Globalización: entre las corporaciones y la resistencia

El periodista Miguel Longo explica la situación entre EEUU y Venezuela, y cómo (y por qué) afecta a la región.

Globalización: entre las corporaciones y la resistencia

Especiales por MIguel Longo / Publicado el 24 DE MARZO 2015

Aunque parezcan realidades lejanas, los movimientos políticos, económicos y culturales que se producen a nivel internacional, o global, como se dice ahora, afectan la vida personal y social de los habitantes del planeta. Hace varios años ya que el concepto de “globalización” se ha convertido en una visión natural. Pues bien, una de las derivaciones más trascendentes de ese proceso de globalización es la influencia de las denominadas "corporaciones globales" en la vida de los pueblos y en la gestión de sus gobiernos.

¿Cuáles son esas corporaciones globales? Las hay legales; las más importantes son: la industria de las armas, los bancos, el sistema financiero y las petroleras. Las hay también ilegales, como el narcotráfico y la trata de personas. Pero aquí sólo nos ocuparemos de las legales.

La industria armamentística abarca la fabricación de armas, la industria comercial dedicada a la investigación, desarrollo, producción y servicio de material, equipos e instalaciones militares. Sin tener en cuenta las ventas domésticas, se gastan por año más de 1,5 billones (millones de millones) de dólares en el comercio internacional de armas.

Los bancos y el sistema financiero tienen en sus manos el mayor instrumento extorsionador de alcance planetario, que son las deudas, públicas y privadas. Según un reciente informe, la deuda global se situaba en 142 billones de dólares a finales de 2007, equivalente al 269 por ciento del PIB mundial. Pero a mediados de 2014 esta cifra ascendía ya a 199 billones (a precios constantes de 2013), equivalente al 286 por ciento del PIB. La exigencia de pago de esas deudas plantea un callejón sin salida: si se paga, no hay posibilidad de crecimiento del PIB, pero sin ese crecimiento no hay forma de pagar.

Una forma de cobro no convencional es la apropiación de los recursos naturales de los deudores. En referencia a la temática de recursos naturales, la estrella es, sin duda, la Industria Petrolera.

El petróleo es la materia prima de muchos productos químicos, incluyendo productos farmacéuticos, disolventes, fertilizantes, pesticidas y plásticos. La industria petrolera abarca tres etapas básicas: exploración y producción; transporte, procesamiento y almacenamiento, y refinación, venta y distribución.

El petróleo alimenta un porcentaje muy alto del consumo de energía del mundo, del 32 por ciento de Europa y Asia hasta el 53 por ciento de Oriente Medio. En otras regiones geográficas, su peso energético es el siguiente: Sudamérica y América Central, 44 por ciento; África, 41 por ciento, y América del Norte 40 por ciento. El mundo en general consume 30 billones de barriles (4.8 km3) de petróleo por año, y los mayores consumidores son en su mayoría el grupo de naciones más desarrolladas.

América Latina ha emprendido, en los últimos 15 años, transformaciones que no les caen nada bien a esas corporaciones. La mayoría de nuestros gobernantes han decidido que la Patria Grande:

1 - Fuera una territorio de paz: no tenemos situaciones de guerra entre naciones y el largo conflicto armado colombiano va en vías de solución. Por lo tanto, esta región geopolíticamente importante no resulta “apetecible” para la industria de la guerra. Por si acaso, no son de extrañar eventuales intentos de crear conflictos donde no los hay.

2 - Se comprometiera en un creciente proceso de desendeudamiento. Ya dejó de ser tan dependiente de la meneada “inversión” extranjera para financiarse e incluso recorre las primeras etapas para construir instrumentos de financiamiento propios. El sistema financiero tiene cada vez menos la posibilidad de extorsionar con el pago de la deuda, excepto mediante la escoria de los fondos buitre.

3 - Marchara fuertemente hacia la autonomía energética sobre la base de sus abundantes recursos naturales, que constituyen una garantía para el futuro pero también excitan las ansias de quienes quieren apropiarse de ellos.

Ante esta situación, se explican las enormes presiones desatadas por las corporaciones globales y sus socios locales sobre los tres principales países de la región: Argentina, Brasil y Venezuela, con la conducción confesa y explícita de su accionista principal y casi exclusivo: Estados Unidos.

Como apoyo estratégico determinante, las corporaciones cuentan con el alfil de la articulación mediática global para incidir en la conciencia de los pueblos. Allí, en nuestra conciencia popular, nacional y latinoamericana, debe brotar el germen de la resistencia global.