El caso Verón, una trama de miedo y complicidad

El libro "La red. La trama oculta del caso Marita Verón" es una crónica en la que la periodista Sibila Camps cuenta los detalles del juicio por el secuestro de Marita Verón, un juicio que terminó con la absolución de los trece acusados y acusadas.

El caso Verón, una trama de miedo y complicidad

Marita Verón con su madre Susana Trimarco

Identidad y Género Unidiversidad por Elizabeth Auster / Publicado el 13 DE SEPTIEMBRE 2013

La trata de mujeres para explotación sexual es un delito que atraviesa todo el país; en Mendoza lo sabemos muy bien. Este delito se sostiene no solo porque hay clientes dispuestos a pagar sin preguntarse si la mujer por la que pagan eligió tener sexo por dinero, sino también porque hay un entramado de complicidades e impunidad que permite a las redes operar de esta manera. En La red. La trama oculta del caso Marita Verón, la periodista Sibila Camps relata y analiza los aspectos que la justicia tucumana, en el juicio realizado en 2012 por la desaparición de la joven María de los Ángeles diez años atrás, eligió ignorar.
 

Sibila, ¿cómo llegaste a cubrir este juicio? ¿En qué se diferencia tu cobertura de la de otros y otras periodistas?

imageEmpecé a trabajar en los temas de trata sexual en 2008 en forma concomitante con violencia de género. En agosto de ese año fui a hacer una nota previa a la inauguración del primer albergue para víctimas de trata, de la Fundación María de los Ángeles en Tucumán y me quedé unos tres días; fue un seminario intensivo, de alguna manera, sobre la problemática, y al tomar contacto, empecé a profundizar en el caso Marita Verón y a seguirlo de cerca. Ya estaba por jubilarme y trabajaba en otro libro sobre Tucumán (que iba a ser el segundo, pero que ahora será el tercero) cuando salió la fecha del juicio, y decidí que no me lo podía perder por nada del mundo. Me interesaba muchísimo, lo conocía muy bien y sabía de qué contextos eran emergentes tanto el juicio como el caso en sí mismo. El libro anterior es El sheriff. Vida y leyenda del Malevo Ferreyra, que es una especie de historia de Tucumán en los últimos 70 años a través de la vida de él. Por lo tanto, sabía muy bien que iban a aparecer naturalmente los contextos de violencia, la matriz de miedo que tiene Tucumán, la mafia del clan de "El Mono" y "La Chancha" Ale. Eran muchísimas cosas que iban a aparecer, pero que al mismo tiempo se estaba buscando tapar; no habían salido casi nunca o se trató de descartarlas dentro de la instrucción y, en el juicio, los defensores iban a hacer lo imposible por descartarlas. Lo que pasa es que una cosa es la justicia que se maneja de manera lineal, en función de un solo caso, de una sola víctima, cuando en realidad aparecen decenas o centenas de víctimas en ese mismo caso, y otra cosa es el trabajo periodístico. Lo que me interesaba es, justamente, poder poner eso en su marco, mostrar el panorama, los contextos de los cuales eran emergentes el juicio y el caso. Por ese motivo me dije: "Quiero restituir lo que no va a salir en el juicio", y fui a cubrirlo. Después de las primeras dos semanas, cuando declararon las dos primeras acusadas, una de ellas sin contestar preguntas, vi que todo lo que estaban contando yo lo había investigado para el libro anterior. Eso no estuvo prácticamente presente en la sentencia, pero sí en mis notas. Eran cosas que trascendían por completo mis notas porque no había espacio suficiente ni formato para hacerlo, por eso a la segunda semana me dije: "Acá tengo otro libro".

Esta perspectiva de género que lograste cuando fuiste a ver el albergue, ¿fue lo que te permitió ver lo que los jueces no quisieron ver?
Claro, venía trabajándolo desde antes. Cuando fui a Tucumán por primera vez para este caso, ya había hecho algunas notas sobre trata sexual, tanto en Tucumán como en otras provincias o en la ciudad de Buenos Aires. No fue algo que me tomara por sorpresa. De todos modos, al escuchar a las víctimas que dieron testimonio durante el juicio, sobre todo las que vieron a Marita Verón o estuvieron con ella, pude darme cuenta de que muchas cosas que creía estaban equivocadas o eran mucho más complejas. Por ejemplo, no podemos hablar de trata sin hablar de prostitución y explotación sexual, porque las tres forman parte del mismo problema. Es un camino reversible en el que la mujer está hoy en situación de prostitución, mañana está siendo explotada por un fiolo, pasado está de nuevo por su cuenta, después va a un prostíbulo a conciencia y termina esclavizada hasta que puede salir o la sueltan, y se vuelve a enganchar con un fiolo. Puede salir de la prostitución, por supuesto, pero ahí hacen falta políticas públicas. Es muy difícil hacerlo, sobre todo por la vulnerabilidad personal y social que tienen esas mujeres.

Más aún cuando todo complota para que vuelvan a hacer aquello que es lo único que han aprendido a hacer.
Exactamente. Una de las cosas más conmovedoras, que nos hizo llorar a varias periodistas, fue el testimonio de la madre de una chica que, en medio de una situación de vulnerabilidad social, siendo adolescente, se escapa de su casa, se va con una amiga que en realidad es un reclutadora (y que también estuvo en situación de prostitución con una de las mujeres que fueron acusadas y luego absueltas, Daniela Milhein), y al irse termina esclavizada. A la madre le costó muchísimo sacarla, contaba que la habían lastimado muchísimo y lloraba al decir que le habían pedido plata para rescatarla y que ella no tenía la plata. Finalmente inventó una excusa y pudo sacarla, cuando todavía era menor de edad. La chica estuvo un tiempo abierta de ese ambiente y, más tarde, como alguien de la familia estaba ligado a Daniela Milhein, cayó nuevamente en eso. Pasaron muchos años y sigue en la prostitución. La madre cerró su declaración diciendo: "Siguió haciendo lo que había aprendido a hacer".

A ustedes las conmovió, pero el Tribunal decidió ignorar todos estos testimonios y no darles validez como prueba de los delitos que tenían que ver con trata y explotación.
No exactamente. La sentencia es un horror, en primer lugar, en el sentido de que hay cosas que no se entienden; está mal redactada, mal escrita. Es una especie de corto-y-pego de actas, a su vez mal redactadas, que son las constancias de lo que declararon los testigos. El 80 por ciento del texto son estos copio-y-pego en los que hay cosas repetidas, contadas tres veces de tres maneras distintas, pero ninguna es la real. Además, tiene montones de incoherencias, algunas muy elementales. Los jueces toman los testimonios como una constancia de que existía una red de trata y ordenan investigarla en La Rioja, que es como poner al lobo a cuidar a las gallinas. Les creen eso y no les creen que estuvieron con Marita Verón. No se puede utilizar una cosa para probar algo y también lo contrario. Es un principio elemental del derecho.

Hay montones de incongruencias, declaraciones tergiversadas, dadas vuelta, cambiadas, que he presenciado y que aparecen en mis notas, porque tengo apuntes tomados textualmente. Es decir que no es una cuestión de malentendidos, son cosas que se dijeron. Además, el Tribunal evitó grabar, aunque fuera en audio, las audiencias, como para que no quedara ningún testimonio. Hay una trama oculta detrás de esto que busco analizar en el libro, voy marcando a lo largo del relato y redondeo hacia el final, porque creo que realmente hay un montón de cabos que, si se mira el revés de la trama, se pueden empezar a entender. Ahora, no es solamente respecto de este tribunal. Hay que entenderlo como fenómeno social, político, judicial. Son distintos contextos que se van entrecruzando.

Cuando hablamos de redes de trata, decimos justamente eso, que hay una trama. Hay una persona que vigila y marca, otra que recluta, una complicidad policial, una complicidad judicial…
Eso es una parte muy importante del libro, pero hay también otros contextos. Están los políticos, los que se fueron armando a lo largo del año pasado y parte de este, porque también se han ido modificando cosas. Hoy en día, gracias a ese fallo, estamos hablando más del tema y algunos funcionarios empiezan a poner las barbas en remojo y a buscar el cumplimiento de una ley de 1937, la que prohíbe los prostíbulos en todo el país. Marita Verón termina siendo una mártir, pero gracias a eso hoy es socialmente incorrecto que un legislador, como el diputado santacruceño Rubén Contreras, diga que los prostíbulos son beneficiosos y que además evitan las violaciones, lo que es una cuestión de ignorancia, porque la inmensa mayoría de las violaciones se producen en el ámbito intrafamiliar.

Además de que, si una mujer que está en un prostíbulo y no ha accedido a estar en él, si ha sido secuestrada para su explotación sexual, cada pase, cada atención a un cliente, es una nueva violación, porque ella no está dando su consentimiento para esa relación.
Claro, pero vuelvo a lo que decía antes. Aun en el caso de una mujer que puede estar dando su consentimiento, hay que ver cómo empezó. La inmensa mayoría de las mujeres en situación de prostitución, estén esclavizadas, simplemente explotadas o como sea, son iniciadas siendo menores de edad. Ninguna mujer, de la misma manera en que decide ser locutora, periodista, odontóloga o peluquera, decide ser prostituta. Eso no existe. No hay ninguna mujer que, de niña, haya soñado ese futuro para sí. No son elecciones libres, son opciones condicionadas y hay que ponerlas en ese contexto. Esa es una de las cosas que aprendí en este juicio.

En la sociedad tucumana, entonces, ¿ves que se entrecrucen desigualdades de género y de clase que hacen que ciertas mujeres sean más vulnerables a un poder político?
No, el poder político surge en otro tipo de cosas. La vulnerabilidad se da en todo el país, no solamente en Tucumán. La inmensa mayoría de las víctimas de explotación sexual y de trata tienen una vulnerabilidad social, familiar, educativa, son madres solteras, tienen carencias afectivas. Quizás se engancharon con un hombre que es el que termina explotándolas. He hablado con varias en esa situación y es algo que se da en todo el país. Los secuestros, como el de Marita Verón, con uso de violencia, son bastante inusuales. En general se da mediante engaños o con una convicción. Es algo curioso. Una de las chicas que declaró, que por suerte no llegó a ser trasladada, hablaba de cómo reclutaba Daniela Milhein a otras chicas y contaba de su vulnerabilidad. No lo decía con estas palabras, decía que eran chicas muy pobres, que se veía por la forma en la que se vestían y en la que hablaban, y decía: "Las convencía por su propia voluntad". El término me pareció muy interesante, por eso no quise ponerme a hacer lo que la Justicia o la policía no hicieron, o no quisieron hacer, sobre todo después de diez años, sino revelar lo que estaba a la vista: exponerlo, analizarlo e interconectarlo. Es una de las cosas de las que más me preocupé en el libro.

El poder político interviene en la trata para brindar protección. Es decir que hay un sistema prostituyente que no es autónomo del poder político, del Estado. Los prostíbulos existen porque se les da una habilitación como wiskerías, como pubs o como lo que sea, porque no se los controla o porque, cuando se los controla, los inspectores municipales hacen caso omiso de lo que ven y no dicen nada, o piensan que eso solo es una wiskería. Quizás sea eso y nada más, pero el albergue transitorio o el prostíbulo al que van después está al lado, por lo que es un lugar de facilitación de la prostitución, lo que también es un delito. Ahí interviene la policía para cobrar las coimas. También hay funcionarios judiciales que hacen caso omiso o que quizás tienen esa visión patriarcal de que está bien contar con este tipo de lugares, está bien alquilar o comprar una mujer simplemente para tener un orgasmo.

Y cuidar así a las otras mujeres, a las que deben ser cuidadas, como se sostenía desde la postura higienista de hace más de 100 años.
Sí, que quizás tampoco sirviera porque tampoco las cuidaban. Volviendo a tu pregunta, lo que quiero decir es que el poder político interviene para esto, para que no se cumplan las leyes o, cuando toma la decisión de hacerlo, para que cambien las cosas. Van cambiando de maneras distintas en distintas partes del país. Hay lugares como Paraná donde, poco a poco, a lo largo del año pasado, cerraron todos los prostíbulos, dieron a las mujeres alternativas de capacitación y reinserción laboral, y se desplegó una serie de programas nacionales y sociales que ya existían. De esta manera, se ofrecieron alternativas. Si no se dan alternativas, lo único que se logra es que esa mujer esté más vulnerable que antes y vuelva a la misma situación, porque no tiene cómo sobrevivir y darles de comer a los hijos.

En una entrevista reciente, explicaste que había una enorme brecha entre el Tribunal, que usaba un lenguaje jurídico, y las víctimas que daban testimonio, que usaban un lenguaje propio del ambiente prostibulario. ¿Entendés esta brecha como un impedimento para el acceso a la justicia por parte de estas mujeres?
Por supuesto, por lo menos para que se las comprendiera. Lo que pasa es que el tribunal no estaba para nada formado en la perspectiva de género ni en la problemática de trata. Yo marco de entrada que la Corte Suprema de Justicia de Tucumán organizó, junto con la Oficina de la Mujer de la Corte nacional, unas jornadas de capacitación para el Poder Judicial de Tucumán sobre género y trata sexual. Lo hicieron justo los dos días previos al inicio del juicio, es decir, el 6 y el 7 de febrero del año pasado. Ni el Tribunal, ni el personal del Tribunal de la Sala II, ni los fiscales, ni sus secretarias, ni sus secretarios fueron. No concurrió nadie del Poder Judicial que interviniera en el juicio. Por lo tanto, no entendían lo que decían las chicas y, por otro lado, las preguntas que les hacían, sobre todo cuando las hacían los abogados defensores (aunque en el caso de ellos era a propósito), las hacían utilizando términos jurídicos para intimidarlas, para amedrentarlas. Pensemos en chicas que tenían muy bajo nivel de instrucción; dos de ellas eran analfabetas. Esto se hizo como una manera, no de privarlas del acceso a la justicia a ellas, sino a Marita Verón.

Así es como se llegó a una definición con trece absoluciones.
Esa trama se fue tejiendo con hilos de distintos colores, para decirlo figuradamente. Cada color representa un contexto: la Justicia penal de Tucumán, que tiene características especiales; esa matriz de miedo; el polo prostibulario del Noroeste, sobre todo en La Rioja, relacionado con el crecimiento industrial de la provincia; la vinculación con el poder político (Menem y el exgobernador Miranda), entre otros. Es muy complejo.

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