Todo tiene que ver con la luna: cómo se eligen los días para Carnaval

Desde Venecia o Rio de Janeiro, hasta Gualeguaychú y el Norte Argentino; todos celebran la llegada de esta fecha. Cómo se implantó en el país y cuáles son las diferencias en cada región.

Todo tiene que ver con la luna: cómo se eligen los días para Carnaval

Foto ilustrativa publicada en bbc.com

Sociedad Unidiversidad Carnaval / por Unidiversidad / Fuente: La Nación, Ministerio de Cultura / Publicado el 15 DE FEBRERO 2021

Con el calor del verano y la llegada de febrero empezamos a recordar que se acerca Carnaval. A la mente llegan imágenes del Sambódromo en Rio de Janeiro, Brasil; las murgas bailando y desfilando sus trajes en la ciudad entrerriana de Gualeguaychú o las celebraciones ancestrales en el Norte argentino. Para otros, Carnaval es sinónimo, al menos, de feriados y challa. Pero, ¿por qué cada año esta celebración se realiza en fechas distintas?

Este 2021, Carnaval se realiza el 15 y 16 de febrero. La razón de la fecha, que cae lunes y martes, reside en que se celebra antes de la Cuaresma cristiana, que se inicia el Miércoles de Cenizas (17 de febrero), y cuarenta días antes del Domingo de Resurrección o Pascua.

En este sentido, para conocer la fecha de Carnaval es necesario calcular cuándo será Pascua. De esta manera, el Domingo de Resurrección ocurre el domingo siguiente a la primera luna llena del mes de Nisán, que de acuerdo al calendario judío, es el que corresponde al período del 22 de marzo y 25 de abril. En caso de que la luna llena fuese un día domingo, la Pascua se traslada al siguiente.

El festejo de Carnaval está relacionado con países con tradiciones católicas, pero la Iglesia no lo admite como celebración religiosa. Aunque su origen no es claro, varias versiones indican que proviene de las fiestas paganas, como las realizadas en honor a Baco, el dios romano del vino, las saturnales y las lupercales romanas. O bien, las que se realizaban en honor del toro Apis en Egipto.

Según algunos historiadores, los orígenes se remontarían a la Sumeria y el Egipto antiguos, hace más de 5000 años. Aquellas celebraciones eran muy similares a las que tuvieron lugar en el Imperio romano. Luego se expandió la costumbre por Europa y, desde allí, llegó a América a través de los navegantes españoles y portugueses de finales del siglo XV.

El término proviene de "carnem-levare” que significa "abandonar la carne". Luego se adoptó de forma popular la palabra latina “carne-vale”, que significa 'adiós a la carne'.

 

El carnaval en Buenos Aires

El carnaval fue introducido en Buenos Aires por lo españoles. Una celebración pagana pero de origen cristiano, vinculada a los días previos a "limpiar la carne", que desemboca en la prohibición religiosa de consumirla durante los cuarenta días que dura la cuaresma.

Según los períodos y sectores sociales tuvo diferentes expresiones. En tiempos de la Colonia, los sectores populares participaban en los bailes de máscaras que se realizaban en el teatro de La Ranchería, mientras que los sectores pudientes lo hacían en la Casa de Comedias.  

El festejo también ocupó el espacio público. Los bailes y los juegos con agua inundaron las calles.  Desde los balcones llovian fuentones, huevos ahuecados rellenos con agua, baldes de agua de lavanda para mojar a los amigos y de agua con sal para los enemigos.

El desenfreno y el bullicio que se generaban durante esos días, no eran más que “costumbres bárbaras” para las clases altas, las cuales se oponían fervientemente al festejo del carnaval. Éstas encontraron eco en algunos gobernantes.  En la época del Virrey Vertiz, entre 1770 y 1784, los bailes se limitaron a lugares cerrados y el toque de tambor, sello identitario de la importante población africana que habitaba Buenos Aires, era castigado con azotes y hasta un mes de cárcel.

Durante la primera y segunda gobernación de Juan Manuel de Rosas -entre 1829 y 1852-por decreto, se censuró, se castigó y se prohibió dicho festejo hasta 1854, año en que el gobierno de Buenos Aires autorizó la realización de bailes de máscaras y juegos de agua.

En 1845, Domingo Faustino Sarmiento emprende un viaje de dos años que lo lleva a recorrer varios países del mundo.  En Italia participó de los carnavales, conoció las clásicas máscaras venecianas y quedó atraído por la idea del anonimato de los disfraces como forma de borrar, por un instante, la desigualdad de clases sociales. Enamorado de esas celebraciones, durante su presidencia, promueve en 1869 el primer corso oficial de la ciudad de Buenos Aires. 

Los afroargentinos del tronco colonial experimentaban el carnaval como un ámbito más donde compartir su música. Los toques, las danzas y cantos formaban parte de su vida cotidiana, con una significación profunda. Los blancos, en cambio, eran quienes vivían el carnaval a la usanza del viejo continente, donde se lo concebía como un espacio acotado para la liberación de las normas opresivas, donde la alegría, la burla y el desenfreno estaban permitidos.

En una de sus visitas a Estados Unidos, Sarmiento conoce a las compañías de minstrels, que estaban formadas por  blancos que se pintaban la cara de negro para caricaturizar a los afroamericanos, mostrándolos como seres inferiores, primitivos, perezosos. Atraído por esas manifestaciones, Sarmiento invita a una de las compañías de minstrels a un corso porteño. Tuvo tal repercusión que, durante los años siguientes, los porteños blancos de clase alta comenzaron a imitar a los minstrels que burlaban a los negros.

Esa estigmatización fue tomada por los afroporteños como una ofensa a sus tradiciones. Por este motivo se retiraron y retiraron al candombe de la escena pública, practicándolo sólo en espacios íntimos. Estas ofensas, sumadas a las políticas de blanqueamiento de la generación de 1880, contribuyeron al silencio social que mantuvieron los afrodescendientes por más de cien años.

En el siglo XX la influencia de los inmigrantes italianos y españoles fue resignificando el carnaval, introduciendo ritmos, danzas y vestimentas propias de sus lugares natales. De a poco, se produjo el pasaje de las comparsas de candombe a las murgas, que comenzaron a bailar y tocar en los corsos. Solo se interrumpió partir de 1976, durante la dictadura civico-militar, momento en el que se eliminó al carnaval del calendario oficial de festejos y se detuvieron sus manifestaciones callejeras, lo cual provocó una invisibilización en el ámbito público.