Escenas frente a la muerte analfabeta

Ignacio Guido Montoya Carlotto vino a Mendoza a participar del Festival San Vicente Tango y conoció durante la conferencia de prensa a Teresa Ramírez, compañera de militancia de su padre, Oscar Walmir “Puño” Montoya.

Escenas frente a la muerte analfabeta

Nacional Especiales por Elizabeth Auster / Publicado el 06 DE OCTUBRE 2014

 
El plan era dar una breve conferencia de prensa a las 17.00. La prueba de sonido en el Teatro Plaza se había demorado e Ignacio Guido, a través de su equipo, pidió al periodismo presente unos minutos más para poder ensayar en el piano instalado en la sala de conferencias. Teresa Ramírez llegó instantes más tarde. En cuanto lo vio a través del vidrio de la puerta del Salón Eva Perón del Concejo Deliberante de Godoy Cruz no pudo contenerse, pedir permiso ni esperar un segundo más. Teresa entró al salón, se acercó al piano eléctrico y fue sin más a presentarse y acariciar la cabellera del músico. Lo mismo había hecho 37 años atrás en la despedida de Oscar Walmir “Puño” Montoya, el padre de Ignacio Guido Montoya Carlotto, el día que el joven sureño huyó a Buenos Aires, donde conoció a Laura, militante platense que fue su pareja y la madre de su hijo, y resultó, al igual que él, detenida y desaparecida por la dictadura.
 
"Frente a este tipo de reparaciones poéticas, la muerte no sabe leer ni escribir", es una de las frases emblemáticas del músico olavarriense Ignacio Guido Montoya Carlotto. La expresión le ha servido para contextualizar los episodios de revelaciones y encuentros que le ocurren permanentemente desde que su identidad fue restituida el 5 de agosto, cuando la jueza María Romilda Servini de Cubría le informó el resultado de su muestra de ADN. También le permite comprender y situarse histórica y emocionalmente ante la repentina fama nacional que excede su carrera artística.
 
“Nadie sabe cuánto trabaja la cabeza”, decía Teresa Ramírez acerca de lo que había experimentado durante los dos meses transcurridos desde que se identificó al hijo de desaparecidos N.º 114 y se supo (inmediatamente y contra el protocolo que se sigue en estas búsquedas) que era el nieto de la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto. Se refería también a los más de 35 años pasados con miedo, angustia, incertidumbre. El miedo adivinado en los otros, esos amigos y compañeros que huyeron o que resistieron, ante lo que podía pasarles. El miedo por la certeza de que esos compañeros no volvieron porque habían sido secuestrados, torturados y asesinados. La angustia de sobrevivir sin entender cómo, de vivir escondiéndose o escapando, de no poder contarle a nadie a dónde se iban para no poner al entorno en peligro. La incertidumbre frente a la posibilidad de una reparación histórica y emocional, y la seguridad de que esa reparación sería incompleta.
 
La reunión privada entre Teresa e Ignacio Guido (cuando le suceden estas cosas lo dejan solo porque son momentos muy personales, explica su equipo) duró algunos minutos. Él venía cansado, sin dormir, escaso de tiempo. Con su estilo sereno, su amabilidad y ese humor que se va convirtiendo en un sello (tan heredado de Puño como la sonrisa y el cabello enrulado), conversó con Teresa, se tomó una foto con ella, le dio sus datos para que se mantuviera en contacto (una hoja de papel con su mail y su teléfono; una hoja donde escribió “Ignacio Guido Montoya Carlotto”), le dio ánimo (“¡Vamos, vamos, no llore, no me afloje ahora!”) y la invitó a presenciar la conferencia de prensa.
 
“Yo decía en la entrevista que se tenía que saber cómo era Puño, tan buena persona”, le explicó Teresa. “Se va a saber, se tiene que saber”, le respondió el hijo de su amigo.
 
“Pienso que me hizo bien estar sola (con él). Le conté cómo nos conocimos con su papá, la relación especial que teníamos, la forma en que nos queríamos, como si fuéramos hermanos. Me contó lo que había pasado en Caleta Olivia, donde todos decían que era una reencarnación de Puño. Me hizo bien verlo, venía temblando. Ya está”, contó después Teresa, con la sonrisa aliviada tan propia de quien ha dejado atrás varias décadas de dolor. 
 
Nota del Editor: La entrevista que motivó este encuentro fue publicada por Edicion UNCUYO el miércoles 20 de agosto bajo el título "Puño hubiera estado orgulloso de ese hijo". 
 
 

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