“Erradicar la violencia obstétrica es una deuda pendiente del sistema de salud”

Así lo aseguró la directora ejecutiva del Hospital Lagomaggiore, Roxana Cabrera. Fue durante las Jornadas de Derecho de la Salud, que se realizaron en la UNCUYO.

"Erradicar la violencia obstétrica es una deuda pendiente del sistema de salud"

Piel a piel: Cabrera explicó que este es uno de los cambios que se lograron, el de colocar al bebé sobre el cuerpo de la mamá sin ningún elemento de por medio. Foto: Télam

Sociedad

Derecho y Salud en la UNCUYO

Especiales

Verónica Gordillo

Publicado el 15 DE NOVIEMBRE DE 2022

La directora Ejecutiva del Hospital Luis Lagomaggiore, Roxana Cabrera, aseguró que la erradicación de la violencia obstétrica es una deuda pendiente del sistema de salud. Dijo que hubo avances, pero que es necesario continuar con la capacitación del personal, para que comprenda la importancia de dejar atrás prácticas y conductas que atentan contra derechos esenciales del ser humano.

Cabrera fue una de las expositoras en las VIII Jornadas Nacionales de Derecho de la Salud y las I Jornadas Mendocinas sobre el tema, que se realizaron en las facultades de Ciencias Médicas y de Derecho de la UNCUYO. Fue durante su participación en el panel Género y Salud, donde planteó esta deuda.

“Es un gran desafío erradicar la violencia obstétrica, es una deuda muy pendiente del sistema de salud. Siempre estamos desafiando al sistema los que creemos que se puede mejorar la salud pública y respetar derechos, porque este es un tema desafiante, no hay que esconderlo debajo de la mesa, sino sacarlo, hablar, capacitar al personal”, expresó durante su exposición.

 

La violencia en una imagen

La médica tocoginecóloga apeló a una imagen –y al humor– para explicar qué es la violencia obstétrica. Compartió una viñeta de la artista Maitena en la que una mujer está desnuda en la sala de parto y grita de dolor, mientras el personal que la asiste le dice que lo hubiera pensado antes y pide que saquen al marido del lugar; todo bajo la atenta mirada del plomero que ingresó al cuarto para arreglar una pérdida de agua. En medio de las risas del auditorio, la profesional comentó que la creación artística es una muestra de las acciones y prácticas que fueron naturalizadas durante mucho tiempo en los centros públicos y privados de salud.

Otra vez, la docente de la Facultad de Ciencias Médicas, apeló a imágenes para explicar mejor el concepto. Una foto de una embarazada sentada en una silla de ruedas, con el suero que le colocaron para inducir el parto; otra donde se realizan “tactos” recurrentes antes del nacimiento, y otra en que se aprecia a una mujer desnuda con una gran cantidad de personas alrededor que la asisten, pero sin nadie de su confianza que la acompaña. Todo eso, dijo, son prácticas que de a poco se intenta abandonar y celebró que se dejó atrás en forma definitiva la maniobra llamada “kristeller”, que consistía en ejercer presión sobre el abdomen de la mujer para favorecer la salida del feto, o que se pusiera en práctica el concepto de "piel a piel", es decir, colocar al bebé inmediatamente después del nacimiento sobre el cuerpo de la mamá, sin ningún elemento de por medio, ni siquiera una batita.

La especialista en Salud Sexual y Reproductiva repasó las leyes nacionales y provinciales que brindan el marco normativo a seguir, como las de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres y las de Parto Humanizado, tanto nacional como provincial, y Parto Respetado. Explicó que en las normas se define a la violencia obstétrica como las prácticas, conductas, acciones y omisiones que el personal de salud ejerce de manera directa e indirecta, en el ámbito público y privado, sobre el cuerpo y los procesos reproductivos, que afectan tanto a la persona gestante como al bebé. Entre ellas, un trato deshumanizado, humillante, degradante; el abuso de medicalización y de prácticas quirúrgicas –como la cesárea– cuando no son necesarias, la falta de información clara sobre los procedimientos que se seguirán tanta con la persona gestante como con su bebé.

Cabrera enumeró también los derechos que se deben respetar: a ser informada de las intervenciones que se pueden realizar durante el parto y postparto; a ser considerada una persona sana que participe activamente en las decisiones; a tener un parto respetuoso de los tiempos biológicos y psicológicos; a elegir alguien de su confianza para que la acompañe y que no debe ser obligatoriamente su pareja; a conocer el estado y las prácticas que podrían realizarle a su bebé, a respetar su cultura y sus creencias.

La profesional apeló a una viñeta de la artista Maitena para explicar el concepto de violencia obstétrica. Foto: captura imagen

 

La importancia de la empatía

La médica subrayó que avanzaron puertas adentro del Hospital Lagomaggiore, que cuenta con la maternidad más grande de Mendoza, pero que aún hay aspectos en los que es necesario mejorar, tanto en las prácticas como en el trato. Dijo que –en muchos casos– las modificaciones no implican más presupuesto, sino rever conductas, hacer una escucha atenta y ser capaces de informar en forma clara. Lo esencial –dijo– es tener empatía con la otra persona.

En este aspecto, el de la empatía, la médica subrayó el papel central que tienen las universidades que forman al recurso humano en salud. Dijo que desde primer año se debe incluir en la formación este concepto, al que consideró clave porque ubica al personal en su lugar de garante de derechos. “Soy docente y mis alumnos tienen que cerrar la puerta, presentarse, preguntar a la paciente si quiere que hagamos una maniobra, que la revisemos, que la descubramos. Son cosas simples y no se necesita plata, sino tener en cuenta la importancia del respeto, de la confianza, de tender un puente, una línea de comunicación, y para todo esto se requiere de empatía”, expresó.

La profesional contó una experiencia que vivieron en el hospital y que fue un ejemplo claro de la importancia de la empatía. Ingresó –dijo– una persona de 18 años derivada desde un centro de salud; tuvo a su bebé por parto normal y poco después expresó que no deseaba amamantar. La profesional que la atendió leyó la historia clínica y ahí se enteró de que había expresado su voluntad de que lo llamaran Alex y no Araceli, como figuraba en su documento y como la nombraron desde que llegó a la maternidad. Con esa información, se acercó nuevamente nombrándolo Alex, lo que generó un vínculo de confianza, el espacio para explicarle en forma detallada los beneficios de amamantar, lo que finalmente hizo y sigue haciendo, de acuerdo a los informes de seguimiento.

Cabrera comentó que la historia les mostró a las claras la importancia de la empatía, ya que, al ser dado de alta, Alex expresó que, hasta el momento en el que lo nombraron como pidió, no había encontrado un espacio de confianza y escucha para expresar sus dudas e informarse sobre sus necesidades ni las de su bebé.

 

Canales de asesoramiento y denuncia

La docente animó a las personas a advertir y denunciar las situaciones de violencia obstétrica. Comentó que el reclamo se puede realizar en forma gratuita ante la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género (Consavig), al correo electrónico consavig@jus.gov.ar. También dijo que es posible hacerlo ante el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) y o la Defensoría del Pueblo. La médica también comentó que quienes crean que fueron víctimas de violencia obstétrica pueden pedir asesoramiento llamando a una línea nacional gratuita: 0800-122-5878.

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