Educación: la evaluación en el centro del debate

La provincia de Buenos Aires implementará desde el año próximo, en las escuelas primarias públicas y privadas, un nuevo sistema de calificación y promoción que generó polémica. Opinan tres especialistas de la UNCUYO. 

Educación: la evaluación en el centro del debate

Especiales

Verónica Gordillo

Publicado el 22 DE SEPTIEMBRE DE 2014

Los cambios que la provincia de Buenos Aires implementará el próximo año en el sistema de evaluación y promoción en las escuelas primarias públicas y privadas generaron polémica, ya que algunos los visualizaron como el fin de los aplazos y el paso a una escuela facilista. Tres profesionales de la UNCUYO analizaron las modificaciones y explicaron que esta puede ser la posibilidad de iniciar una discusión seria sobre los objetivos y el tipo de evaluaciones que se toman a los chicos y chicas.

Coincidentemente con el día del maestro, se informó que, el próximo año, la provincia de Buenos Aires pondrá en marcha un Nuevo Régimen Académico Primario, que incluye cambios en el sistema de calificación y promoción. 

La resolución  N.º 1057, que cuenta con el aval del Consejo Federal de Educación y que está disponible en Internet, establece disposiciones que regulan distintas aspectos de la vida escolar, tanto pedagógicos y organizacionales como normas de convivencia, elección de abanderados y el nuevo sistema de calificación, evaluación y promoción.

Una de las modificaciones establecidas es que los seis grados de la educación primaria se dividan en dos bloques de tres años cada uno, es decir, uno de primero a tercer grado y otro de cuarto a sexto grado. El objeto, de acuerdo al escrito, es que los chicos y chicas puedan apropiarse de los conocimientos básicos de cada una de las etapas y cuenten con una “libreta abierta” que permita observar todo el trayecto.

La forma de evaluar será distinta en cada caso. Los que cursan el primer bloque (de primero a tercer grado) serán evaluados en forma conceptual, lo que incluirá las calificaciones regular (desaprobado), bueno y muy bueno (ambos aprobado). Los estudiantes que cursan el segundo bloque (es decir, de cuarto a sexto grado) tendrán una calificación numérica que irá del 4 al 10, teniendo en cuenta que quienes obtengan de 4 a 6 serán desaprobados y quienes logren entre 7 y 10 serán aprobados.

En esta nueva escala numérica, que servirá para evaluar las competencias de los alumnos, desaparecen las notas 1, 2 y 3, aunque los que obtengan de 4 a 6 estarán desaprobados.

La resolución también establece que los chicos podrán pasar de grado aun con dos áreas curriculares desaprobadas, de las seis que tienen anualmente. Esto es posible por la división en bloques de tres años y el sistema de libreta abierta.

El nuevo régimen de evaluación y promoción fue el que generó polémica entre funcionarios y especialistas en educación. Mientras unos criticaron el fin de los aplazos y la falta de exigencia que esto implica, otros lo defendieron por considerarlo un intento de lograr un sistema más claro y justo, y destacaron que lo importante no son las notas sino que los alumnos logren los aprendizajes.

Frente a las críticas, la directora general de Cultura y Educación de la provincia, Nora de Lucía, explicó al diario Página 12 que les interesaba que los chicos aprendieran. “Priorizamos el saber y no la nota”, fueron las palabras de la funcionaria.


El tema de fondo

Edición UNCUYO consultó a tres especialistas sobre el nuevo régimen de calificaciones.

La decana de la Facultad de Educación Elemental y Especial, Mónica Castilla, asegura que la escala de evaluación no es lo importante, sino lo que se evalúa, cómo se evalúa y si el chico aprendió o no efectivamente.

Para Castilla, la decisión de sacar de la escala el 1, el 2 y el 3 es sólo una medida efectista, que busca causar impacto. Explica que no tiene sentido eliminarlas con el argumento de que estigmatizan al alumno porque, con ese mismo criterio, en 10 o 15 años serán estigmatizantes del 4 al 6, que en la nueva escala son los desaprobados.

La decana es clara. Dice que el sistema con que se evalúa no es lo importante y menos aún poner el foco de la discusión en la calificación, sino entender que evaluar es una parte fundamental del proceso de enseñanza. Por eso, plantea, es tan importante discutir qué queremos evaluar, cuáles son los conocimientos que el niño debe aprender.

Castilla repite los conceptos del doctor en Psicología español Carlos Monereo, quien asegura que evaluar cubre un amplio espectro de objetivos, desde acreditar conocimiento y competencias hasta retroalimentar a alumno y profesor sobre la marcha del proceso de enseñanza y aprendizaje. El especialista, comenta Castilla, también plantea poner en marcha una evaluación innovadora, por medio de la cual se plantean al alumno situaciones y problemas de su vida cotidiana que debe resolver con los recursos que aprendió en clase.

En cuanto a la división de los seis años en dos bloques y a la posibilidad de que los chicos pasen de grado aún con dos áreas desaprobadas, la decana considera que es una medida positiva, siempre que el sistema se prepare para dar verdaderas respuestas, que instrumente estrategias para acompañar a los alumnos en los diferentes procesos.

Castilla recalca que una de las preocupaciones del cuerpo docente de la facultad que forma a docentes es que reflexionen sobre sus propias prácticas y que entiendan que la evaluación forma parte del proceso.

Para la decana, la repercusión que alcanzó el nuevo sistema que pondrá en marcha la provincia de Buenos Aires puede ser el puntapié inicial de un debate serio respecto de la evaluación.

La vicedecana de la Facultad de Educación Elemental y Especial, y profesora de Didáctica de las Ciencias Sociales, Silvia Musso, asegura que es un error circunscribir la problemática de la evaluación al aspecto numérico. Dice que es un tema complejo, multidimensional e integral, que es necesario debatir en profundidad.

A partir de esta advertencia inicial, Musso explica que la calificación debe existir, porque indica si el niño alcanzó los aprendizajes prioritarios. Considera que, cuando no se logran los objetivos, la calificación es un llamado de atención para el pequeño, su familia y el docente, un obstáculo que se debe sortear poniendo en práctica distintas estrategias.

Para la vicedecana, la medida de tomar el primer bloque como un todo –es decir, de primero a tercer grado y la posibilidad de pasar de año aunque no hayan aprobado dos áreas son pertinentes. Sostiene que en el primer ciclo los procesos de aprendizaje son más lentos y que es indispensable respetar los tiempos y los contextos de los alumnos.

Musso recalca que la temática de la evaluación es nuclear en todas las materias didácticas de las carreras que dictan, siempre reflexionando sobre la importancia de tener una visión global, de que no sea un aspecto fragmentado sino una parte del proceso de aprendizaje.


Evaluación como castigo

La directora de la carrera de Ciencias de la Educación y Formación Docente, dependiente de la Facultad de Filosofía y Letras, Susana Urzi, reflexiona sobre las modificaciones en el sistema de evaluación pero advierte que no trabajan en educación primaria, sino en secundaria y universitaria.

Urzi considera que hay algo de cierto en este concepto de que las calificaciones más bajas, el 1, el 2 y el 3, estigmatizan a los niños, hacen que su autoestima decaiga, que sea difícil lograr que se entusiasmen. Explica que hoy la población que asiste a las escuelas es muy diversa, con ritmos de aprendizaje y contextos familiares muy distintos, y que es necesario atender a esta realidad con nuevas estrategias.

Pese a compartir este concepto, Urzi deja en claro que la escala de evaluación no es lo importante, sino que el problema central es cómo y qué se evalúa, y es ahí donde se debe poner el acento. Dice que la evaluación se presentó durante años como un castigo, como una instancia que asusta, en lugar de entenderla como parte de un proceso, como la culminación de un camino de aprendizaje.

Para Urzi, la mirada equivocada que tenemos sobre la evaluación no sólo incluye a los niños y a sus padres, sino también a los docentes. Cree que es necesario que los profesionales hagan una autocrítica, porque a veces elaboran evaluaciones con consignas muy complejas, que no tienen nada que ver con el proceso que hicieron con los alumnos o con la forma o los conceptos que utilizaron para enseñar un tema en el aula.

La profesional plantea que, así como se deben poner en marcha nuevas estrategias para enseñar, que tengan en cuenta la diversidad de realidades de los alumnos que asisten a la escuela, también se deben buscar nuevas formas de evaluar, alejadas de los viejos conceptos de castigo. 

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