Elisa (Des)Carrió en Paraguay: espionajes cruzados

El epistemólogo y docente de la UNCUYO analiza las idas y vueltas discursivas de la diputada nacional acerca del espionaje que habría sufrido en Paraguay.

Sociedad Columnas / Publicado el 01 DE JUNIO 2017

Elisa Carrió fue espiada mientras se contactaba con otros espías. Rara situación. Y más raro aún que ella denuncie por espionaje a quienes la encontraron reunida con espías.
 
Estuvo esta semana en Mendoza, pero poco se le preguntó sobre este singular episodio. La diputada hizo una de sus altisonantes acusaciones, esta vez contra Majdalani, la número 2 de la AFI, por haberla espiado en un viaje al Paraguay que la ahora candidata de Cambiemos realizó hace poco tiempo. 
 
Es cierto que Majdalani es altamente desconfiable. Pero también lo es Arribas, el número 1 de la AFI, salpicado por el caso Odebrecht, y venido del nada transparente mundo de los pases futbolísticos internacionales. Carrió propuso que Majdalani era culpable, y Arribas, por completo inocente, lo que es poco plausible, y por cierto imposible de probar. De paso, la candidata también salvaba así su relación con el presidente, último responsable de la presencia de Arribas y Majdalani en la dirección de la Agencia Federal de Inteligencia, anterior SIDE.
 
En estos últimos días, y para cerrar el desaguisado también de mala manera, súbitamente Carrió dejó de denunciar a la AFI y a su subdirectora para pasar a decir que, en verdad, nadie la espió en Paraguay. Es insólito el cambio de actitud, inexplicado por Carrió. Es decir: sólo se entiende si lo hizo por razones políticas o presiones tipo "carpetazo", esas que vienen, precisamente, de las agencias de inteligencia y de su uso para fines inconfesados, a menudo ilegales.
 

Lo cierto es que de lo que menos se habla es de lo más importante que ocurrió: circula la foto de Carrió sentada a una mesa con un exmayor del Ejército Argentino, a quien Morales Solá (que de ese tipo de cosas, sin dudas, sabe) sindicó como miembro del espionaje paraguayo y estadounidense. Y ello deja claro, al menos, dos puntos decisivos:

1. Una mujer que se autoasume como fiscal de la República se reúne en países extranjeros con espías extranjeros. Obviamente, lo hace de manera encubierta, y cuando se la descubre, pone el grito en el cielo, como el ladrón que grita "¡¡Al ladrón!!"

2. Queda claro que las habituales denuncias de la diputada, llenas de detalles difíciles de obtener por comunes ciudadanos, están basadas en datos conseguidos desde sus relaciones con el espionaje ilegal, al que a ella tanto le gusta denostar.

Se requiere volver a la normalidad institucional, en este festival absurdo de escuchas ilegales y denuncias infinitas; ahora que la ex-Ojota formaría un nuevo espacio institucional para compilar y utilizar datos de los ciudadanos, es más urgente que nunca que todos los argentinos, más allá de partidos y de momentáneas conveniencias, pongamos límites a la intromisión del Estado en la intimidad, y a la cloaca moral que se implica en la coacción y el chantaje planteados a partir del uso clandestino de datos de la vida personal de cualquier habitante de nuestro país.

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