García Linera, el cambio viene desde Altiplano

El vicepresidente de Bolivia recibió este lunes el Honoris Causa de la Universidad Nacional de Cuyo, como reconocimiento a "su compromiso con la unidad y la liberación de los pueblos de América, y su aporte a la construcción de un conocimiento emancipador", según sostiene la resolución que lo fundamenta. Se trata de Álvaro García Linera, luchador incansable por el bienestar de las mayorías de su país.

García Linera, el cambio viene desde Altiplano

Especiales

Elizabeth Auster

Publicado el 27 DE MAYO DE 2014

Un ladrillo más en la construcción de la sublevación indígena revolucionaria de Bolivia: ese era el destino que Álvaro García Linera imaginaba para sí mismo desde los 18 años, cuando la insurgencia en su país lo confirmó como un marxista clásico y entendió que era capaz de dar su vida por esa emancipación, a la que contribuyó en la praxis y en la teoría. 

Se formó como matemático en la Universidad Nacional Autónoma de México. En 1985 regresó a Bolivia, donde se sumó al Ejército Guerrillero Tupaj Katari; durante cinco años estuvo preso sin sentencia en la cárcel de Chonchocoro donde, pese a las torturas y prohibiciones, y gracias a la ayuda clandestina de otros y otras militantes, continuó con su profundización en la teoría marxista y escribió Forma valor, forma comunidad. El libro es en realidad parte de una prolífica obra que comenzó en 1989 y no se ha detenido hasta hoy, mientras García Linera ejerce por segunda vez la vicepresidencia, a partir de la fórmula electoral para la que lo convocó en 2005 el entonces dirigente cocalero Evo Morales. 

La llegada del MAS al poder político y la vigencia de las tensiones ideológicas en Bolivia le dieron una nueva perspectiva a su trabajo intelectual, dedicado a entender, explicar y orientar los numerosos factores y actores que han participado en los últimos ocho años del inédito proceso de transformación del país.

 

El Estado Plurinacional

Bolivia se dio a sí misma en 2009 una constitución que la reconoce como Estado Plurinacional, es decir, un conjunto regido por un orden jurídico común pero en el que se reconocen las identidades culturales. La Constitución Política del Estado establece: “Es nación y pueblo indígena originario campesino toda la colectividad humana que comparta identidad cultural, idioma, tradición histórica, instituciones, territorialidad y cosmovisión, cuya existencia es anterior a la invasión colonial española”. García Linera define así a las naciones: “Comunidades políticas en las que sus componentes, los que se asumen de la nación, se reconocen por adelantado en una institucionalidad a la que conciben como propia y, dentro de la cual, integran sus luchas sociales, sus competencias y mentalidades”. La ley reconoce 34 naciones, con sus nombres, sus ubicaciones territoriales y sus idiomas. Además del castellano, se fija cada una de estas lenguas como oficiales según los departamentos donde se utilicen. 

La CPE avanza en el reconocimiento de derechos fundamentales, civiles y políticos que no solamente obligan al Estado a satisfacer necesidades básicas como la vivienda, la salud y la educación, sino que impone también que todo ello se brinde en el marco de una convivencia ciudadana regida por el respeto de todas las identidades. Por ejemplo, el artículo 18, que se refiere al derecho a la salud, establece: “El sistema único de salud será universal, gratuito, equitativo, intracultural, intercultural, participativo, con calidad, calidez y control social. El sistema se basa en los principios de solidaridad, eficiencia y corresponsabilidad y se desarrolla mediante políticas públicas en todos los niveles de gobierno”.

 

Los números del progreso y las igualdades pendientes

El artículo 8 de la Constitución sostiene:

“I. El Estado asume y promueve como principios ético-morales de la sociedad plural: ama qhilla, ama llulla, ama suwa (no seas flojo, no seas mentiroso ni seas ladrón), suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), teko kavi (vida buena), ivi maraei (tierra sin mal) y qhapaj ñan (camino o vida noble).

II. El Estado se sustenta en los valores de unidad, igualdad, inclusión, dignidad, libertad, solidaridad, reciprocidad, respeto, complementariedad, armonía, transparencia, equilibrio, igualdad de oportunidades, equidad social y de género en la participación, bienestar común, responsabilidad, justicia social, distribución y redistribución de los productos y bienes sociales, para vivir bien”.

El artículo 14 sienta las bases de las leyes contra la discriminación:

“II. El Estado prohíbe y sanciona toda forma de discriminación fundada en razón de sexo, color, edad, orientación sexual, identidad de género, origen, cultura, nacionalidad, ciudadanía, idioma, credo religioso, ideología, filiación política o filosófica, estado civil, condición económica o social, tipo de ocupación, grado de instrucción, discapacidad, embarazo, u otras que tengan por objetivo o resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos de toda persona”.

La legislación y las medidas de gobierno tomadas durante el gobierno de Morales-García Linera en línea con estos principios permitieron enormes progresos sociales, que coexisten con reclamos y problemas todavía vigentes.

Se creó la Renta Universal para la Vejez “Renta Dignidad” para las personas mayores de 60 años que no tenían cobertura social, que ha mejorado el ingreso y el consumo per cápita en más del 15 por ciento. De acuerdo a las estadísticas de Unicef, se redujeron los índices de mortalidad neonatal e infantil, pero falta avanzar en cuanto a nutrición. El acceso a las fuentes de agua potable es alto (88 por ciento), así como la cobertura de inmunización (por encima del 80 por ciento en promedio). Con respecto al VIH/Sida, la prevalencia entre adultos se estima en el 0,3 por ciento; son muy bajos el conocimiento del tema entre la juventud (22 por ciento) y el uso de preservativos (41 por ciento entre varones con múltiples parejas sexuales). La tasa de alfabetización es casi total, aunque hay una gran diferencia entre la matriculación a la enseñanza primaria y a la secundaria. La tasa de natalidad ha bajado de manera progresiva, mientras que la esperanza de vida alcanza los 67 años, lo que la ubica por debajo de otros países de la región como Argentina (76 años) pero muy por encima de su tasa de dos décadas atrás, cuando el promedio no llegaba a la vejez (59 años).

Según la misma fuente estadística, las mujeres tienen una mayor esperanza de vida pero aún no logran la paridad educativa; en cuanto a la salud, el acceso a anticonceptivos apenas supera el 60 por ciento y, pese a la importante atención a la salud perinatal, el riesgo de mortalidad derivada de la natalidad sigue siendo alto, al igual que el matrimonio precoz, el embarazo adolescente y el trabajo infantil.

La atención sanitaria de los niños y niñas menores de cinco años, así como la asistencia a la escuela primaria, son algunos de los aspectos en los que los ámbitos rural y urbano muestran cierta paridad. En otras variables se observan todavía grandes desigualdades, que se explican fácilmente por la gran inequidad que atraviesa la historia del país y las dificultades que se presentan para superarlas. También existen obstáculos para superar la violencia de género, en un contexto social que tiende a justificarla, y para garantizar los derechos de la diversidad sexual, ya que los frenos para debatir el reconocimiento de los matrimonios y familias LGBT, así como el derecho a la identidad de las personas trans, hacen de las declaraciones constitucionales un mero formalismo. Por otro lado, la economía está en crecimiento y el debate sobre el equilibrio entre la protección ambiental y el desarrollo económico es permanente.


Palabras sobresalientes

Álvaro García Linera presentó en Las tensiones creativas de la revolución. La quinta fase del Proceso de Cambio, publicado por la Vicepresidencia de Bolivia en 2011, su caracterización de los conflictos y movimientos sociales que llevaron a las transformaciones en curso, la disputa por el poder en el contexto revolucionario y algunas conclusiones sobre la gestión de la primera etapa del Gobierno del Estado Plurinacional. Estas son algunas de las ideas expuestas en la obra:

“No se tiene otra opción de democratización superior del Estado que no sea la del reconocimiento de múltiples formas plurales de democracia (directa, representativa, comunitaria) y de desconcentración territorial del poder a través de las autonomías”.

“(...) sostenemos que ahora el pueblo está más unido que años y décadas atrás en torno a un gran proyecto societal. Pero esa unidad del pueblo y estos logros de nuestra Revolución Democrática y Cultural no implican que las tensiones, las diferencias internas, las contradicciones y las luchas hayan desaparecido. Al contrario, siguen existiendo (...) pero todas ellas se dan en el marco de representaciones, horizontes y expectativas creadas por ese trípode societal: Estado plurinacional, régimen autonómico, e industrialización de los recursos naturales en el contexto de una economía plural. Este trípode es un horizonte de época, y es en su interior que ahora emergen las luchas, las diferencias, las tensiones y contradicciones”.

“Lo que sucedió fue que los de abajo querían gobernarse, como nunca antes lo habían hecho, y esa sola determinación paralizó el orden estatal de dominación (...)”.

“Pero también surgen en esta nueva etapa de la Revolución Democrática y Cultural -y es necesario que lo hagan- tensiones secundarias y no antagónicas al interior del bloque popular revolucionario, en el seno del pueblo. Una de estas tiene que ver con el debate fructífero, democrático y creativo respecto a la velocidad y a la profundidad del Proceso de Cambio”.

“Es en la creación de un nuevo modo de producción material crecientemente socializado, expansivamente comunitarizado que se juega el destino post-capitalista de la sociedad y del mundo y es ahí donde podrían comenzar a concentrarse las potencias, las energías autónomas comunitarias de los sindicatos y de los ayllus. De esta manera también el poder político de los Movimientos Sociales podría devenir en poder económico directo, sin mediación estatal, sobre el cual podrían darse con el tiempo nuevos ascensos revolucionarios que empujen la autodeterminación de la sociedad a peldaños más altos”.

“La nacionalización de los recursos naturales no puede completarse y expandirse si no se pasa a una segunda fase que es la industrialización de esos recursos. (...) Pero además, la industrialización crea una capacidad productiva nacional, un manejo tecnológico y un conjunto de saberes científicos que dan al país una base para impulsar crecientes variedades de actividades industriosas, intensivas en tecnología y mano de obra, que podrán transformar la rezagada infraestructura laboral primario–exportadora. (...) El Gobierno ya tomó la decisión de industrializar el gas, minerales como el litio, el hierro, y algunas reservas de agua. (...) Esta es una de las mayores demandas históricas del pueblo boliviano como también lo fueron la plurinacionalidad y la autonomía, y nuestro Gobierno la asume como un reto a cumplir lo más pronto posible”.

“(...) el Estado Plurinacional que redistribuye la riqueza acumulada entre todos los sectores sociales, simultáneamente prioriza el valor de uso y la necesidad por encima del valor de cambio, es decir, la satisfacción de necesidades por encima del lucro y la ganancia. (...) Hablamos por tanto de otro régimen social en construcción con avances y retrocesos, eso es lo que estamos haciendo, potenciando al Estado como el mecanismo de generación de riqueza, no para la acumulación de una clase sino para su redistribución en la sociedad, especialmente entre los más humildes, los más pobres y los más necesitados, que son el alma, el sentido profundo y el norte final de todas nuestras acciones como Gobierno”.