Memoria y cerebro: romper con el sesgo de género como elemento diferenciador en las ciencias

En las ciencias naturales y exactas, los estudios aún remarcan diferencias entre hombres y mujeres. Un grupo de científicas busca comunicar que las disciplinas científicas también generan interpretaciones orientadas en sus resultados.

Memoria y cerebro: romper con el sesgo de género como elemento diferenciador en las ciencias

Foto: bbc.com

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Unidiversidad/ Ángeles Balderrama

Publicado el 25 DE NOVIEMBRE DE 2021

La equidad de género es una de las luchas más antiguas y, a la vez actuales, que ha denunciado el movimiento de mujeres alrededor del mundo. Tal es así que, durante décadas, las ciencias sociales fueron interiorizándose en este reclamo y cambiando algunas de sus prácticas. Sin embargo, con las ciencias naturales no sucedió lo mismo porque durante siglos, el modelo biologicista ha reinado la forma de ver y pensar el mundo. Por este motivo, un grupo de científicas feministas comenzó a desenmascarar este modelo y sus supuestas diferencias, que incluso recaen en el planteamiento de “dos cerebros”. Aunque neurocientíficas afirman que no hay dos cerebros, ¿existen dos tipos de memorias?

“El cerebro está permanentemente codificando las características del entorno y nuestras vivencias en representaciones internas (memorias). Allí, la plasticidad y el aprendizaje son factores clave que guían las memorias que terminan regulando el comportamiento y nos permiten adaptarnos a eventos presentes y futuros. Se sabe que las memorias son flexibles, maleables y se encuentran en un permanente estado de construcción y reconstrucción”, definió la doctora María Pedreira, especialista en neurociencias.

Al igual que la memoria, desde hace siglos el cerebro ha sido objeto de estudio para las ciencias naturales y biológicas. Sin embargo, en tales estudios se han remarcado diferencias estructurales entre hombres y mujeres. “Se tomó el cerebro de la mujer como objeto de estudio con un foco determinado: demostrar que las diferencias que se podían hallar justificaban nuestras menores capacidades y, de esa manera, permitía ubicarnos en un estrato menor en la estructura social”, explicó la Investigadora de Conicet.

Para Pedreira, el cerebro “del hombre y de la mujer” es un tema que se ha investigado, discutido, apoyado y rechazado desde hace siglos. “Como plantea Gina Rippon en el libro The Gendered Brain, hay temáticas que aparecen y uno cree resolverlas, pero al poco tiempo aparece esa pregunta modificada y, nuevamente tenemos que responderla. Es como si estuviéramos todo el tiempo tratando de llegar a una conclusión de algo que no logramos cerrar”.

Aunque el debate por la existencia de un solo cerebro no ha finalizado, el sesgo de género está presente en diferentes áreas de las ciencias naturales. Como ejemplo, si se realiza una búsqueda en Internet sobre estudios realizados en ratas, es posible notar que mayoritariamente se testea en candidatos masculinos.

“Si pongo ratas machos me aparecen 800 mil citas y si pongo ratas hembra me aparecen 400 mil. Si a esto le sumo el tema memoria, pasamos a 100 mil en machos y 44 mil en hembras. Esto genera un contexto en el que claramente hay un sesgo en cómo investigamos determinados temas. Mi laboratorio tiene más de treinta años y desde 1988 a 2020 se realizaron más o menos 140 publicaciones, todas con cangrejos machos”, explicó Pedreira.

“El sesgo dice que no se usan hembras en los experimentos que son de neurociencia porque tienen un ciclo estral que introduce variabilidades. En un metanálisis que investiga más de 300 trabajos muestran que no hay mayor variabilidad entre machos y hembras cuando se miran rasgos comportamentales, moleculares, morfológicos y fisiológicos. Lo que sí introduce variabilidad es la manera en cómo los animales son mantenidos en el laboratorio, y si se mantienen en grupo o aislados”, agregó la Investigadora de Conicet.

Con la llegada de las resonancias magnéticas se pensó que los estudios de cerebro y memoria iban a equiparar las diferencias de género que marcaban los estudios previos. Sin embargo, no fue así. Las nuevas investigaciones continuaron remarcando la existencia de dos cerebros y memorias diferenciales.

“Un estudio planteaba conocer el índice de inteligencia relacionándolo con la cantidad de materia gris y blanca usando resonancia magnética. Lo que concluyen es que, comparando con los hombres, las mujeres muestran más materia blanca y menos materia gris, esta última relacionada con la inteligencia y memoria. Ahí llegamos al problema del iceberg: se publican trabajos que muestran muy pocas diferencias y se ignoran similitudes, o no son reportadas. Estos resultados se llevan a publicaciones de divulgación y se plantean ideas como la que dice que el cerebro femenino está cableado para la empatía y el masculino para entender sistemas complejos”, ejemplificó Pedreira.

Frente a este panorama, la especialista en neurociencias remarca la importancia de los estudios de metanálisis, los cuales realizan un análisis global entre diversos tipos de estudios publicados. “Se compara entre trabajos que se hicieron sobre cerebros posmortem y con resonancia magnética estructural y funcional. La conclusión es que no hay dimorfismos. Estos metanálisis generan que no nos quedemos con un solo estudio, sino que veamos todo el panorama”.

“Cuando nos enfrentamos a resultados que nos muestran diferencias, no hay que abordarlos como únicos factores, sino que hay que considerar que es una interacción permanente entre lo que traemos biológico y las condiciones del ambiente como el entorno social y los rasgos culturales. Se ha demostrado que muchos muestran una peor performance si previamente a realizar la tarea se les recuerda su estereotipo negativo. Por ejemplo, frente a una tarea matemática, cuando a una mujer se le recuerda que los varones son mejores para eso o, entre varones, cuando se enfrenta un estudiante asiático con un estadounidense”, concluyó la doctora María Pedreira.

Fuente: Conicet

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