Ignacio Guido entre nosotros, esa síntesis de reparación histórica

El nieto recuperado de la abuela de Plaza de Mayo, Estela Carlotto, estuvo en Mendoza. Si bien lo hizo en calidad de músico para participar del Festival San Vicente Tango, su presencia no pudo verse escindida de la lucha por su identidad.

Ignacio Guido entre nosotros, esa síntesis de reparación histórica

Ignacio Guido Montoya Carlotto durante la conferencia de prensa el sábado 4 de octubre en Godoy Cruz.

Especiales por Natalia Bulacio / Publicado el 06 DE OCTUBRE 2014


Sigue siendo el mismo, aunque nunca volverá a ser lo mismo. Ni el mismo. Pero no se puede ir en contra de lo que se es, ni se le cruza por la cabeza. Se lo ve tranquilo.

Llegó a Mendoza y anduvo a las corridas. En la mañana lluviosa de sábado, se reunió en un hotel con autoridades del Municipio de Godoy Cruz. El intendente radical Alfredo Cornejo y el responsable de Cultura, Diego Gareca, le entregaron un reconocimiento como símbolo de la lucha por los derechos humanos en Argentina. En esa oportunidad, Ignacio no quiso hacer declaraciones.

Luego fue recibido por el gobernador, Francisco Pérez. Se llevó el compromiso de hacer una noche por la Memoria como parte del cronograma vendimial, charló con organismos de derechos humanos, como Madres de Plaza de Mayo de Mendoza y la agrupación HIJOS.  El desarrollo de los juicios por delitos de lesa humanidad y el avance en las líneas de promoción y defensa de los derechos humanos en la provincia fueron los temas en los que también participaron el ministro de Gobierno, Rodolfo Lafalla; la subsecretaria de Justicia, Romina Ronda, y el subsecretario de Derechos Humanos, Juan Manuel González.

 

El músico 

En la tarde mendocina recibió a la prensa con una sonrisa, agradeció las presencias, miró con calma. Estaba cansado, no había podido dormir bien y la inquietud de terminar el ensayo para la noche no le dio licencia. Es que Ignacio fue invitado a participar de la segunda noche del Festival San Vicente Tango. Compartió escenario con Érica Ritman y trío de guitarras; Valparaíso Tango y El Sexteto Mayor. Entusiasmado, prometió volver  a esta tierra, porque le gusta y porque hay mucho por hacer, según dijo con humor.

Ignacio es pianista y compositor, y se desempeña como director de la Escuela Municipal de Música "Hermanos Rossi" de Olavarría, en la provincia de Buenos Aires. Integra además la agrupación de jazz Ignacio Hurban Grupo y forma parte de la Orquesta Errante. La música ha sido una constante en su vida. Se asombra de haber agotado sus CD luego de la repercusión que tomó su caso cuando descubrieron que era el nieto de Estela, el hijo de Walmir “Puño” Montoya y Laura Carlotto, ambos militantes desaparecidos a manos de los militares.

Ignacio estudió música en Olavarría desde los 12 años,  luego se perfeccionó en institutos y conservatorios y con los años, vinieron las composiciones y las apuestas artísticas.

En el 2000 dirigió el espectáculo de música latinoamericana "Fusión Latina". Al año siguiente estrenó la obra de su autoría Entre gallos y medianoche. También para esa época grabó dos discos junto a Gustavo Angelini, con quien formó el dúo de tango 2xtango. Luego de grabar un tercer disco, Tiempo y Forma, creó una asociación para la difusión del jazz en Argentina.

Para estos tiempos, y en el Teatro Plaza de Godoy Cruz, la propuesta fue presentar al Dúo Daniel Rodríguez-Ignacio Montoya Carlotto, conformado por guitarra y piano, cuyo despliegue artístico fue repaso de algunos de los más renombrados tangos de la guardia vieja. Ignacio estuvo ahí, dispuesto, accesible, humano.

Con sus convicciones musicales intactas, reconoció haber acopiado vino para llevar, y también confesó llevarlo puesto. Su rostro desplegaba una intacta sonrisa como trofeo. Agitó sus manos dando lugar a círculos imaginarios y buscó contacto visual con aquellos que preguntaron. 

 

En busca de su identidad

Ignacio, Guido, o Ignacio Guido Montoya Carlotto, es el nieto recuperado 114. Es el nieto con el que soñaba Estela, la abuela de Plaza de Mayo que lo buscó durante 36 años. Igualito a “Puño”, su papá, hermoseado por la relación con sus abuelas, explicó que desde la noticia de la restitución de su identidad todo ha sido positivo, pero que ha ocurrido muy rápido. Fue conocer una vida nueva que trascendió el saber de sus verdaderos padres.

Ignacio no oculta estar feliz por la noticia, por cómo, por quién y hacia dónde fue su camino. Sabe que eso habilita la posibilidad de ayudar a otra gente que quizás tiene su historia cruzada por el desconocimiento de su origen.

Es complejo conciliar al músico ligado al tango y al jazz, y al ahora nieto de Estela, en un solo cuerpo. Esa hermosa mujer es el ícono de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia, es esa valiente que denunció los métodos nefastos de la dictadura que desaparecía gente. Pero él no se queja. Parece abrazar a su historia que lo abraza.

Ignacio o Guido, como quiso ponerle su madre, es hijo de Walmir “Puño” Montoya  y de Laura Estela Carlotto, militantes de la organización peronista Montoneros, quienes fueron secuestrados en 1977 y llevados a centros de detención clandestina. Cuando Laura dio a luz, la separaron de su hijo. Hoy la Justicia busca saber con exactitud cómo sucedieron esos hechos que acabaron con la vida de sus padres y  que al joven Ignacio le arrebataron su verdadera identidad.

En mayo de este año, el joven artista creó “casualmente” un tema musical vinculado con la memoria y la dictadura. En junio se enteró de que era adoptado, y al mes siguiente se presentó para iniciar un proceso de búsqueda e investigación en Músicos por la Identidad y en Abuelas de Plaza de Mayo. Allí fue derivado a la Comisión Nacional para el Derecho a la Identidad (Conadi). Se hizo el examen de ADN el día 24 de julio y el 5 de agosto se confirmaron los resultados de los análisis, cuando el Juzgado Federal N.° 1 de la Capital Federal, a cargo de la jueza María Servini de Cubría, se pronunció. En poco tiempo, muchas novedades.

“Yo me preparé para no encontrar” dice Ignacio. Pero Estela lo encontró a él.

Ignacio, con el “Puño” bien alto

Ignacio se muestra como un guerrero que no interrumpe su camino. Alienta a preguntar, a investigar, a no tener miedo de correr los velos y a mirar la historia personal a los ojos. Habla bajito, pero convincente. Es que sabe, así trasciende con sus gestos, que con que le hayan desaparecido a su padre, no alcanzó para matarlo. No hubo forma de morir, porque no sólo las ideas no se murieron, sino que parte de esa generación contemporánea a su padre se encargó de tomar y pasar la posta. Ellos y ellas no lo dejaron morir, nunca.

Puño, el padre, además de ser un reconocido militante peronista, supo integrar un grupo cultural en Caleta Olivia. Tenía inquietudes sociales y eligió la lucha armada. Era un excelente mimo, de corazón solidario, dicen quienes lo conocieron. En 2006 se supo que sus restos óseos presentaban al menos 16 orificios de bala y estuvieron enterrados como NN en el cementerio municipal de Berazategui.

Es imposible no reparar en lo mucho que se parece Ignacio Guido a su padre. Es la prueba más fiel de que la sangre tira, y los genes también hacen su parte. Este joven músico no sólo afirma que su concepto de identidad se ha enriquecido, sino que también publicita las bondades de su realidad. “Hace bien saber la verdad”, sentencia firme.

Cinco certezas de la imagen de Ignacio Guido

Ignacio Guido no pudo pasar inadvertido en Mendoza. Él mismo reconoce que si hubiese sido nieto de otra abuela de Plaza de Mayo, la situación sería distinta. Pero es nieto de Estela, y el universo de los derechos humanos se reconfigura de sentido cuando aparece ese nombre.

Ignacio Guido es el talento tanguero de un músico comprometido, pero también es la recuperación de una identidad.

Ignacio Guido se reunió con Pérez (PJ) y con Cornejo (UCR) porque su figura sobrevuela los ingredientes que hacen a la política partidaria mendocina. Porque es la superación de las diferencias y es parte de la materialización de la democracia por sobre la dictadura. Por eso negó, por el momento, la posibilidad de participar en política partidaria, simplemente porque él transforma el mundo con su música, ése es su aporte. “No pienso participar en política. Para nada. No porque sienta que está mal, sino porque yo tengo otra manera de cambiar el mundo que creo que es más genuina. Pero aclaro que lo es para mí. En la familia Carlotto todos son funcionarios y trabajan con un amor, con una potencia… y logran resultados. Yo pienso que una de las maneras para cambiar el mundo es el arte”, sostuvo el nieto recuperado.

Ignacio Guido atesora la fuerza que lo catapulta a un permanente descubrimiento sobre las formas nuevas que va tomando su vida. Es el vencedor poético de la muerte, de los agravios y de las torturas, del silencio cómplice.

Ignacio Guido, es una síntesis de reparación histórica, hecha hombre. Y música.

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