Un viaje al mundo de las abejas en la flora nativa de Villavicencio

María Paula Pascual es investigadora del Conicet y estudió los impactos en la polinización y reproducción vegetal nativa en la Reserva Natural de Villavicencio. En diálogo con Unidiversidad, detalló la importancia de este insecto para el planeta.

Un viaje al mundo de las abejas en la flora nativa de Villavicencio

Foto: María Paula Pascual, investigadora del Conicet. Estudió los impactos de las abejas en la polinización y reproducción vegetal nativa en la Reserva Natural de Villavicencio.

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Unidiversidad / Ernesto Gutiérrez

Publicado el 19 DE MAYO DE 2021

Los problemas de las abejas deben ser también un problema de todos. Y eso fue lo que hizo precisamente María Paula Pascual, becaria doctoral del Conicet, a tal punto que investigó a este pequeño insecto en zonas áridas, su importancia para el ecosistema y lo materializó en su tesis de grado.

Su trabajo de campo se basó en el estudio del impacto de las abejas manejadas sobre la polinización y reproducción de dos arbustos nativos: la Jarilla (Larrea divaricata) y la Jarilla Macho (Zuccagnia puctata), en la Reserva Natural Villavicencio. En diálogo con Unidiversidad habló de su carrera, la importancia de este insecto para el planeta y al efecto que genera el ingreso de un animal o planta nueva a un ecosistema sin estudio previo.

No hay dudas de que, para esta joven investigadora, las abejas son mucho más que un pequeño insecto: “Son las encargadas de polinizar las plantas. Sus principales alimentos son el polen y el néctar que recogen de las flores. Por ello, están dentro de la categoría de los denominados “insectos polinizadores”. Su actividad se desarrolla yendo de una flor a otra en busca de alimento. De esta forma, ponen en contacto el polen de los estambres con los pistilos y consiguen que se lleve a cabo el proceso de polinización. La polinización de las abejas es la más importante en esta categoría".

Para detallar lo que describió Pascual, se calcula que el 90% de las plantas silvestres y el 75% de los cultivos para consumo humano dependen de esta actividad. Esto significa que más de un tercio de los alimentos que se consumen hoy en día dependen de la acción polinizadora de los insectos y en especial de las abejas. Es por ello que se está ante una actividad de la que depende no solo el ecosistema, sino además, gran parte del sector primario de la economía y la propia obtención de alimento por parte de los seres humanos.

Y fue precisamente en el sector primario de la economía donde comenzó el estudio de María Paula, gracias a un grupo de apicultores de Las Heras y su afán por producir miel sin agroquímicos.

(Foto: María Paula Pascual, investigadora del Conicet).

Oriunda de Santa Cruz, María Paula siempre estuvo fascinada por la naturaleza, sus recursos y todo el potencial que hay en ella. “Desde pequeña siempre me atrajo la biología. Y más me interesó por el entusiasmo que generaban mis viejos y un profesor de biología en la secundaria. Fue así como me vine a estudiar la carrera de biología en la Universidad Nacional de Cuyo. A medida que fui cursando las materias, comencé a profundizar mis estudios en las especies introducidas”, recordó.

Ya en sus últimos años de la carrera, pudo contactarse con su profesor de Ecología, quien la ayudaría en la realización de su pasantía y tesis de grado. “Fue en ese momento cuando, desde la Reserva Natural Villavicencio, me contactó  mi profesor (quien dirigió mi tesis de grado y que actualmente dirige mi tesis doctoral) y me comunicó la intención de un grupo de apicultores de Las Heras, los cuales tenían la idea de armar un proyecto con abejas melíferas y necesitaban sumar a alguien que pudiera evaluar la  introducción de colmenas en la reserva natural. Así fue como nace mi tesis de grado, la cual se basó en el estudio del impacto de la introducción de colmenas manejadas dentro de la reserva sobre la polinización y reproducción de plantas nativas”, detalló la investigadora.

Su trabajo, afirmó María,  demandó aproximadamente dos años. “Fue durante la primavera-verano de 2017 y 2018 que evaluamos la reproducción de dos plantas nativas: Jarilla (Larrea divaricata) y Jarilla Macho (Zuccagnia puctata). Durante la investigación de campo evaluamos la reproducción cerca de las colmenas y lejos de las mismas para poder comparar si se generaba algún tipo de cambio. Además, observamos si la flora autóctona sufría algún impacto en su reproducción”, detalló Pascual.

Y agregó: “La evaluación, además, se realizó sobre la intervención de la abeja melífera o de la miel en plantas nativas, ya que se tiene poco registro de eso. Muchas personas, sobre todo apicultores, tienen la costumbre de asociar este insecto con lo benéfico de su trabajo, sin embargo,  hay que decir que, en ciertas ocasiones, no en todos los casos se da este beneficio ya que la abeja de miel suele generar inconvenientes reproductivos en la flora nativa. Puede ser que la mejore, que no produzca efecto o que genere efectos negativos en su reproducción. En esto se basó nuestra investigación”.

Por otro lado, la investigación también se concentró en el comportamiento de la abeja y en el movimiento del polen. “La abeja melífera o de la miel tiene la particularidad, a diferencia de otras abejas nativas, de comunicarse dentro de la colmena mediante un baile o danza, que el permite comunicar, indicar y brindar información a las demás abejas de la colmena sobre la posición de las plantas con polen. Con esa información, las abejas terminan visitando casi siempre la misma planta, generando una sobreexplotación de ese recurso, una modificación de los patrones de dispersión del polen y una escaza reproducción de las plantas”, subrayó María Paula.

(Su trabajo de campo se basó en los impactos de las abejas manejadas en la polinización y reproducción vegetal de dos arbustos nativos: la Jarilla (Larrea divaricata) y la Jarilla Macho (Zuccagnia puctata). Foto: Conicet).

Otra cosa a tener en cuenta, resaltó la joven investigadora, es que las colmenas manejadas para la producción de miel llegan a tener muchos individuos, lo que puede generar ciertos inconvenientes o cambios en los ecosistemas nativos. “Ciertas colmenas pueden llegar a albergar entre 20 a 40 mil individuos, entonces, cuando introducís esta gran cantidad de polinizadores se puede llegar a generar cambios en la fauna, en la flora, en su reproducción, como también cambios en los insectos polinizadores del lugar. Esto puede llevar a crear mucha competencia, escasez de recursos e incluso la extinción de algunos especímenes de flora o fauna”, sumó María.

Y concluyó: “Lo  positivo de este estudio que realizamos fue que, durante estos meses de estudio de campo, no se encontró efecto colateral-nocivo en la introducción de colmenas manejadas en la Reserva Natural Villavicencio. Tampoco se observó ninguna consecuencia en la polinización y en la reproducción de las especies estudiadas. Además, debemos decir que fue un resultado muy beneficioso para los apicultores de Villavicencio, ya que pudieron producir una miel de mayor y mejor calidad, libre de fertilizantes y agroquímicos, que suelen llegar al polen y pueden encontrarse en el producto final si no se los controla. Sin embargo, hay que recordar que cuando se realizan estos tipos de proyectos o trabajos, sea aquí, en la reserva o en cualquier otro lado, deben tomarse con mucha precaución y control, ya que cualquier tipo de especie que se introduzca puede afectar tanto la flora como la fauna nativa del lugar”, resaltó la investigadora del Conicet.

El diverso mundo de las abejas

En cuestión de abejas, lo más común es pensar solo en las abejas de miel o melíferas. Es decir, un grupo de abejas que viven en una colmena, con una reina, zánganos y obreras que vuelan de flor en flor recolectando polen, haciendo miel y, de vez en cuando, picando a alguien con su antipático aguijón. Sin embargo, las abejas melíferas representan solo una pequeña parte de la población de abejas. Y sus compañeras, las abejas silvestres, pueden ser de lo más variadas:

  • De hecho, existen más de 20 000 especies de abejas, más del 85% de las cuales son solitarias y no viven en colmenas.

  • El 80% de las especies de abejas silvestres anidan en túneles subterráneos u otras estructuras hechas de barro, resina de plantas, piedritas e incluso caparazones de caracoles. Algunas hasta viven en los nidos que abandonan los escarabajos.

  • Las abejas silvestres pueden ser muy selectivas en su alimentación. Con el tiempo y en distinta medida, se han adaptado a diferentes tipos de plantas, y algunas de ellas se alimentan exclusivamente de una planta específica.

  • La abeja más pequeña del mundo, la abeja Quasihesma australiana, mide solo 2 mm. La más grande, la abeja cortadora de hojas de Indonesia, puede medir hasta 4 cm, el tamaño de una nuez.

(Trabajo de campo. Foto: Conicet)

El poder de la polinización

La polinización -la transferencia del polen de las partes masculinas a las partes femeninas de una planta- es vital para la reproducción de las plantas, y el 90% de las plantas con flor reciben ayuda de algún tipo de especie animal polinizadora. En la agricultura, se calcula que aproximadamente un tercio del volumen total de los alimentos que se producen se benefician de la polinización animal.

Son muchos los animales que actúan como polinizadores, desde mamíferos como murciélagos y monos, hasta los colibríes e incluso algunos tipos de lagartijas. Pero los insectos son el principal grupo de polinizadores, siendo las abejas, por lejos, las mayores contribuyentes.

No obstante, no todas las especies de abejas son igualmente importantes para la polinización agrícola. De hecho, solo el 2% de las especies de abejas son responsables del 80% de la polinización de los cultivos. Y no todos los alimentos necesitan la polinización de insectos como las abejas. Sin embargo, sin su ayuda, nuestras dietas se volverían mucho menos ricas y variadas; la fruta, en particular, depende en gran medida de los polinizadores. Se calcula que, en total, el valor de los cultivos mundiales que dependen directamente de la polinización animal es de entre 236 000 y 577 000 millones de dólares anuales. Y las abejas son una parte esencial de esta ecuación.

¿Qué está pasando con la población apícola?

¿Las abejas están desapareciendo? En el caso de las abejas melíferas, el panorama general indica que no. Según la Sociedad Argentina de Apicultores (SADA), las colonias de abejas melíferas gestionadas han aumentado, de hecho, en un 65% a nivel mundial desde 1961.

Para las abejas silvestres, la situación es más complicada: distintas abejas silvestres tienen características biológicas y necesidades muy diferentes, lo que complica la evaluación de su desarrollo en general. Sin embargo, es una realidad que ciertos grupos de especies de abejas silvestres en regiones específicas están disminuyendo.

Y tanto las abejas silvestres como las abejas melíferas siguen enfrentándose a varios desafíos:

  • Plagas y enfermedades: El ácaro Varroa es el mayor enemigo de las abejas melíferas. Este se agarra a la abeja y le succiona la hemolinfa (el equivalente de la sangre en las abejas) y la grasa corporal, lo que debilita el sistema inmune de la abeja. Los ácaros Varroa también transmiten enfermedades virales a las abejas, que luego pueden contagiarse a toda la colonia. Las colonias, además, pueden verse afectadas y debilitadas por otras plagas y depredadores, como el avispón asiático, y enfermedades causadas por bacterias, hongos o virus. En este caso, los apicultores desempeñan un papel positivo, asegurándose de que sus colmenas estén sanas y ayudando a controlar plagas y depredadores.

  • Factores genéticos: Las abejas melíferas han sido cultivadas en las últimas décadas, seleccionadas por cualidades deseables, como menor agresión y mayores tasas de producción de miel. Sin embargo, esto ha reducido su diversidad genética, lo que las ha hecho más vulnerables a parásitos y enfermedades y ha debilitado a las abejas reinas.

  • Falta de nutrición y hábitat: Los paisajes modernos no cuentan con las flores perennes que las abejas melíferas necesitan ni con las plantas entre las que las abejas silvestres buscan alimento y los hábitats en los que anidan.

  • Condiciones climáticas adversas: Las condiciones climáticas desfavorables, como las primaveras demasiado frías, pueden interrumpir la recolección de néctar y polen, lo que daña a las colonias de abejas melíferas y sus crías.

  • Prácticas agronómicas: Los métodos de cultivo cada vez más intensivos han afectado los hábitats de las abejas silvestres y el alimento disponible para ellas. El mal uso de los pesticidas también afecta a las abejas.

(Agentes polinizadores. Foto: Conicet).

¿Hay algo que el resto de nosotros podamos hacer para mejorar la terrible situación de las abejas? Absolutamente sí

  1. Promover las especies de plantas autóctonas y variadas. Si tienes una finca o jardín cultiva  plantas nativas de toda la variedad de tipos y colores para favorecer la diversidad. Las plantas autóctonas están mejor adaptadas a tu clima que aquellas exóticas.

  2. Continuidad de floración estacional. La elección de las plantas también debe cubrir con floraciones cada estación del año (primavera, verano y otoño, principalmente). Algunas especies de abejas se mantienen activas todo el año, otras solo en primavera y verano, y todas necesitan alimentarse sea la fecha que sea.

  3. No utilizar plaguicidas químicos en tu huerto, jardín o terraza. Hay algunas especies que no solo se alimentan del polen y del néctar si no que utilizan las hojas para construir sus celdas. Hay muchas alternativas a los plaguicidas químicos e incluso estas solo se deben utilizar en última instancia.

  4.  Potencia los refugios naturales para polinizadores.

  5. Coloca pequeños bebederos de agua, para que las abejas se hidraten durante sus viajes de recolección. Las abejas utilizan el agua para digerir su alimento, además algunas trasportan agua a la colmena para regular la humedad del panal y generar efecto de aire acondicionado al evaporarse, en momentos donde el calor es muy sofocante. Coloca un recipiente con agua y canicas o bolitas de cristal para que las abejas no se ahoguen.

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