“En América Latina está mi alma”

La música y compositora Susana Baca, revitalizadora de las raíces afro en el arte y el ser peruanos, visitó recientemente la provincia. Edición Cuyo publica la charla que la intérprete mantuvo en el aire de Radio Universidad 96.5.

"En América Latina está mi alma"

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Entrevista: Fito Suden / Edición: Penélope Moro

Publicado el 02 DE MARZO DE 2013

La búsqueda de los aportes afro que los esclavistas del colonialismo jamás lograron extirpar de la cultura peruana. El latido afroperuano del cajón, como símbolo por excelencia de la expresión del fluir por la sangre y el alma del descendiente africano durante el desarraigo. Más que la trayectoria, la trascendencia de esta referente peruana de la música latinoamericana que cuando habla, canta:

Cuéntenos sobre sus investigaciones de lo afroperuano, Susana.

Para mí era una cuestión de honor porque los afrodescendientes han sido el estrato más pobre de la población. Muy marginados, olvidados, silenciados de nuestra historia. Fue descubrir mis raíces y preguntarme: ¿Dónde están? ¿Qué más hubo? Y decidir salir a buscarlas por el Perú. Caminarlo casi a pie, buscando en la costa peruana a los poetas, los artistas, la cultura viva de lo afroperuano que contribuyó a la formación de la cultura nacional. Contribuimos en muchas cosas: la manera de pensar, de actuar, de curar. Todo esto que pertenecía a la cultura afro ha sido compartido en nuestro país con los originarios de estas tierras y de ahí surge lo que somos ahora.

Entonces, ¿por qué negar este aporte y tener a los negros siempre por debajo de la mesa? Nosotros teníamos que mantener nuestra música solo en el ghetto familiar porque no teníamos audiencia en una radio o una tribuna donde expresarnos. Por eso, a mí me pareció importante llevar todo esto por el mundo, este reconocimiento al aporte a la cultura peruana de los afrodescendientes.

En eso, el libro Del fuego y el agua que escribiste hace varios años atrás tiene mucho que ver.

Sí, claro, porque iniciamos ese trabajo con Ricardo Pereira yéndonos por la costa sur y la costa norte de Perú, recopilando canciones y  muchas historias. Esto terminó en un libro, publicado 11 años después, de búsqueda e investigación (en 1992) y un disco que contiene los temas más importantes de ese acervo musical, sobre todo los ritmos afro, los instrumentos. La idea era mostrar esa cultura perdida por el olvido a propósito. Los viejos cultores no querían acordarse de que eran descendientes de esclavos, prefirieron llevarse muchas cosas a la tumba. Como no era importante para ser escuchados entonces, los viejitos cultores se iban muriendo en la indigencia sin ser nunca consultados por lo que siente una persona al escuchar por primera vez un cajón, una calabaza, las canciones de los juegos. Reconstruyendo esa memoria hemos podido tejer nuestro pasado.

¿Qué impronta tiene el cajón peruano? ¿Por qué esa trascendencia al mundo aunque el resto del mundo no sepa de qué se trata?

Pensemos en un grupo humano marginal trabajando en el campo alrededor de los mercados en siglos pasados. Allí llegaban las cajas de frutas recién transportadas, y no faltaba un cargador negro que las llevaba a lomo humano. Entonces, en algunas de esas, se llevaba una caja y en momentos de nostalgia esa caja le sirvió para decir algo. Era gente realmente muy silenciada; para entenderlo habría que tratar, al menos, de imaginarse qué lo que era la esclavitud. No puedes hablar, no puedes manifestarte, solo agachar la cabeza y trabajar. Y en algún momento tenías la necesidad de expresarte, y portabas toda la memoria de ese ritmo ancestral, esa polirritmia africana heredada. Entonces, estos hombres se sentaban sobre esas cajas y se ponían a tocar.

Mirando yo el mundo, me tocó estar en El Congo. Allí veo que un hombre se sienta en la plaza –se celebraba el Festival Panafricano de Música– sobre de una especie de palos unidos por un pellejo templado y lo tocaba exactamente como se toca el cajón, para mí fue muy emocionante.

Después, en la Fiestas de las Raíces Africanas en el Mundo, me tocó participar en representación de Perú. De repente veo que los de las Islas de Reunión se sientan a horcajadas sobre un barril y empiezan a tocar esa madera. Recuerdo que con mis músicos nos reíamos fascinados mirando el barril, señalándolo decíamos: “El abuelo del cajón”.

En el ser humano, el recuerdo que más perdura es el del cuerpo. Lo ves en la danza, cómo un niño pequeñito baila sin que le hayan enseñado los pasos, esa es la memoria del cuerpo. Lo mismo la memoria de las manos, memoria de tocar ese instrumento que no solamente se encuentra en el Perú. Cambia de forma, de la forma en que se toca, pero es el mismo instrumento. Al cajón, lo hemos encontrado en Santo Domingo, en Cuba, en México, Nueva Orleans.

Este grupo humano de negros africanos descendientes de esclavos fueron quienes pusieron al cajón como el principal instrumento de la expresión. En el caso nuestro, de peruanos descendientes de africanos, los cueros eran muy difíciles de mantener templados en un clima tan húmedo como es la costa peruana. Entonces ¿qué era lo que podían tocar los músicos descendientes de África? Podían tocar una calabaza seca que también era una medida de maíz, el checo. Al checo, los esclavos lo volteaban y tocaban. Esos eran los recuerdos, los recuerdos de los ritmos que se le venían a la memoria.

Ahora es un instrumento con todas las medidas, la madera escogida, tiene que ser el cedro, y tiene un orifico atrás para que salga el sonido. Nos ha tocado llevarlo a radios europeas y los ingenieros se han vuelto locos cuando lo han visto. El cajón se ha ido ganando su lugar porque, para nosotros, los afrodescendientes, el cajón es el equivalente al latido del corazón, no podemos vivir sin él.


¿Cómo elige su repertorio, Susana?

Te diría que a veces las canciones te llegan. Por ejemplo, en Los Ángeles un periodista de radio me dijo una vez: “Susana, creo que esta canción es para ti”. Me da una grabación y la escucho, me emociona. Digo, de pronto estás llamando las canciones que van a venir. A veces escucho una y me quedo colgada, pienso cómo buscarla, cómo manejarla, qué ideas agregarle. Tenemos ensayos con los músicos en el sótano de mi casa. Y son sesiones, no tenemos una partitura escrita, eso se hace después. Lo músicos van tocando lo que escuchan y después comienzan a darle forma a la canción. Es un trabajo muy rico porque todos contribuyen creando.

A nivel mundial el tema "Latinoamérica" ganó muchísima difusión, cantado por usted, Calle 13, María Rita y Totó la Momposina… ¿Cómo entró a la cancha ahí?

Fue muy bonito. Yo estaba cantando en Los Ángeles, cuando en eso me dicen: “Ha llegado René Pérez”. Yo ya lo conocía porque, en Lima, mi sobrina me volvió loca cuando se organizó un festival de composición donde yo era jurado. Calle 13 estaba de invitado a tocar en el encuentro y la niña quería que le consiguiera entradas para ella y sus amiguitas. Fue ella quién me los mostró, una niña de unos 16 años.

Entonces en Los Ángeles René me invita participar de su disco, yo lo acepto. Me manda la canción y  la escucho, y al momento de grabarla pensé que lo hacíamos en Puerto Rico, entonces me dice que lo grabamos en Colombia con Rita y Totó.

Llegamos las tres y compartimos un día completo de grabación con René y su hermano Eduardo. Ellos realmente son tan responsables, tan buenos músicos, tan profesionales. René, con su locura de abrazar el mundo, conoce lugares de mi país, y apuesto que de Argentina también, que nosotros no conocemos. Es un chico de una pasión muy grande por la gente, por los lugares, por las historias. Tienen mucha alma y bien alimentada, con padres actores, cantantes, gente metida en el arte desde pequeños. De hecho, ellos me habían escuchado cantar en los discos que su mamá tenía.

Entonces grabamos todo un día esta hermosa canción que me tocó el alma, me emocionó muchísimo. Esa letra es muy poderosa. Me acuerdo de haber sentido lo mismo cuando escuchaba de la voz de Mercedes Sosa: “salgo a caminar por la cintura cósmica del sur”. Me helaba el alma.

¿Cómo es su vida artística?

Bastante movida y, en estos últimos años, mucho más, rodando por Latinoamérica. Creo que ese es un premio de la vida, porque yo antes me iba del otro lado del mundo a cantar. Me iba a cada a rato hasta Europa, Asia, Oceanía, Estados Unidos. Siempre viajando, me pasaba como nueve meses del año viajando. Me decía: “¿Por qué no puedo cantar en Colombia?" Hasta que en el último año se empezó a dar. Los primeros países donde pude cantar fueron Argentina, después Chile, Colombia, Ecuador, Venezuela, y ahora en Panamá y Puerto Rico. Ya la América me está haciendo caso y estoy disfrutando de poder cantar en estos lugares donde está mi alma, mi manera de ser. Tenemos cosas tan parecidas los latinos, que no me siento ajena en ningún país. Acá en Mendoza me parece reconocer calles de Perú, de Colombia, de la patria grande.

¿Recuerda algún concierto que la haya conmovido especialmente?

Fue en Eslovenia; había terminado la guerra hacía muy poco. Ver la alegría de la gente, cómo saltaban de sus asientos, bailaban y gozaban con la música. Fue un momento que nunca me imaginé: llegar a Eslovenia y saber que habían pasado mi música en la radio. Esa vez yo estaba tan feliz que no sentía el frío ni mis pies, yo volaba.

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