De corto, nada

"Si falta una, nos movemos todos"  es un audiovisual de corto tiempo, pero máximo compromiso. Los alumnos del CENS 3-474 lo grabaron para solidarizarse con la búsqueda de Johana Chacón y Soledad Olivera, desaparecidas.

De corto, nada

Captura de pantalla.

Cultura

Unidiversidad

Natalia Bulacio

Publicado el 18 DE NOVIEMBRE DE 2012

El CENS 3-474 de Godoy Cruz,  se ubica frente al Campo Papa. Es una escuela muy humilde, de bajos recursos, con jóvenes y población adulta también humildes. La mayoría del curso son jóvenes de un poco más de 18 años y tres mujeres adultas. Están en 2do año, lo que les significa transitar el último tramo.

Su docente, Sebastián Henríquez (32 años), preocupado por las víctimas de la trata de personas, decidió aportar desde su visión un guión que contuviera la problemática, para trabajar con su alumnado. Así nació: Si falta una, nos movemos todos.

¿Por qué hacer un corto? “Porque me parece que el cine, lo audiovisual, es el arte de nuestro tiempo y es fácil de difundir y socializar (si esto hubiera sido un cuento o una novela, hubiera circulado mucho menos). Un arte que incluye también a la palabra y el aprendizaje de un lenguaje complejo” se apura a decir Henríquez.

 Este es un claro ejemplo de solidaridad con la escuela Virgen del Rosario, del distrito Tres de Mayo de Lavalle, cuyos docentes y alumnos buscan intensamente a Johana Chacón (desaparecida el 4 de septiembre de 2012) y a Soledad Olivera (quien fue vista por última vez el 18 de noviembre del 2011).  Si bien aún estas desapariciones se están investigando, una de las especulaciones es que las jóvenes podrían ser víctimas de explotación sexual.

 ¿Cómo surge la iniciativa? ¿Cuánto hubo de tu parte en tu rol docente, y cuánto de intención de los/las alumnos/as?


Por mi actividad sindical, conocía de cerca lo que estaba sucediendo en Lavalle gracias a compañeras que trabajan allá. Movilizado por el relato y el compromiso de mis amigas, intenté aportar algo a la búsqueda, en principio solitaria, que estaba llevando adelante la Escuela Virgen del Rosario, con su directora Silvia Minoli a la cabeza.

La iniciativa fue mía, pero se la propuse al grupo de alumnos/as más difícil y frustrante que había tenido en mucho tiempo, como un intento más de incentivarlos y encontrarle la vuelta que no le encontraba a las clases. Les propuse hacer un cortometraje porque ya había tenido una experiencia con un grupo el año pasado que me había dado buenos resultados. Pero este era mucho más ambicioso. Les presenté una propuesta de guión (no logré que hiciéramos uno colectivo) y ahí comenzó el primer entusiasmo. Vimos tutoriales sobre cómo hacer guión, planificar filmación, tipos de planos, etc.

Me documenté, leí bastante y en el medio hice un taller de Hacer cine en la escuela, cuando el corto ya iba por la mitad. Los dividí en Dirección (donde estaba yo), Producción, Cámaras y Actuación. A partir de la primera jornada de filmación fuera de la escuela, en la casa de uno de los chicos (escena con los adolescentes y la familia), se instaló la sensación de que era “en serio”.  Creé un grupo de facebook privado por el que nos comunicábamos en la semana repasando lo que íbamos a hacer, dividiendo tareas, subiendo los materiales editados para que fueran viendo los avances y opinaran sobre la edición (que iba haciendo yo). Para cuando llegamos a la escena del micro (la más difícil técnicamente) el grupo estaba compenetrado y ya todos/as sentían que estábamos haciendo algo importante y de calidad.

Para entonces, mi papel era exclusivamente de director, pero la totalidad de los planos fueron filmados por ellos. Cada toma la discutíamos, la pensábamos y la filmaban ellos hasta que estuvieran conformes. En el proceso, el guión se fue adaptando a la realidad material (casas que conseguíamos, actores disponibles, etc.).

La experiencia de viajar a Lavalle para filmar el final fue muy fuerte emotivamente. Fue el salto que convirtió nuestro trabajo en algo real, en un acto político de intervención donde ficción y realidad se imbrican naturalmente. 

 ¿Cuál fue el objetivo?

El objetivo siempre fue doble: primero, realizar una práctica pedagógica movilizadora, significativa, con sentido y que implicara despertar y desarrollar nuestro potencial creativo: reconocernos en un producto que nos representara un desafío y una conquista. Segundo, que esa práctica desbordara la escuela hacia lo social, lo político, lo actual: que fuera útil, que influyera. 

¿Cómo se sienten los/las alumnos/as con el resultado final?

Están muy contentos/as y orgullosos/as. Además, esto los unió mucho como grupo, sirvió para sortear diferencias que los dividían. Están en su último año y son un orgullo no sólo para su escuela sino para la comunidad educativa y para miles de personas que vieron y difundieron el corto, teniendo en cuenta, además, que no tuvimos otro apoyo que el de la escuela, nuestros pares y amigos. 

Estamos muy agradecidos a la Escuela Virgen del Rosario, a las docentes, compañeros/as y organizaciones que llevan esta lucha desde el principio, ellos/as son los destinatarios naturales de este trabajo; a las familias que nos ayudaron; a la dirección de nuestro CENS y a todos/as los/as profes, celadores, etc., que apoyaron y acompañaron; a las organizaciones, grupos y miles de personas que tomaron el corto como propio y lo difundieron. 

Mirar, para pensar

El video realizado por los alumnos, dura alrededor de 10 minutos con articulación a las marchas en Lavalle en la búsqueda de la niña Johana Chacón. “Si falta una, nos movemos todos” cruza dos historias.

Podés verlo aquí 

Si falta una, nos movemos todos

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