Cuestionar la elección de la reina “remueve lo más profundo del imaginario colectivo”

¿Qué significa, en una sociedad heteropatriarcal, la figura de la reina y la tradición de su elección? ¿Por qué cuestionarla es tan difícil y necesario a la vez? Dialogamos con Alejandra Ciriza y Soledad Gil.

Cuestionar la elección de la reina "remueve lo más profundo del imaginario colectivo"

Cuestionar la elección de la reina “remueve lo más profundo del imaginario colectivo”. Imagen: freepik.com

Identidad y Género

Unidiversidad

Julia López

Publicado el 02 DE MARZO DE 2022

En los últimos años, se ha logrado instalar el debate por la elección de la reina de la Vendimia. Con la fuerza de los feminismos actuales, el tradicional certamen es cuestionado por ser un concurso de belleza que, a pesar de los cambios, no ha logrado modificar su esencia. En el conflicto, hay quienes problematizan los estereotipos y la sexualización de los cuerpos de las mujeres, y también quienes sostienen que, por su tradición, el certamen es el pilar de la fiesta. 

Este último argumento, según el cual “sin reinas no hay vendimia”, cala en lo más profundo de la sociedad mendocina. De él surgen algunos interrogantes: ¿qué lugar ocupa esta tradición en “el inconsciente colectivo” y por qué? Para intentar responder estas preguntas, desde Unidiversidad dialogamos con dos investigadoras del Conicet: Alejandra Ciriza, docente de Filosofía, y Soledad Gil, comunicadora social.

La Fiesta de la Vendimia, desde su primera celebración en 1936, incluye la elección de una “reina” que, históricamente, ha sido destacada por sus atributos físicos. Para muchas personas, ese certamen es inescindible de la esencia de la fiesta: las manifestaciones artísticas, la recuperación de la historia de la vitivinicultura y del sector trabajador, los festejos iniciales vinculados con el trabajo colectivo que significaba la cosecha. 

¿Por qué las reinas ocupan ese lugar en el imaginario colectivo?, se pregunta Ciriza, e intenta responder con reflexiones de Cornelius Castoriadis, filósofo y psicoanalista grecofrancés, sobre lo que llamó “teoría de los imaginarios”: “Aquello que se mueve en el espectro de lo imaginario tiene que ver con el deseo”, apuntó la investigadora. El deseo, a su vez, “tiene una cierta tendencia a la fijación. Y si hay algo que es difícil de mover es la idea de que las mujeres somos diosas, reinas o demonias”.

Entonces, avanza Alejandra Ciriza, “esta idea de la reina de la Vendimia se ubica en el orden de lo imaginario; su persistencia tiene que ver con la dificultad para remover lo más profundo de la psiquis individual y lo más profundo de los deseos colectivos, que siguen estando regulados por relaciones heteropatriarcales que hacen que las mujeres —y todas las personas que se asimilan a mujeres— sean pensadas como los cuerpos objeto de deseo y como aquello que mueve el deseo, pero que no es deseante”. 

En ese mismo sentido, la docente de filosofía y militante feminista se refirió a La mujer de la ilusión, un texto de Ana María Fernández. Aseguró que “el relato de las reinas forma parte de un conjunto de relatos e imágenes que construyen a las feminidades hegemónicas (...) No es solamente un problema de ‘mujeres sin más’. Tiene que ver con la reproducción de esa ‘mujer de la ilusión’ que es ‘la reina’”.

Aquí coinciden Ciriza y Soledad Gil al entender que las modificaciones normativas que puedan existir –como cuando se eliminaron las restricciones de edad o altura– son necesarias pero no suficientes. Sigue habiendo una gran brecha “entre lo que se va escribiendo o reglamentando, y la práctica concreta o real”, explica la comunicadora. “Nos vamos a seguir encontrando con que la mayoría de las personas siguen cumpliendo requisitos de hace muchísimo tiempo”.

Es que la elección de la reina está ligada a la tradición de esta “mujer de la ilusión”, que tiene parámetros muy acotados sobre cómo debe ser y cómo se debe ver. Los cuerpos están idealizados bajo estándares que reproducen “la dominación heteropatriarcal, racista, clasista”, manifiesta Ciriza. 

Por eso no hay variedad en la representación. No vemos mujeres gordas, viejas, indígenas o trans; ellas no tienen lugar real en el certamen: “Estamos mostrando un cuerpo con determinadas características, con determinados rasgos, color de piel, altura, color de ojos; un canon de belleza que se ha modificado en la letra escrita, pero no en la práctica”, amplía Gil. 

Por esa misma razón, difícilmente cambie el contenido si solo se cambia el título, especificó la docente: “No se van a remover discursos, rituales, prácticas porque una ley diga que ya no hay concursos de reinas de la vendimia, sino embajadoras. Esas embajadoras van a reproducir, con otro nombre, el lugar de reinas”.

 

¿Se resuelve el conflicto de manera legal?

Desde 2013, la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de Violencia de Género (Consavig), del Ministerio de Justicia de la Nación, impulsa la campaña "Ciudades sin Reinas", que busca ponerles fin a los concursos de belleza. Son alrededor de 75 las localidades que, en todo el país, eliminaron los certámenes de este tipo

En Mendoza, el cuestionamiento está instalado. En los últimos años, se han suspendido elecciones de reinas de ámbitos estudiantiles, infantiles y distritales. El debate hoy quedó instalado por una iniciativa de Guaymallén, que también anuló el concurso mediante la Ordenanza 9196-21

A pesar de la firme decisión municipal –y del auge de las luchas feministas–, llovieron reclamos, y las comisiones de reinas de la Vendimia, junto con representantes vecinales, organizaron una elección paralela. Resultó ganadora la ciudadana Julieta Lonigro y comenzaron las acciones para lograr insertarla en el acto oficial. Presentaron recursos ante el intendente, ante el Concejo Deliberante, incluso llevaron el conflicto a la Suprema Corte de Justicia de Mendoza

La Sala II, integrada por los jueces Mario Adaro, José Valerio y Omar Palermo, resolvió suspender la ordenanza de Guaymallén para la Vendimia 2022. El dictamen no fue unánime; Palermo votó en disidencia: destacó la legitimidad democrática del Concejo Deliberante del municipio y la necesidad de “resignificar el patrimonio cultural con perspectiva de géneros”. 

Puesta en escena de artistas en Vendimia

Conciencia colectiva versus libertad individual

La cautelar presentada ante el máximo tribunal mendocino se fundaba en herramientas legales contra la discriminación de género. Entre sus argumentos, aseguraban que la ordenanza aprobada en marzo de 2021 vulnera la igualdad, es violatoria de la Convención para la Erradicación de todas las formas de Discriminación contra las Mujeres (Cedaw), del derecho a trabajar “y las leyes provinciales que consignan las instituciones de la Vendimia”.

Soledad Gil aseguró: “Tenemos que tener cuidado y ser bastante cautelosas” porque distintas convenciones, tratados y leyes que, desde los feminismos, se consiguieron "con muchísimo esfuerzo, debate y militancia” son utilizadas “para justificar todo lo contrario, como un contrasentido, que es peligroso y sobre el que hay que poner mucha atención”. 

Alejandra Ciriza remarcó que estas interpretaciones opuestas al espíritu de las normativas son posibles porque se aplican “en contextos neoliberales, heteropatriarcales y racistas”, que confunden la discriminación por razones de género con la anulación de un concurso de belleza. El pensamiento de “Me presento porque quiero” es válido; la política de Estado en contra de los concursos de belleza, también.

Soledad Gil no discute la libertad de elección de las participantes en el certamen, pero sugiere “salir de ese lugar porque nos encierra en la imposibilidad de pensar la complejidad de la cuestión, que no se trata de algo individual, sino de algo colectivo”.


 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Entonces, más allá de las decisiones individuales –explica la especialista–, se está ejerciendo violencia simbólica a través de la reproducción de mensajes estereotipados que calan muy hondo en las subjetividades y son particularmente dañinos en niñas y adolescentes. Por eso, “hay que revisarlo de manera colectiva y no tomarlo como una decisión individual”. Complejizar el debate es visibilizar “las violencias que están entrampadas en esto”, que están naturalizadas en nombre de “lo tradicional”.

Por último, la comunicadora propuso –más que resignificar el rol de la reina– preguntarnos qué lugares pueden ocupar las mujeres y diversidades en la Fiesta de la Vendimia y todas las instancias de celebración, no solo en el Acto Central. Pensar la complejidad de la cuestión es reflexionar sobre qué rol tienen las mujeres en un festejo tan tradicional: “Qué lugares ocupamos, cómo los ocupamos, cómo nos queremos visibilizar y cómo queremos participar, en el sentido de qué mensaje queremos construir”. Quizás sea momento de desnaturalizar el hecho de que “las mujeres siempre estamos asociadas al atributo, a cuestiones que tienen que ver con cualidades, y los varones, a la acción, al verbo”, concluyó Gil.

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