La política del disparate

Por Roberto Follari, doctor en Psicología, epistemólogo y docente.

La política del disparate

Nacional Otras Miradas por Roberto Follari para Unidiversidad / Publicado el 11 DE MARZO 2020

Increíble. El expresidente Macri declamando, ufano: "Peor que el coronavirus es el populismo". Aunque Ud. no lo crea. Como decir "Prefiero las papas asadas a las pelotas de golf" o "Es peor viajar a la Antártida que el color de las mariposas". Disparate total.

No importa. Un sector de la opinión pública ha perdido el juicio –no solo el juicio crítico– y "perdona" semejante dislate porque es contra el populismo. Y aunque la frase resulte tonta y sin sentido, todos disimulan, pues es buena si va contra el populismo. Contra el populismo valen la mala grafía, la pésima redacción, el nulo pensamiento. Lo malo atribuido al populismo, todo lo perdona y santifica en sus adversarios.

Ni discusión de proyectos, ni de ideologías, ni de realidades gubernativas a la vista. Ni datos, ni reflexiones. Para algo enseñó Durán Barba a desdeñar la realidad y buscar golpes de efecto. El mismo presidente que deja al país con una deuda impagable, al borde del default, en total quiebra ante los organismos internacionales y en las políticas domésticas, puede decir que el coronavirus no es tan malo. Total, hasta esa barbaridad puede afirmarse, si al lado lo comparamos con algo que nada tiene que ver pero qué importa, que es ese fantasma nunca explicitado al que nombran "populismo".

No incide que el célebre Michel Foucault haya iniciado su no menos célebre Las palabras y las cosas con aquella conocida cita de Borges en la que este muestra una clasificación absurda e inconsistente, según la cual los animales pueden catalogarse diferencialmente –digámoslo en términos parcialmente nuestros– en mamíferos, con dos patas, de color amarillo, y pintables con un pelo de camello. Se ve que tan estrafalaria clasificación no es conocida por Macri, simplemente porque este no lee y no sabe quién es Foucault, ni podría dar razón de alguna lectura atenta de Borges (o de algún otro literato de fuste). Por ello repite el absurdo que esa clasificación denuncia.

Pero no es cuestión de prestigios intelectuales. No se trata de subrayar la evidente ignorancia de quien apela a una frase sensacionalista, aunque ella no tenga ton ni son. Se trata de que la Argentina está al borde del precipicio, de que Macri es de quienes han puesto al país allí, y su actual contribución a la salida de la crisis es echar leña al fuego con frases que, a pesar de ser ridículas, no dejan de encontrar algunos ecos.

Expresiones que tampoco dejan de tener seguidores. Porque "el rey está vestido", por más que su desnudez sea obvia. No importa. El empecinamiento de quienes quieren creerle al que en cuatro años cayó sin remedio en elecciones en primera vuelta con casi todos los medios de comunicación jugando a su favor lleva a aceptar literalmente cualquier cosa. Todo vale. El disparate no es rechazado, no llama a la reflexión ni a la prudencia. No vaya a ser que se favorezca al adversario político. Puede ser que el país se hunda en medio de todo ello, pero ¿a quién le importa? Si se habla mal del populismo, todo lo demás es insignificante. Aunque además de no entenderse qué se quiso decir, en el proceso se contribuya a la caída de la Nación.

Porque los cuidadosos semánticos de la filosofía analítica diagnosticaron hace mucho que una frase como la de Macri carece de sentido. Es decir: previo a analizar cualquier contenido, la frase es errónea desde el punto de vista lógico. Está mal construida. No se pueden comparar peras con flores de alelí, ni elefantes con frascos de vidrio.

Igual, es de lamentar el descuido por algo tan grave como el avance mundial del coronavirus. Se minimiza tamaño tema con tal de decir, por ejemplo, que tu tía Juana es peor que ese coronavirus. Y se agrega que el malo sea el adversario político, por más que, en este momento, dedicarse a ese juego adversarial pueda terminar de hundir a un país que se ha dejado al borde del abismo. Qué importa. La culpa la tiene el populismo cuando hace demasiado calor, cuando hace excesivo frío, y hasta cuando hay un clima templado que no le va ni a esto ni a aquello. Clima populista. Claro que solo cuando no es tomado por bueno.

Por eso, y para cerrar a tono, digamos que no preferimos el color turquesa al olor de la primavera. Y que –a tono con la debacle del concepto en boga– esperamos que cada uno entienda de allí lo que se le ocurra.