El supuesto complot iraní-cubano-venezolano-mapuche

Por Roberto Follari, doctor en Psicología, epistemólogo y docente.

El supuesto complot iraní-cubano-venezolano-mapuche

Internacionales Columnas por Roberto Follari para Unidiversidad / Publicado el 10 DE ENERO 2020

Que la palabra está devaluada, y la estupidez mediática camina a marcha redoblada, lo advertimos hora a hora y día a día (más marcadamente los que venimos de las ciencias sociales) y vemos hacer afirmaciones burdas de todo tipo, en las cuales el "hablemos sin saber" es la consigna explícita o implícita. Buena parte de los periodistas del stablishment están abonados a esta condición, tanto a nivel nacional como de la provincia.

Vivimos en los primeros días del año 2020 la zozobra de una peligrosísima escalada militar a nivel mundial, que podía derivar en una guerra -declarada o no- de alcances planetarios. Estados Unidos asesinó a uno de los máximos líderes del gobierno iraní (con el cual está enfrentado desde los lejanísimos tiempos de la caída del Sha), y recibió como respuesta una lluvia de misiles sobre dos de sus bases militares en Irak (como se sabe. EE.UU. se autoarroga el derecho de poner bases militares en todos los sitios del mundo en que gobiernos obedientes se lo permiten). La respuesta del impredecible Trump todavía no se daba, y todos estábamos en un hilo con el miedo de que agudizara el conflicto por vía de un nuevo contraataque.

Por fortuna para el mundo, los asesores militares del presidente de EE.UU. lo convencieron de la peligrosa suerte para la civilización toda, si la pelea se escalaba de nuevo y más alto. Bastante había logrado la gran potencia con eliminar a Suleimani con el silencio cómplice de los líderes mundiales -matar adversarios sin condena ni proceso no está justificado por el derecho-, de modo que Trump aseguró no tener bajas entre sus fuerzas, y dio por cerrado el episodio.

Pero en el medio, hubo que escuchar analistas. Los hubo serios, chantas y -no por último- también aberrantes. Entre estos últimos, destaco los dichos disonantes y absurdos que me tocó escuchar esa especial noche en horas de la madrugada.

En el canal de TV de La Nación -no casualmente-  fue donde hubo quien se despachó usando un conflicto de magnitud mundial para la más mezquina operación local. Quería hablar mal del nuevo gobierno nacional, deporte en el que se disputan la victoria diariamente la mayoría de los voceros de medios televisivos nacionales y locales. No venía a cuento, pero en verdad eso es lo que menos importa: la consigna es atacar primero, y sólo luego preguntar de qué se trata.

De tal modo, escuchamos disparates como que "Caracas sabía" de los misiles iraníes, porque "lo sabía Cuba". Qué tenga que ver esto con Medio Oriente, es algo a desentrañar en medios psiquiátricos. Es obvio que ningún analista internacional serio dice que Cuba o Venezuela tengan algo que ver con estos espacios del enfrentamiento planetario. Pero el "analista" insistía, porque quería implicar al gobierno argentino en esa imaginaria entente "cubano-venezolano-iraní".

El gobierno venezolano puede tener buena relación con el iraní, pero seguro que nula influencia en las decisiones estratégicas de ese país. Y si "Cuba sabe lo que hace Caracas", imagínense si Washington no sabe lo que hacen Bogotá, Quito, Lima, Santiago, Brasilia, Asunción y ahora La Paz. Qué ridícula "denuncia".

Y claro, recuerda el eje "iraní-venezolano-cubano-mapuche" que alguna vez inventara la ex-ministra Bullrich en torno de la muerte forzada de Santiago Maldonado. A la hora de satanizar adversarios, no se andan con pequeñeces: se inventaron un terrorismo mapuche...asociado a los chiitas de Medio Oriente!! Y pasando por La Habana. La sensatez, en total abandono.

La universidad tiene mucho que hacer en esto de recuperar la densidad de la palabra. No mezquinemos el rechazo a la palabra pública instalada en la zoncera, venga ella de Susana Giménez, de Mirtha Legrand, o de los múltiples personajes que deshonran al periodismo con su mala fe y/o su ignorancia. Es hora de poner de pie al concepto, frente a la magnitud insondable que han adquirido en los medios los estilos del chisme y del correveidile.-

 
 

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