¿Macri es keynesiano?

La actuación pasada como jefe de Gobierno no necesariamente pueda proyectarse linealmente a lo que el Presidente vaya a hacer en términos fiscales a cargo del Gobierno nacional. No es lo mismo administrar una ciudad o provincia que un país: las diferencias son enormes. Pero si incluso con esas salvedades nos atreviéramos a hacerlo, no sería descabellado esperar poco ajuste, no tanta preocupación por el déficit, mucha inversión pública y bastante más deuda.

¿Macri es keynesiano?

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Félix Piacentini, Director de NOAnomics

Publicado el 06 DE JUNIO DE 2016

A medida que nos acercamos al segundo semestre surgen cada vez más dudas sobre el programa fiscal que permitirá reducir el déficit primario a los 4,8 puntos del PBI que el gobierno se propuso como objetivo. Y es que hasta el momento, y salvo por el ajuste tarifario, la mayoría de las medidas fiscales pueden considerarse expansivas. Tampoco, y a pesar de un supuesto “profundo” análisis de los excedentes de personal en la administración pública que implicó tan sólo la rescisión de 11 mil contratos, el ahorro vendría por el frente del gasto en personal.

La incertidumbre va creciendo entonces sobre cómo se llegará concretamente a la meta fiscal deseada, máxime cuando se tiene en cuenta que el mercado ha depositado un enorme voto de confianza en la capacidad de la nueva administración en reducir el enorme peso del Estado, eliminar el desequilibrio fiscal; por ende, terminar con la dominancia fiscal sobre la política monetaria que ha marcado la política económica durante los últimos años y que en última instancia ha provocado la inflación con la que convivimos hasta hoy.

También van surgiendo sospechas de que quizás no se haga ningún ajuste en 2016, ni siquiera gradual, cediendo a la tentación de apelar al instrumento del endeudamiento en lugar de aplicar medidas de austeridad que resten más popularidad a Macri. A su vez, si este fuera el caso, el ajuste podría dilatarse aún más, ya que el año que viene es eleccionario. Suena muy difícil que en 2017, justo cuando muy probablemente arranque la reactivación, el gobierno ponga en peligro su proyecto político bajando el gasto público. Por lo menos eso no es lo que marca nuestra experiencia de las últimas décadas ni el manual del político argentino.

Van asomándose entonces las conjeturas sobre la política económica que realmente Macri podría aplicar de aquí en más. Cuando todos piensan que está más cerca de políticas liberales, ¿podrá ser que sea más keynesiano de lo que pensamos?

Quizás una forma de aclarar en parte ese interrogante sea analizar cómo fue su gestión de jefe de gobierno en la CABA. Por supuesto que lo que hizo en el pasado no necesariamente pueda extrapolarse hacia el futuro, pero a lo mejor nos permite vislumbrar algunos indicios de lo que podemos esperar. La comparación de la gestión Macri entre diciembre de 2007 y diciembre de 2015 la realizaremos frente al desempeño del promedio de las 24 provincias en igual período, aclarando que si bien para CABA se cuenta con información definitiva para 2015, en el caso del consolidado utilizaremos una estimación propia (con base en la ejecución definitiva de la mayoría de los distritos). Además tendremos en cuenta las variables en términos reales, es decir, descontando la inflación.

Comencemos por los ingresos. Entre 2007 y 2015 los Ingresos Totales de CABA aumentaron un 37 % real punta a punta, versus el 31 % estimado para las 24 provincias. Esta expansión vino más bien desde los recursos propios, que crecieron en un 42 %, aunque en términos comparativos la presión fiscal de CABA versus el promedio creció más o menos en la misma proporción, del 3 % al 6 % del producto (de CABA y total respectivamente).

Entonces veamos qué pasó con los gastos. Los Gastos Corrientes aumentaron punta a punta un 40 % real entre 2007 y 2015, frente al 43 % del promedio de provincias, pero con una salvedad importante: Macri se destacó por contener el aumento del gasto en personal en mayor medida que el resto de las jurisdicciones, 32 % versus el 52 % de crecimiento que exhibe el conjunto. Y esto se logró a pesar de que la cantidad de empleados públicos se amplió en la misma proporción en este período, alrededor del 32 % para ambos conjuntos.

De estas cifras se desprende, entonces, que Macri fue más habilidoso que el mandatario promedio en refrenar las demandas salariales de sus empleados. Esto también puede deducirse del cociente entre Gastos de Personal y Gastos Corrientes, que en el caso de CABA se redujo del 59 % en 2007 al 56 % en 2015, mientras que para los 24 distritos pasó del 51 % al 54 %. En rigor de verdad, tampoco es del todo comparable el incremento de la plantilla de CABA con la del resto del país, en la medida en que la primera tuvo que incorporar nuevos servicios, como la Policía Metropolitana, lo que mejoraría un poco más su desempeño relativo en cuanto a este indicador. Hasta aquí tenemos un Macri que responde a lo que la mayoría espera de él: uno que contiene, dentro de todo o por lo menos con relación a la media, el gasto en personal.

Por el contrario, la moderación se pierde cuando se analizan los Gastos de Capital, para los que Macri muestra su faz más keynesiana. En promedio, durante sus dos mandatos los Gastos de Capital se llevaron el 17 % de los Gastos Totales, frente al 13 % del consolidado provincial, y los mismos se expandieron un 40 % en términos reales en comparación a sólo el 8 % de la media provincial entre 2007 y 2015. Más concretamente, el componente Inversión Real Directa, es decir, la obra pública, presenció una expansión del 69 % versus el magro 7 % del total subnacional. Fundamentalmente por ello es que los Gastos Totales terminaron expandiéndose un 40 % en CABA frente al 35 % real en el promedio de todas las jurisdicciones del país.

Este gran impulso en la inversión pública es entonces en parte responsable por la mayoría de años con déficits que presenta CABA entre 2008 y 2015. Sólo el 2010 escapa a la regla y cierra con un superávit de unos $ 750 millones. Exactamente el mismo comportamiento muestra el consolidado provincial, con el único número positivo también en 2010. En términos relativos, los déficits de CABA fueron igual de profundos que la media, con un promedio del -3 % de los Ingresos Totales entre 2008 y 2015.

Ahora bien, si los ingresos y la presión fiscal de CABA crecieron en prácticamente la misma proporción que el resto, ¿cómo hizo Macri para lograr ese incremento diferencial en la inversión pública? Y sí, endeudándose fuertemente. El stock de deuda de CABA casi se duplicó durante su administración en pesos constantes, aumentando un 85 % en términos reales (hoy es de casi $ 35 mil millones). Este dato contrasta con la licuación real del 54 % en la deuda de las provincias gracias a los sendos programas de refinanciación y desendeudamiento de los compromisos con el gobierno nacional, que CABA no tiene, además del hecho de que su deuda siempre fue mayoritariamente contraída en moneda extranjera. De hecho, sólo dos distritos aumentaron su nivel de endeudamiento en este período. El otro fue Santa Cruz, y muy cerca, en un 80 %. Pero aun siendo CABA la que más incrementó su exposición crediticia, pasando el cociente Ingresos Totales sobre Deuda del 28 % en 2007 al 38 % en 2015, queda en tercer lugar en cuanto a endeudamiento relativo, precedida por Jujuy (41 %) y la provincia de Buenos Aires (43 %).

Pasando en limpio, de la gestión de Macri en el Gobierno de la Ciudad puede deducirse cierta contención en los reclamos salariales, pero no del gasto público total debido a un muy importante impulso de la inversión pública. Aunque a este mayor gasto le correspondió un consecuente incremento en la presión fiscal, éste no fue suficiente para cambiar de color los números rojos y tuvo que recurrirse al endeudamiento en mayor proporción que cualquier otra jurisdicción del país. Endeudarse para invertir no es intrínsecamente malo, y hasta puede ser intergeneracionalmente la herramienta más justa, en la medida en que el destino sea lo más reproductivo posible y genere los ingresos necesarios para el repago.

La actuación pasada como jefe de Gobierno no necesariamente pueda proyectarse linealmente a lo que Macri vaya a hacer en términos fiscales a cargo del Gobierno nacional. Ciertamente no es lo mismo administrar una ciudad o provincia que un país, las diferencias son enormes. Pero si incluso con esas salvedades nos atreviéramos a hacerlo, no sería descabellado esperar poco ajuste, no tanta preocupación por el déficit, mucha inversión pública y bastante más deuda. Quizás Macri sea más keynesiano de lo que todos pensamos.
 

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