Música en contacto

Arte Vivo es la propuesta documental de Señal U sobre las actividades de extensión artística de la UNCUYO. En la serie de ocho capítulos de 48 minutos de contenidos cada uno, es la Orquesta Sinfónica la protagonista de una mirada estética que la resignifica a partir de analizarla en su historia y actualidad, para aprehender su disfrute artístico y pensar su acercamiento a la sociedad. Carlos “Indio” Leiva, su joven realizador, cuenta la enriquecedora experiencia.

Música en contacto

Fotos: Cristian Martinez

Cultura Unidiversidad por Sebastián Moro / Publicado el 29 DE OCTUBRE 2013

La idea abarcaba también las actividades del Ballet, el Elenco Teatral y el Cuarteto de Vientos universitarios, pero dados los distintos cronogramas, y la agenda extensa y continuada de la Orquesta, se centró en ella. Para el director, “la Orquesta sola es muy potente. Es un reto muy grande, su actividad es intensiva. Es una serie documental plasmada en lenguaje televisivo. Hay mucho trabajo de guión y análisis sobre la estructura narrativa, más allá de la agenda informativa y el trabajo sobre la imagen, que queda reducido. La idea de mostrar un ensayo o un concierto cansa; queremos mostrar lo humano, que hay algo atrás de todo esto. Es un proceso de investigación que no existía, sobre lo técnico, lo narrativo y el rodaje. Hay que entrarle de a poco, son 70 chabones a los que les invadís su ámbito”.

En capítulos ya emitidos se ven testimonios de músicos y directores invitados, tomas de ensayos y conciertos, pero sobre todo relatos construidos en torno a la música, continuidades de sentidos y de realidades políticas: “Vamos involucrándonos cada vez más con personajes e hilos narrativos a través de la lectura institucional, la histórica, la didáctica, o un concierto en sí. Hay temas que se van diluyendo y otros fortaleciendo, hacia el final lo institucional casi no aparece porque el público ya sabe cómo funciona una Orquesta. Sin embargo, el guión documental no está tan programado, pueden ir saliendo otras cosas. Tampoco es Canal á, no caemos en lo mismo. Por ahí, hay datos técnicos que a la gente no le interesan. Sí que sea didáctico, tiramos puntas informativas, pero desde una búsqueda más popular”. 

Desorquestada

El Indio Leiva es catamarqueño. Estudió diseño gráfico y fotografía en la Universidad Nacional de Tucumán, y cine en la Escuela de Cine de Mendoza, donde aprovechó su experiencia: “Más bien me formé en la calle, laburé mucho con Néstor Colombo, hice mi perfeccionamiento en Buenos Aires y estoy de vuelta acá”. Además es músico, hace rock, blues, toca la armónica y la guitarra. Desde ese lugar explica también aquella búsqueda: “A mí, que he escuchando y tocado otro tipo de música, me fascina escuchar ese concierto genial como otra música más, como le puede fascinar a un plomero que lo único que escucha es el tempo del mazo cuando remacha. Podemos disfrutar esa música más allá del acercamiento, del oído. Porque me gusta la música, porque los gustos no son comparables y porque además he llevado mi vida por otro lado”.

“A la hora de ir a filmar, de ver y estar, vas descubriendo cosas, qué sucede, dónde, cómo, quiénes. Desde un principio hubo un planteo bastante acertado de la Universidad al querer mostrar la Orquesta no ya exclusiva de la alta cultura, sublimada, sino como gente que labura haciendo música. Tratamos de desnaturalizar el cliché, sacarlo de la cajita de cristal, desmitificar la concepción elitista bajando la visión más por la parte humana, conocer personajes. Desde ese lugar también están los músicos, hay una tendencia de ellos a abrirse. Es parte de la gestión de José Loyero –coordinador general de la Orquesta–, entender la necesidad de un público que los vea, hay una intención de llegar, de producir cultura popular con proyección de calidad excepcional. Esto sucede en todas las provincias y es réplica del Sistema Venezolano de Orquestas. Está sucediendo a nivel internacional y en Mendoza se traduce en mayor partida presupuestaria, compra de instrumentos, nuevos puntos de extensión de la Orquesta en la provincia. Por ejemplo, está el Ensamble de Jóvenes dirigido por Néstor Longo. También se sale, por ejemplo al barrio La Gloria, donde los chicos están en contacto con los instrumentos. Ojalá nos toque un chapista que le guste”.

La visita de Pablo Saraví, concertino del Teatro Colón, invitado especial al concierto brindado por el 65º aniversario de la Orquesta, y grabado por el equipo del Indio, refleja según el realizador ese cambio de posición: “La música es de todos, y si bien es verdad que requiere un virtuosismo y un estudio que no necesariamente debe ser académico, y a veces parece como algo no sencillo de asimilar, eso también es algo que entra en discusión. ¿Qué es sencillo y qué no? ¿Quién sos vos para explicármelo a mí? ¿Porque no escucho Brahms no puedo asimilar la música clásica o la que sea, Piazzolla o Los pibes Chorros? ¿Quién da el valor de autoridad? Sí, esto es música. Se estudia, se aprende, se trabaja, tiene un público distinto, pero esencialmente es música. Estándares hay muchos, hay música fruncida, hay fachos, hay roquerísimos. El tema es no encerrarse en ellos. La tendencia a superarlos está. En definitiva, el superobjetivo de esta serie es acercar la Orquesta a la gente”. La misma posibilidad de apertura se da con respecto a las locaciones de la serie, que “excede lo netamente fotográfico o anecdótico. El ámbito del Teatro Universidad es como aplastante. El solo hecho de mover la Orquesta, con lo que eso conlleva, es buenísimo. Van y tocan en la Carrodilla, sigue siendo la Orquesta pero en otro ámbito, con otros giros y expectativas por desacartonar”.

La ventana y el suceso

Con la risa que lo empuja al desafío, el Indio explicó que este es su tercer trabajo profesional como realizador y que abreva en él desde su experiencia como director de fotografía, y horas y horas de cámara. Más que “reticente” respecto de la relación entre técnica y estética, se explayó como “enemigo acérrimo” de la primera. La raíz del “dilema” se encuentra en su determinación de trabajar sin director de fotografía. O, mejor dicho, de fusionar esa mirada y función con la del realizador. Es decir, la suya. Y funciona: “Como director de fotografía, las técnicas se aprenden. ¡Son cámaras, loco! Las aprendés, preocupate por lo que estás filmando. Sé de técnica porque la detesto, la disminuyo, no le tengo miedo. Le tengo respeto a la historia, a lo que se va a preguntar, a lo que se va a ver. Sé de la historia de la fotografía, entonces tomo una cámara y las decisiones técnicas en el camino”. 

“Hay que tomar decisiones responsables, no es que no quiera hacer fotografía por capricho. Me cuesta delegar, para dirigir prefiero tener un excelente asistente de cámara y un gaffer. El director de fotografía me retrasa. Para Arte Vivo llegué a la misma situación: hay que romperse el seso con lo que pasa delante de la cámara, lo importante pasa ahí. ¿Para qué voy a modificar cosas –aunque de hecho lo haga– si voy a hacer un documental? ¿Para qué quiero un director de fotografía?”, reflexionó. “Con texturas”, puntualizó entonces respecto de la resolución de aspectos relacionados con la luz, sobre todo en un escenario “bastante depresivo” como la locación: “Si hay una decisión acertada al principio ya está, luego hay que ir y hacerlo”. Y ejemplificó con un rodaje exterior, en casa de una de las músicas: “¿Para que caiga a la casa y me diga un pelotudo que le molesta tal luz así o asá? ¡Ya lo sé! Y no me importa. O sí me importa, por eso elijo tal día, tal encuadre, cosas que ya tengo incorporadas y por eso soy más rápido así”.

La decisión responsable se elabora en la etapa de guion, al que el realizador considera una investigación. La mesa de trabajo se abre al guionista, Cristian Pellegrini, y a la asistente de dirección, Sol Freites, más los aportes del productor, Emilio González Martínez. El equipo lo completan Marina Menéndez, montajista, Martín Maillós, camarógrafo, Fabián Salinas, gaffer, y Fabián Garay, sonidista. Explica el Indio: “Vamos al teatro con tales cámaras, tales lentes, y tales movimientos y encuadres que me den una textura seductora que se trabaja igual en edición. Hay que capturar esa magia. Llegás al ensayo, la sala vacía, un embole. Pero si entrás y ves a Longo conversando con el director venezolano, ves música. El lugar es el mismo pero la historia es otra, desde luego ayudada por la técnica, por esos lentes, esos encuadres, etcétera. Cuando las cosas suceden, la dinámica es otra y si tomás determinadas decisiones, claro, la historia vuelve a cambiar, pasan otras cosas ahí. Ahí está la estética”.

Ya en rodaje, para el realizador entra “todo lo que uno aprendió en la calle, no en las escuelas de cine, que son clubes sociales donde te encontrás con gente y salís a filmar. Entra el oficio, una relación con el asistente que me permite simplificar cosas”. Por ejemplo, ante un entrevistado o entrevistada, quien hace las preguntas consensuadas es la asistente, “la persona no puede mirarme en ese momento, como director tengo que buscar un equilibrio justo entre lo bonito que puedo estar filmando y lo bien que puede, o no, quedar. Además, esto no es ficción, que permite un tratamiento más enriquecedor por cada escena, una dialéctica más rica. Pero se ve bien, no estamos tirando a la estética por la ventana. Más bien la estamos consensuando con la narrativa, que de hecho es lo que se hace en la ficción”.