Nosotras también

El derecho a la educación.

Nosotras también

Simone de Beauvoir. Profesora , escritora y filósofa francesa. Feminista, autora del libro El segundo sexo.

Facultad de Filosofía y Letras Suplementos Especial Feminismo, ciencia y derechos / por Marian Nahir Saua, becaria de Prensa de la Facultad de Filosofía y Letras / Publicado el 20 DE MAYO 2016

El derecho a la educación es uno de los primeros que las mujeres hemos reclamado y, de todos, es el que más nos ha permitido desarrollarnos. A pesar de la insistencia en acceder a la instrucción formal, este derecho se ha adquirido lentamente y por etapas.

Gladys Lizabe, directora del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre la Mujer (CIEM) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, aclara que aquellas mujeres que tuvieron padres o esposos humanistas fueron las primeras en poder educarse. De estos hogares emergieron las incipientes pensadoras feministas, como Josefa Amar y Borbón.

Durante los siglos XVII y XVIII, las damas de la alta sociedad implementaron las tertulias y los salones de té para tener contacto con intelectuales y participar de las discusiones literarias o filosóficas de la época. Las organizadoras de los eventos eran señoras amantes del conocimiento, con grandes casonas, esposos ausentes y mucho dinero para brindar comida y atención a sus invitados.

En Francia fueron famosos los salones literarios de Catalina de Vivonne y de Madeleine de Scudéry; ambos nuclearon a las “medias azules” (mujeres intelectuales) de la época.  En otros países, los casos más conocidos son los de Maryānā Marrāsh, en Siria; Frasquita Larrea, en España; y Mariquita Sánchez de Thompson, en Argentina. Gladys Granata, miembro del CIEM y profesora de la Facultad de Filosofía y Letras, destaca que fue Frasquita quien introdujo en España el romanticismo literario durante sus reuniones sociales.

Por años, la única manera de formarse y aprender que tuvieron las mujeres de clases alta y media consistió en la lectura voraz de las bibliotecas que poseían en sus hogares, por lo que muchas publicaciones literarias fueron escritas pensando en el público femenino. Los libros eran hechos para ellas, pero no por ellas. A pesar de que muchas se dedicaban a la escritura, para poder publicar o para ser leídas debían utilizar un seudónimo masculino. Ejemplo de ello fueron Charlotte Brontë (como Currer Bell), Mary Anne Evans (como George Eliot), Cecilia Böhl de Faber y Larrea (como Fernán Caballero) y, sin ir muy atrás en el tiempo, la autora de la famosa saga Harry Potter, J.K. Rowling.

María del Carmen Carrió, también profesora y miembro del CIEM, señala que el proceso educativo ha sido y sigue siendo complicado para la mujer. Cada una de sus etapas (acceder a la educación, obtener el título y trabajar) es una batalla. Los estudios universitarios, hasta hace un siglo, eran exclusivos para los hombres. En un primer momento, muchas mujeres debieron disfrazarse como varones para poder instruirse. Con el tiempo accedieron a los estudios superiores en carreras relacionadas con los roles de madre y maestra; luego, en otras áreas. En Argentina, la primera médica fue la ilustre feminista Cecilia Grierson a quien, a pesar de su inigualable formación y de su experiencia, no le permitieron convertirse en profesora universitaria.

Una vez tituladas, las mujeres sufrieron discriminación a la hora de insertarse en el mercado laboral. Un ejemplo de ello fue Liliana Edith Álvarez, la primera anestesióloga de Mendoza, cuyo testimonio se puede conocer en el libro Historia de la Medicina a través de sus mujeres, publicado por los investigadores del CIEM.

Hoy, las argentinas podemos asistir de manera gratuita a la escuela primaria (Ley 1420) y secundaria, e incluso realizar estudios superiores gracias a las feministas que lucharon por la educación.

 

Por: Marian Nahir Saua, becaria de Prensa de la Facultad de Filosofía y Letras