Claudia Domínguez, la hija de la memoria

Especiales | Derechos Humanos

07 de agosto de 2017, 20:49. Por: Unidiversidad / Ricardo Sánchez Rico. Fotos: Florencia Ponce.


Sus padres están desaparecidos, es la nieta número 117. Incursión a su pasado y su presente: el juicio a los jueces, su familia biológica y sus apropiadores. El valor histórico de "renacer".


Claudia Domínguez, la hija de la memoria

La nieta 117 reflexionó en Unidiversidad sobre el megajuicio y su renacida vida desde hace dos años.


A poco más de una semana de la histórica sentencia por la Megacausa contra los delitos de lesa humanidad cometidos en nuestra provincia, conocida como “Juicio a los jueces”, y a casi 20 días del segundo aniversario de la restitución de su identidad, Claudia Domínguez Castro abrió las puertas de su historia personal para que lectores y televidentes puedan palpar los hechos que vivió el país en años recientes.

Claudia, también conocida ahora socialmente como la nieta recuperada 117, expresó con mucha fortaleza los pasajes más dolorosos de su historia personal, pero también su visión sobre los procesos que vive actualmente la Argentina en temas como el 2 x 1 y la lucha por la verdad tras el último gobierno de facto, o aspectos tan personales como las heridas abiertas por lo vivido.
 

Juicio a los jueces

La lectura de la sentencia a los exmagistrados y a otros 24 acusados en el esperado “Juicio a los jueces” no fue un día más en la vida de Claudia. Esa fecha pasó a ser una de las piezas centrales del rompecabezas que intenta armar desde hace años, pero fundamentalmente desde que recuperó su identidad. “Para mí este juicio tuvo un doble sentido: en lo personal, mi restitución en 2015 fue en paralelo al inicio del juicio, que empezó en 2014. Fue el primer contacto con la realidad de mis padres”, detalló Claudia.

Y agregó: “Después de entender lo que había sucedido, queda apoyar la lucha de toda la gente que a lo largo de los años lograron políticas de Estado que hicieron que los juicios fueran posibles y sentar en el banquillo de los acusados a los implicados”.

Sin embargo, la nieta 117 confesó que la experiencia de restitución de la identidad es una especie de segundo nacimiento, porque siempre estaba presente la “duda que se manifiesta de distintas maneras: duda física, una necesidad de saber el motivo por el cual una no está en el lugar que debe, o de saber si hay alguien que sí está en ese lugar”. Conocer su identidad le recrea una especie de “nacer a la verdad”. En esa definición, Claudia no dio vueltas: “Una, con el tiempo, se da cuenta de que la sangre puede más y el ADN es mucho más que una cuestión biológica”.
 

 

La condena a Otilio Romano

Tras la sentencia a los exmagistrados, lo que sorprendió a muchos fueron los conceptos vertidos en una serie de entrevistas que brindó a distintos medios el excamarista Otilio Romano. Entre ellos se destaca el desconocimiento que el exjuez argumentó sobre las denuncias y delitos de lesa humanidad durante la dictadura.

Al respecto, Claudia Domínguez refutó las excusas del condenado desde la lógica y desde la propia naturaleza humana: “No tuve la posibilidad de acompañar a mi abuela y familia en una búsqueda legítima y clara hasta 39 años después. Es ilógico pensar en el desconocimiento habiendo tanta información y tantos documentos elevados judicialmente”.

“La cantidad de gente que nos buscaba y la cantidad de documentos que se presentaban hacen imposible creer lo que él pretende mostrar como real. Sin embargo, termino suponiendo que hay un hermetismo que traspasa lo humano, lo racional. Escuchándolo a él, uno dice: ‘O tiene un gran problema que hace que no se dé cuenta de una realidad o es un manejo a propósito de que esto no tiene que salir a la luz’”.

Sobre los años de condena que le quedan a Romano por delante, Claudia puntualizó: “No quiero ni pensar en las condiciones en las que mi mamá me tuvo, que no se comparan con las que él va a tener. Lo que necesito saber es qué pasó, dónde nací y dónde están mis padres, y así los cientos de casos en Mendoza y los 30 mil en el país”.

 


Nietos restituidos

La forma en la que Claudia relató cada episodio trascendente de su vida siempre estuvo marcada por la serenidad. Esa serenidad no se corrió a la hora de reconocer la importancia histórica para la sociedad de la reconstrucción que elabora día a día de ese rompecabezas propio, pero que a la vez es de todos.

Claudia Domìnguez en el set de Unidiversidad Noticias.

“Somos la evidencia viva de que lo que quisieron ocultar se cae a pedazos, somos un testimonio físico de que lo que ocurrió es real. Esto sigue siendo aberrante por la falta de información, los años perdidos, y el daño también es colateral: además de lo generacional, mis hijos están reconstruyéndose”, afirmó.

Además, no esquivó la ambigüedad que ahora enfrenta al tener “dos familias”: “Con mi familia biológica se dio todo de forma muy natural, yo estuve abierta a ellos y ellos hacia mí, a conocerme, porque es real que uno llega de adulta y con una familia, se dio de la mejor manera". Su familia de crianza fue un tema central de la entrevista, por la humanidad transmitida en ese instante cerca del final de la conversación con Claudia:

Tu familia, la que te crió, ¿es familia adoptiva o apropiadora?
Mirá, son términos muy difíciles de pronunciar; no de racionalizar, pero sí de pronunciar. Esas son las cosas que uno va modificando, pero son como sentimientos de culpa, que no son culpa, pero que se sienten así… Es difícil, sé el lugar que ocupa esto, pero es lo que me producía a mí y a mi familia. La palabra es “apropiadora” porque legalmente es así, pero por la vida que yo tuve con ellos, yo siento que tuve una vida de adopción. En realidad tuve una vida muy linda, me dieron todo, estuve bien educada, en un contexto de clase media baja, y creo que me puedo manifestar así gracias a la manera que tuve de vivir y la libertad que me dieron, más allá de sus limitaciones y dureza posterior al ADN positivo.

La preocupación de Claudia no da tregua. Incluso se permite lanzar a modo de pensamiento, pero en voz alta, una advertencia como para que la escuche toda la sociedad: “Estamos acá parados frente a cuestiones sociales, históricas y políticas que pasan a diario y que le pueden pasar a otras personas o a mis hijos si no estamos alertas”.

El 9 de diciembre de 1977, en un operativo a cargo de supuestos policías, Gladys Castro y Walter Domínguez fueron secuestrados en su casa de la localidad de Godoy Cruz. Nunca más se supo de ellos ni del hijo o hija que esperaban para marzo de 1978. Gladys estaba en su sexto mes de embarazo.

Según relata el portal de Abuelas de Plaza de Mayo, el jueves 27 de agosto de 2015, el Banco Nacional de Datos Genéticos informó a la Conadi que la joven que se tomó muestras de sangre en julio de ese año era la hija de Walter y Gladys.

 

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