Haití y los olvidos del Bicentenario

El autor es magíster en Ciencia Política y Sociología (Flacso), magíster en Historia y doctor en Historia (Universidad Pompeu Fabra).

Haití y los olvidos del Bicentenario

"Batalla en Santo Domingo", pintura de January Suchodolski. Imagen tomada de Wikipedia.

Sociedad Edición U #12 - Bitácora de la Independencia / por Juan Francisco Martínez Peria / Publicado el 04 DE JULIO 2016

Actualmente asistimos a numerosas conmemoraciones del bicentenario de la independencia argentina que, aunque bien intencionadas, suelen olvidar el carácter regional de aquel proceso, sus límites en cuanto a lo social y el antecedente de Haití, que fue el primer país latinoamericano en emanciparse en 1804. En particular, la omisión de la revolución haitiana es muy grave debido a su enorme originalidad y radicalidad. Este olvido no es casual sino que justamente se debe al terror que generó en la élite de su tiempo. El haber sido la primera y única revolución de esclavos triunfante en el mundo le valió el castigo de los imperios que la negaron sistemáticamente.

Dicha historia silenciada comienza en 1789, cuando la isla aún se llamaba Saint Domingue y era la colonia más rica de Francia. Allí, 500 mil esclavizados africanos producían azúcar y café, entre otros productos, para los plantadores blancos y la burguesía francesa que luego los vendían en el mercado mundial. Además, integraban la sociedad los blancos pobres y los affranchis (mulatos que tenían pequeñas plantaciones pero que sufrían la exclusión racial), lo que daba como resultado un orden violento e desigual.

Ese volcán estalló en 1789, cuando la revolución francesa agitó la isla. De inmediato, la élite se opuso a la aplicación de la “Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano” en la colonia. Claramente esa no era la intención de la Asamblea francesa, ya que el hombre al que se refería era uno muy particular: el varón blanco, europeo y propietario. Esta obvia contradicción enardeció a los affranchis, que se sublevaron en pos de la igualdad (aunque no del fin de la esclavitud).

No obstante, los esclavos se rebelaron masivamente en 1791 en contra del orden racista y esclavista. Al hacerlo, asumieron el ideario ilustrado pero lo resignificaron universalizándolo genuinamente. Así, los lideres Toussaint Louverture, Jean Francois, Biassou afirmaban: “Somos tan libres como ustedes (…) sus iguales, por derecho natural”.

Francia y la élite resistieron el embate hasta que pragmáticamente abolieron la esclavitud (en dos etapas, 1793-1794) para buscar el apoyo de los negros en contra de España e Inglaterra, que habían invadido la colonia. Esa decisión, al inicio, resultó un éxito militar y político. Empero, a la larga fue ruinosa, dado que fortaleció a los exesclavos liderados por Louverture, quienes construyeron y hegemonizaron un nuevo orden post-racista y post-esclavista. Como corolario de ese proceso, en 1801, Louverture promulgó una constitución que, aunque mantenía el estatus colonial, virtualmente desconocía el poder de Francia en la isla.

Con ese paso, la revolución negra había ido demasiado lejos y Napoleón envió una expedición para restablecer el antiguo régimen. Así, la revolución francesa mostraba nuevamente su verdadero rostro colonial. Los invasores inicialmente tuvieron éxito desterrando a Louverture. Empero, el triunfo devino en fracaso cuando intentaron reimponer la esclavitud. Los exesclavos aliados con los mulatos, liderados por Dessalines y Petión, se rebelaron y, en una guerra popular y anticolonial, consiguieron expulsar a los franceses. Nacía el 1.º de enero de 1804 la primera república negra del mundo y la primera nación independiente de América Latina.

Como vemos, la revolución haitiana fue un proceso sumamente radical, infinitamente más comprometido con la universalidad de los derechos del hombre que las revoluciones de Estados Unidos y de Francia. Incluso, superó al resto de las revoluciones latinoamericanas, que aunque lograron la independencia no subvirtieron el orden social. El mensaje libertario e igualitario de Haití fue único. Por ello hoy, cuando celebramos el bicentenario, en un mundo aún marcado por la colonialidad, resulta imprescindible recuperar su historia y enarbolar sus vigentes banderas.