Una "inaccesible" historia corta con final feliz

La falta de una parada de colectivos señalizada y acordemente montada frente a la escuela de educación especial, inicial y primaria "Lydia Sofía Bühler", de Maipú, evitaría posibles accidentes entre los chicos que asisten. Un testimonio y la necesidad de entender la seguridad desde una concepción amplia e integradora. 

Una "inaccesible" historia corta con final feliz

Fotos: Gentileza Familia Ruiz. El frente de la escuela "Lydia Sofía Bühler", tomado desde la parada que no respetan los choferes de la Línea 10 por las malas condiciones que presenta la banquina.

Especiales

Edición UNCUYO

Publicado el 07 DE AGOSTO DE 2014


Hace una semana, una niña que asiste que a una escuela pública de educación especial primaria en Maipú se extravió a la salida, debido a la inhabilitación de la parada de colectivos que se encuentra frente al edificio. Este condicionamiento provoca que los chicos caminen unas cuadras más en búsqueda de la próxima garita. Por fortuna, la chica fue socorrida rápidamente por una vecina y todo quedó en un gran susto para la familia. Sin embargo, su padre decidió hacer pública la anécdota para que las autoridades del ministerio de Transporte tomen medidas en respeto a la igualdad de oportunidades y la seguridad sobre las actividades cotidianas de todas las personas.

A partir de este año, la familia Ruiz, asesorada por un grupo de especialistas, decidió que la hija menor (13 años), quien presenta una discapacidad intelectual, retorne sola a su casa luego de la actividad escolar. Para ello ejercitaron durante largos meses el camino de vuelta al hogar desde la parada de colectivos de la línea 10 que se encuentra a 200 metros de la escuela "Lydia Sofía Bühler", ubicada en 25 de Mayo y Corrientes de Maipú, a 10 cuadras de la plaza departamental, exactamente. 

“La intención es generar en mi hija la capacidad de autonomía, que aprenda a manejarse sola porque no siempre va a tener a sus padres acompañándola”, explicó Marcelo Ruiz a
Edición UNCUYO. Hasta el miércoles pasado, la niña cumplía de manera “excelente su cometido”. Cinco minutos después del toque del timbre de salida, llegaba sola a su casa en Gutiérrez.

El problema se presentó el miércoles 23 de julio, cuando junto a sus compañeras decidieron irse a tomar el colectivo en una parada que queda a cuatro cuadras del establecimiento, ya que la que se encuentra frente a la puerta de ingreso había dejado de ser respetada por los choferes de la línea 10, debido a que no tiene señalización y se monta sobre una banquina rota, según explicaron más tarde desde la empresa Maipú. “Que el colectivo frene allí, también resulta inseguro para los niños”, aseguraron los choferes del 180, por lo que esperan que el Ministerio de Transporte habilite una nueva garita en el mismo lugar y en las condiciones correspondientes.
En la imagen se aprecia el sitio dónde debería encontrarse habilitada la garita.

El conflicto se suscitó debido a que para llegar a la parada siguiente, los chicos tienen que desviarse del carril donde se encuentra la escuela, lo que provocó en la nena una gran confusión, propia de la discapacidad que presenta. A eso se le sumó que, una vez en la garita, sus compañeras dijeron dejarla sola para irse a la plaza. Fue allí cuando la hija de Marcelo Ruiz se mareó y perdió la orientación por completo; “en medio de los nervios tampoco se acordaba de que siempre lleva con ella un papel con nuestra dirección y nuestros números telefónicos”, contó el papá.

Una vecina de la zona advirtió la situación en la que se encontraba la chica y, luego de calmarla, pudo interpretar que era alumna de la "Lydia Sofía Bühler". Hasta allí la acompañó y la dejó al resguardo de la directora, Miriam Sosa. Sus padres llegaron inmediatamente a la escuela en estado de desesperación por la demora de casi una hora de la pequeña. “Es un recorrido que ella hace en 5 minutos, cuando el colectivo para donde debe parar y pasa con la frecuencia debida”, explica Marcelo. 

“Lo que podría haberse convertido en una tragedia, gracias a la solidaridad de la vecina terminó siendo un mal susto”, dice el papá de la niña, y comenta contento que esta semana la pequeña retomó nuevamente el ejercicio de volver sola de la escuela a la casa sin problemas. Asimismo, Ruiz se sintió en la necesidad de comunicar a través de los medios lo acontecido para dar cuenta de que la “inseguridad de la que tanto se habla se encuentra en pequeños detalles, como en la falta de una parada de colectivos apropiada frente a una escuela donde asisten chicos con discapacidad”.

Ante esta reflexión, las autoridades escolares mostraron su voluntad de realizar los reclamos correspondientes para que se habilitara la nueva garita. Se comprende su importancia si se tienen en cuenta las características de la institución, pues se trata de una de las escuelas más grandes de su tipo Mendoza en cuanto a la cantidad de alumnos que recibe: posee una matrícula de 180 estudiantes repartidos en ambos turnos. Llegan a ella muchos niños de distintos distritos maipucinos, como Barrancas, Tres Esquinas, Coquimbito, Chachingo, Rodeo del Medio, Russel, Gutiérrez, Luzuriaga. Desde el Ministerio de Transporte de la provincia, organismo al que le compete concretar la gestión, también se comprometieron a trabajar a la brevedad en el caso una vez que les llegue el reclamo formal.

Si las autoridades correspondientes entendieran el tema de la seguridad desde una perspectiva amplia e integradora –no solo policial–, el mal momento de la familia Ruiz podría haberse evitado. Ni pensar en situaciones que lamentablemente no tienen el desenlace de esta historia. “La seguridad pasa también por estos pequeños detalles comunitarios, que dan acceso y libertad a toda la ciudadanía”, opinó Marcelo Ruiz. 

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