Al presentarnos nos dijeron que ya había una familia para la más chica. Como todo estaba bien, nos dijeron que probablemente a nosotros nos iban a dar a la más grande (15) y que en una semana nos llamaban. Esperamos seis meses y la respuesta fue negativa. Nos dijeron que la nena tenía demasiados problemas, que era conflictiva y que preferían darnos a uno con menos problemas. Nosotros no entendimos, culparon a la niña para no darle una familia y a nosotros nos mandaron a terapia por ansiedad”, expresó Sonia.

Para Ariel Vijarra, fundador de Acunar Familias, una organización no gubernamental que vela por los derechos de las familias que buscan adoptar, este caso fue complejo. “Acompañé a Marcela durante el proceso. Fue un atropello institucional y de derechos hacia una familia y hacia la niña que está institucionalizada. En toda la Argentina pasan situaciones similares, en las que se les hace creer que no son nada, que no van a tener un futuro y se los aleja de las posibles familias”.

En relación a este caso particular, explicaron desde el RUA que no pueden dar detalles porque es una situación que está vigente y judicializada; sin embargo destacaron que poseen la filmación de las niñas que sirve como prueba. “Muchas veces, las familias se enojan cuando les decimos que deben repetir la evaluación, realizar un paso más o ir a terapia, pero después logran entender. Casos de desvinculación, la verdad, no suceden tan a menudo, no son comunes”.