Desde la máquina del tiempo I

Dos especialistas recrean el pensamiento de los diputados Juan Agustín Maza y Tomás Godoy Cruz, representantes mendocinos en Tucumán. Aquí recreamos una entrevista a Maza de la mano de Adolfo Cueto, Doctor en Historia, Director del Centro Interdisciplinario de Estudios Regionales y decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo.

Sociedad Edición U #12 - Bitácora de la Independencia / / Publicado el 04 DE JULIO 2016

Juan Agustín Maza

 

¿Cómo fue su formación en política?

Si bien mi apellido se ha vinculado con las familias más tradicionales de la ciudad de Mendoza, es decir, a la denominada “oligarquía fundacional”, debo aclarar que mi abolengo no se remonta al momento original de la ciudad de Mendoza. Por el contrario, es uno de los tantos apellidos que llegaron a Cuyo originarios de la Península en la segunda mitad del siglo XVIII, cargados de nuevos aires en el pensamiento español y al momento de crearse el Virreinato del Río de la Plata, allá por 1776. Mis padres, preocupados por mi formación, como muchas otras familias acomodadas, me enviaron a la Real Universidad de San Felipe, para continuar mis estudios en Chile. Allí, como muchos otros mendocinos y cuyanos, estudié Abogacía y me gradué como doctor en Derecho especializado en Derecho Civil a mis 21 años de edad, el 24 de enero de 1807. Sin dudas, fue en esta institución en donde obtuve mis primeras armas en la política, aunque de formación teórica por entonces. Tuve ilustres compañeros de estudios, como Tomás Godoy Cruz. Con ellos nos reencontramos en la vida; con unos, en el mismo bando y con otros, enfrentados irreconciliablemente. Inmerso en el pensamiento jesuítico que se enseñaba en aquellos claustros, pese a que ya había sido expulsada la Compañía, abracé ideas como que la soberanía reside en la comunidad o la necesidad de limitar a la monarquía, entre otras. No menos importante en mi formación fueron las lecturas de pensadores franceses, españoles e ingleses que esclarecieron mi caminar hacia el pensamiento republicano.

¿Cómo se involucra en la cosa pública?

Como todos mis coetáneos, al desarrollarse los sucesos de Mayo de 1810, me volqué decididamente y con el más profundo fervor patriótico por la causa de la revolución. No solo fui vocero de las ideas liberales en cada salón, tertulia o reunión a la que se me invitaba. También pude escribir varios volantes y pasquines que procuraban esclarecer al pueblo ilustrado. Sin embargo, inicié mi práctica en la política en 1812 al ser designado miembro del Cabildo de la Ciudad de Mendoza. Por aquel entonces, en el ayuntamiento ya no sólo se discutían los temas propios del funcionamiento de la ciudad. Estábamos muy preocupados por el destino de la revolución y de la emancipación, así como del respeto de las autonomías ciudadanas.

¿Cómo impactó la revolución en su vida?

Claramente no pasó desapercibida. Entendí que era el momento de poner en práctica todos mis estudios e inicié una activa participación en favor de los cambios, sin dejar de militar los intereses propios del localismo regional. Yo, como cualquier joven de aquel tiempo, y por las instituciones en las que me había formado, abracé el pensamiento liberal y a la forma republicana como opción de gobierno para los nóveles pueblos hispanoamericanos que estábamos naciendo a la libertad.

¿Cuál fue su participación en la revolución?

Como ustedes saben, la Revolución que tuvo lugar el 25 de mayo de 1810 en el Cabildo de Buenos Aires produjo un quiebre del orden institucional en todo el territorio del entonces Virreinato del Río de la Plata, con el cese de la autoridad del virrey y la formación de la Primer a Junta Gubernativa a nombre de los derechos de Fernando VII. Aquellos sucesos fueron oficialmente conocidos en Mendoza el 10 de junio de ese año. Aunque las ciudades de San Luis y San Juan adhirieron en forma inmediata, los mendocinos teníamos razones para creer que era mejor esperar que amainara, y luego decidir qué hacer. Porque, piénselo: si bien Buenos Aires era la capital, era la autoridad municipal del cabildo local la que tomaba tamaña decisión.

¿Quién gobernaba en 1810 en Mendoza?

La autoridad de gobierno de Mendoza era Faustino Ansay, subdelegado de Real Hacienda y Guerra, comandante de armas y comandante del Primer Regimiento de Caballería de Mendoza. Mi padre, Isidro Sáenz de la Maza, era el comandante de armas de urbanos. La demora en la toma de decisiones nos llevó a sustituir definitivamente al subdelegado de Real Hacienda y Guerra, dado que empezamos a temer una reacción armada o el inicio de una contrarrevolución por parte de los funcionarios españoles. En su remplazo designaron provisoriamente a mi padre como nuevo Comandante de Armas. Luego del 10 de julio de 1810, fecha en que Mendoza adhirió definitivamente a la revolución, me sumé a las filas de los comprovincianos que discutimos hasta último momento la necesidad de que la autoridad que gobernara en adelante nuestra ciudad fuera un vecino y no una autoridad impuesta como hasta entonces. Desgraciadamente, los gobiernos que fueron surgiendo en Buenos Aires pocas veces entendieron el incipiente espíritu de autonomía y nos impusieron gobernadores desde la capital, sin la participación del “pueblo” mendocino.

¿Colaboró en la formación del Ejército de Los Andes?

En aquel significativo año de 1815 tuve el honor de ser designado como miembro del Ayuntamiento local. Este espacio me permitió participar directamente en las cosas del Estado y del gobierno local. Desde mi función como capitular del Cabildo de Mendoza, me convertí en un activo colaborador de los planes de San Martín, así como de la formación del Ejército de los Andes. Tal como se lo escuché contar en reiteradas oportunidades al por entonces coronel José de San Martín, tras la experiencia del Ejército del Norte y tras avizorar las escasas posibilidades de éxito desde aquel punto de nuestra geografía, una sola idea lo trajo a nuestra tierra: hacer la guerra desde Cuyo, a través de los Andes y, desde Chile por el mar, terminar en Lima. Escasamente transcurrido un mes de haber asumido el coronel la intendencia de Cuyo, la derrota de Rancagua golpea profundamente el plan emancipador y los mendocinos debemos enfrentar una importante crisis. Mi compromiso con tan magna empresa me llevó a dedicarme infatigable con permanente acción. Sabiendo que eso no era suficiente, no reparé en donar gran parte de mis bienes personales, además de propiciar la  colaboración y participación de todos.

¿Cuáles fueron sus acciones políticas para apoyar a San Martín?

Mi objetivo fue generar ingresos a las arcas del Estado que dieran factibilidad al plan emancipador. Eran tiempos para hombres de acción, como decía nuestro gobernador. Entre las medidas que propicié, estuvo la creación de un impuesto de guerra basado en el capital de cada individuo y también en multas y otras contribuciones aplicadas a los enemigos de la causa americana, normativa que recaudó en un semestre más de 13 mil pesos. No menos importante fue el bando del 11 de noviembre de 1815, por el cual se establecía una contribución extraordinaria en el ramo de la carne destinada a la obtención de numerario destinado a la formación del Ejército. Sabía que no eran medidas populares para mis comprovincianos, pero el fin era sublime. Otras de las medidas que propuse desde mi sitial en el Cabildo –y que me encargué de promover incesantemente– fue la manumisión de las dos terceras partes de los esclavos de la provincia que fueron a engrosar las filas del heroico ejército.

¿Por qué cree que debíamos independizarnos?

Luego de los hechos de mayo de 1810, y analizando los sucesos que sacudían a Hispanoamérica y a Europa, no quedaba otro camino que luchar para ser libres e independientes como una nueva república o aceptar volver a ser colonia de alguna corona del viejo continente. Así lo entendimos y afrontamos la realidad. Por ello, luego de ser designado representante como diputado por la ciudad de Mendoza junto a mi amigo Tomás Godoy Cruz ante el Soberano Congreso de las Provincias Unidas en Tucumán por la ciudad de Mendoza, nos abocamos a propiciar las ideas sanmartinianas y luchar para concretar la tan deseada emancipación. Por eso, aquel 9 de julio de 1816, al firmar el Acta de la Independencia de las Provincias Unidas de América del Sud, no sólo fue el momento en que se concretaban nuestros más profundos anhelos. He llevado este hecho en mi mente como el más glorioso que me tocó vivir.

¿Por qué llegó a ser parte del triunvirato que gobernó la provincia en 1824?

Después de que el Congreso se trasladara a Buenos Aires, entendí que mi misión allí estaba terminada, por lo que renuncié y regresé a ponerme al servicio de mi ciudad en 1818. El desmembramiento de la Intendencia de Cuyo (1820) me encontró trabajando en mi profesión de abogado y ejerciendo como profesor en el prestigioso colegio de la Santísima Trinidad. Mi afán por participar de la cosa pública me llevó a encabezar, el 29 de abril de 1824, la Junta popular que se presentó al Cabildo pidiendo la separación inmediata del gobernador Pedro Molina, en vista de la deplorable situación en que se encontraba la provincia por la adulteración de la moneda, que reportaba la ruina total de la fortuna pública y privada. Entonces terminé formando el triunvirato que asumió el gobierno local hasta que fuera designado el general Albino Gutiérrez en el Ejecutivo. Por aquellos años, a la inestabilidad institucional que generaba el creciente enfrentamiento entre unitarios y federales y a la crisis financiera, se sumaba el ataque constante de las poblaciones nativas, que sacudía la frontera sur. Así, no nos llamó la atención que el por entonces gobernador Juan Corvalán decidiera ponerse al frente de la defensa de la frontera sur y marchar hacia allí. El 12 de noviembre de 1828, la Honorable Legislatura me honró con la designación como gobernador interino.

Tarea que no aceptó…

Es que en realidad no estaba en mi vocación ostentar aquella investidura. Por eso, ante la sorpresa de los legisladores y de la población misma, rehusé aquel honor el 14 de noviembre de 1828. Mi vida había transcurrido siempre estando al servicio de mi pueblo desde el llano y no quería cambiar esta decisión de vida.