Entre rebuznos y relinchos

Unidiversidad | Sociedad

12 de mayo de 2017, 17:15. Por: Milagros Martín Varela.


Por qué la mula es necesaria en la montaña.


Entre rebuznos y relinchos

La mula argentina es una herramienta para todas las unidades de montaña del Ejército. Foto: Alberto Piazza.


En el Haras General Las Heras, ubicado en el establecimiento del Ejército Campo Los Andes, se encuentra el Centro de Cría, Recría y Amansamiento Mular. Es uno de los centros más importantes de Sudamérica, ya que ahí es donde nacen y se forman las “famosas mulas argentinas”. Animales dóciles, mansos, robustos, ideales para la actividad de montaña que realiza el Ejército.

“Este haras se caracteriza porque el proceso productivo (de la mula) es total”, comentó el militar y veterinario Martín Lazarte. Ese centro se instaló definitivamente en Campo Los Andes en el año 2010 y el especialista consideró que era la decisión “más correcta y lógica”, si se tiene en cuenta que la mula se va a desempeñar en la Cordillera de Los Andes. Lazarte explicó que la mula es un híbrido, ya que se gesta de la cruza del burro con la yegua. Se realiza con inseminación artificial y tiene un período de gestación de entre 340 y 350 días.

El veterinario encargado de producir mulas para las unidades de montaña del Ejército de todo el país distinguió al animal producido en La Remonta de sus parientes los caballos, aunque desde la apariencia haya logrado mucha similitud. La mula tiene determinados rasgos característicos, como son las orejas largas, la cabeza un poco más grande, los cascos de sus patas más chicos –lo que hace que se desplace más segura en la montaña–, es más adaptable, tiene la capacidad de sobrevivir ante la falta de agua, la aptitud para caminar por sendas o lugares con más dificultades y es más resistente.

Aseguró que la mula es muy importante para el trabajo de las tropas de altitud porque es un animal que permite transitar por la montaña en forma segura e instintivamente detecta el peligro en los senderos más filosos. "Toma decisiones instintivas: cuando uno anda en la montaña y es sorprendido por un viento blanco o un temporal –detalla Lazarte–, se le suelta la rienda a la mula y ella sabe cómo y por dónde volver a su lugar".

El veterinario hizo hincapié en el fen-amb, que es el resultado de los genes del animal más el ambiente. En cuanto a este último aspecto, el estudioso consideró que “si una mula es parida y criada en la montaña y va a trabajar en la montaña, va a ser eficiente o mejor que la mula criada en la Pampa Húmeda, como era anteriormente”.

“La función de la mula en el Ejército es logística –siguió el médico veterinario–, el apoyo en el combate, además de transportar al soldado. Por eso en el Ejército tenemos dos tipos de mulas: cargueras y silleras”. La existencia de estos animales es muy importante para la vida de cualquier persona que ha sufrido algún accidente o no ha podido soportar las impiedades climáticas del Aconcagua o cualquier otro punto de gran altura en la cordillera de Los Andes. La explicación a esto la da Lazarte, que remarca que, cuando alguien requiere rescate y hay un temporal en alta montaña, ni siquiera un helicóptero puede llegar a esa zona, y sólo la mula es el transporte capaz de acceder a esos puntos de riesgo.

En ese sentido, el suboficial Luis Alberto Manríquez recuerda haber participado en rescates nocturnos en Plaza de Mulas, el enclave a 4400 metros sobre el nivel del mar. "El helicóptero no podía entrar por el clima, el tiempo, por el viento y la nevisca que había, y con el único animal que lo pudimos sacar fue con la mula. Entonces la importancia es inmensurable”, concluyó el experto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El mayor Martín Lazarte, el veterinario del Haras General Las Heras en Campo Los Andes. Foto: Alberto Piazza.

 

 

Cría, recría y amansamiento

Lazarte se explayó en las tres etapas de producción de la mula en el haras. La cría consiste en la reproducción, desde la concepción del embrión hasta el destete. En cuanto al tiempo, consiste en los 350 días aproximados de gestación, los primeros seis meses, en los que las mulas están al pie de sus madres, y finalmente se las desteta cuando cumplen un año.

A esas alturas, se procede a la etapa de recría: la mula se va al campo, va al haras cada 10 a 15 días y se la empieza a llevar a la Cordillera. A los dos años y medio, esa mula está lista para entrar al proceso de doma, que tiene a su vez dos subetapas: el amansamiento “de abajo”, en el que se le enseña a “socializar” con el humano, a que pierda el miedo; y –luego de 45 días– se la empieza la doma “de arriba”, lo que significa domar al animal. Se le realizan entre 5 y 10 ensilladas a cada mula y, finalizado ese proceso, la mula está lista para ser entregada a las distintas unidades. Las mulas viven aproximadamente entre 25 y 28 años.

Planificación, eficacia y precisión

Lazarte tiene un “objetivo de producción” de aproximadamente 100 mulas al año. De esa cantidad, algunas quedan en Campo Los Andes y el resto se reparten entre San Juan, Uspallata, Jujuy y Neuquén. Para lograr ese propósito, el especialista comentó que es necesario ser preciso, por lo que entre el 1.º de octubre y el 31 de enero, le hace ecografías cada 48 horas a cada yegua para saber cuándo está ovulando y cuándo es el momento preciso de realizarle la inseminación, ya que estos animales se alzan sólo en primavera y en verano.

Lo que logra el referente al ecografiar tan seguido a las yeguas es saber cuándo están por ovular, y así conseguir que sólo haga falta inseminarlas una vez para que queden preñadas. Ese método de trabajo, explicó Lazarte, le permite ahorrar recursos y horas de trabajo. Por ello se puede proveer a todas las unidades militares de las mulas que sean necesarias.

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