El navío estancado

La querella de las mujeres por la igualdad de género.

El navío estancado

"We Can Do It!" fue utilizada en los 80 para promover el feminismo. Antiguamente fue un afiche publicitario de la compañía Westinghouse Electric.

Facultad de Filosofía y Letras Suplementos Especial Feminismo, ciencia y derechos / por Marian Nahir Saua, becaria de Prensa de la Facultad de Filosofía y Letras / Publicado el 20 DE MAYO 2016

El machismo, el androcentrismo y el patriarcado todavía existen en la sociedad actual. El androcentrismo es la visión del mundo desde el punto de vista masculino, el machismo es la idea que subyace en el inconsciente de la sociedad que hace que se considere al hombre superior a la mujer y el patriarcado es el dominio del orden social a manos de los hombres a través de violencia simbólica que presenta como “natural” la situación de subordinación de la mujer.

Tal vez muy diferente sería el mundo si estuviera en las manos de las mujeres. Así lo imaginó Aristófanes en Lisístrata. Cristina Silventi, licenciada y docente de la Facultad de Filosofía y Letras, resalta la importancia de esta comedia griega. En la obra, un grupo de mujeres atenienses liderado por Lisístrata hace una huelga de abstinencia para acabar con la guerra del Peloponeso, debido a que la violencia que los hombres defendían sólo había traído desolación. Este compromiso de la mujer por la paz trascendió los márgenes de la obra. En el año 2003 surgió el Proyecto Lisístrata: a la misma hora, miles de mujeres en todo el mundo leyeron un fragmento de esta obra como protesta contra la guerra en Irak.

Muchos creen que el feminismo es un conjunto de lisístratas desvirtuadas. Pero no, es la ideología que defiende a la mujer y busca la igualdad de derechos. Feminismo es una palabra que ha tenido numerosas resemantizaciones a lo largo del  tiempo y, a pesar de que no todos coinciden con algunas vertientes feministas de estas últimas décadas, no hay que dejar que la palabra pierda el significado que tanto le costó conseguir.

El término fue utilizado por un médico francés para caracterizar la feminización corporal de los tuberculosos y, luego, retomado por Alexandre Dumas (hijo) para burlarse de los hombres que apoyaban los reclamos femeninos. Recién en 1881, Hubertine Auclert, una sufraguista francesa, utilizó la palabra con un nuevo sentido: el de una doctrina o movimiento que apoya y define los reclamos de las mujeres.

Christine de Pizan, dentro de lo que se denomina la “Querella de las mujeres”, defendió a la mujer contra las concepciones aristotélicas de la época, pero aun así, la Ciencia cerró sus puertas a las faldas y la sociedad en general decidió enterrar  estos reclamos y personajes en el olvido.

El Centro Interdisciplinario  de Estudios sobre la Mujer de la Facultad de Filosofía y Letras tiene como objetivo primordial redescubrir la figura femenina en la historia y revalorizarla en la sociedad actual a través de diferentes perspectivas. Gladys Lizabe, directora del CIEM y profesora de la institución, poéticamente aclara: “Las mujeres siempre hemos existido, siempre hemos estado en la historia, lo que pasa es que nos han ignorado y nos han ocultado. Nuestro objetivo como equipo de investigación es como el de los que pretenden reconstruir un viejo barco hundido y astillado” con piezas esparcidas, enterradas y destruidas para que vuelva a ser lo que era. Como navío estancado está la humanidad sin sus mujeres, y varado seguirá mientras igualmente esté retenida la equidad de género.   

La lucha ha sido lenta y constante. Muchos siglos pasaron para que la mujer pudiera alcanzar parcialmente algunos de sus derechos (como la educación o el acceso al poder). La querella de las mujeres continúa: luchamos contra un sistema milenario, ya sin rostro y sin voz pero con un poder casi imbatible. Las injusticias siguen ocurriendo, todavía se escucha el llanto de las que sufren y el silencio de las que desaparecen. Aún el feminismo es el único escudo que nos protege, pero es solamente un medio, no deja de ser una crisálida que espera metamorfosearse en una sociedad igualitaria. 

 

Por: Marian Nahir Saua, becaria de Prensa de la Facultad de Filosofía y Letras

La Querella de las mujeres