La desigualdad globalizada

El Centro de Estudios Globales de la UNCUYO y la Universidad Champagnat organizaron una conferencia para analizar el fenómeno de la globalización. Los disertantes coincidieron en señalar a la desigualdad como uno de los rasgos del proceso que es necesario enfrentar. El nuevo orden mundial, el panorama de América Latina y de Argentina. Desafíos y oportunidades.

La desigualdad globalizada

Juan Gabriel Tokatlian, Jorge Taiana, José Octavio Bordón y Ernesto Ottone exponen en la Universidad Champagnat. Gentileza Prensa Institucional de UNCUYO.

Sociedad Unidiversidad por Verónica Gordillo / Publicado el 21 DE NOVIEMBRE 2013


La desigualdad es una de las marcas de la globalización, un proceso tecnológico, social y cultural que produjo y sigue produciendo grandes transformaciones en el mundo. Ese fue el rasgo sobresaliente y el desafío a enfrentar que coincidieron en señalar los disertantes de la conferencia “¿Es gobernable la globalización?”, organizada por la Universidad Champagnat y el Centro de Asuntos Globales de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO).

El encuentro, que se realizó en el salón de actos de la Universidad Champagnat, fue la primera actividad que el Centro de Asuntos Globales organiza junto a una institución privada. Los rectores de ambas casas de estudio, Mónica González Gaviola y Arturo Somoza, apoyaron la realización de actividades en forma mancomunada y proyectaron la continuidad de esta forma de trabajo.

Como en otra charlas que organizó el Centro de Estudios Globales de la UNCUYO, dirigido por José Octavio Bordón, el objetivo fue analizar y comprender un proceso que trasciende los límites de los estados pero que tiene un fuerte impacto en las naciones, en las provincias, en los departamentos y sobre todo en la vida cotidiana de sus habitantes.

Los expositores analizaron el fenómeno desde distintas perspectivas, aunque coincidieron en la ampliación de la desigualdad como una de sus características y uno de los grandes desafíos que debe enfrentar la humanidad.

El análisis del fenómeno y de las perspectivas a futuro estuvieron a cargo del director de la cátedra Globalización y Democracia de la Universidad Diego Portales de Chile y principal asesor del expresidente chileno Ricardo Lagos, Ernesto Ottone; el director del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, Juan Gabriel Tokatlian, y del excanciller argentino, Jorge Taiana, actual director de la Maestría Internacional en Derechos Humanos y Democratización de la Universidad de San Martín.

 

Más allá de lo económico

Ottone brindó la conferencia “¿Es gobernable la globalización?", y propuso debatir el fenómeno desde todos los aspectos, no solo desde el económico, como se planteó luego de la crisis del 2008. Describió a la globalización como una contracción del tiempo y del espacio que produce cambios en las estructuras económicas, pero también en las sociales, culturales, educativas y en el funcionamiento de la democracia.

El asesor del expresidente Lagos marcó la ambivalencia del proceso. Explicó que bajo su influjo se produjo una reducción de los niveles de pobreza, especialmente en China e India, donde llegaron a su fin regímenes totalitarios, pero que al mismo tiempo hubo un incremento de la desigualdad, la aparición de nuevos conflictos sociales, nuevas formas de nacionalismo y de terrorismo. Frente a este panorama ambiguo es que el profesor recalcó la necesidad de comprender y analizar el proceso, que no garantiza de por sí el éxito, pero destacó que desconocerlo es una forma segura de alcanzar el fracaso.

Para Otto, durante la década del 90 se vislumbraron más las luces que las sombras del proceso: se aplaudió el aumento de la productividad, de las novedades tecnológicas, de la aparente desaparición de fronteras. La crisis del 2008 terminó con el sueño y mostró los pies de barro de un crecimiento financiero basado en la idea de que el capitalismo puede autorregularse, lo que llevó a un exceso de crédito sin garantía y a un endeudamiento desmesurado.

El profesor comentó que la crisis del 2008 mostró en toda su dimensión la otra cara del fenómeno: la desigualdad social creciente, pero señaló que esa oportunidad fue desaprovechada, que no se hicieron cambios de fondo, que se sigue dando una importancia desmesurada a las empresas y que las reglas no se modificaron.

Frente a estos desafíos, Otto explicó que los países de América Latina mostraron capacidad de resistencia frente a la crisis actual y explicó que la razón fueron los cambios profundos que se dieron en el comercio mundial, especialmente en lo referido a los precios de los alimentos. Y fue más allá: aseguró que esta nueva realidad puede ser el paso de la dependencia a la interdependencia con grandes potencias.

Pese a su planteo, Otto señaló que Estados Unidos no perderá su hegemonía, si se tiene en cuenta que lleva una gran distancia en ciencia y tecnología respecto del resto de los países. Proyectó un mayor crecimiento de los países en desarrollo, lo que puede significar que exista un mundo más “parejo”, pero más desigual.

“El mundo de mañana será más complejo, diferente, pero no necesariamente mejor. Los nuevos equilibrios no son garantía de sociedades más justas”, le dijo al auditorio.

Uno de los aspectos que analizó en profundidad es cómo afectó este fenómeno a las democracias. Enumeró los condimentos que llevaron a la crisis: un gran distanciamiento entre la clase política y la ciudadanía, el poder del dinero que se ubica por sobre la política y un exceso de privilegios de quienes gobiernan.

Frente a este panorama, Otto planteó el desafío que se avecina. Dijo que la política del futuro tendrá una transparencia inédita, ya que el sujeto de cambio es amplio, que la gente puede acceder a información y reclamar por sus derechos.

Desde esta perspectiva, señaló que la democracia y la tendencia a la igualdad deben ser los valores indispensables a defender para lograr una mejor convivencia entre quienes forman parte del mundo globalizado.

 

Globalización y derechos humanos

El ex canciller argentino Jorge Taiana disertó sobre “Democracia, derechos humanos y globalización”, y marcó los avances que se produjeron a nivel mundial en cuanto al reconocimiento de los derechos.

Taiana explicó que el tema de los derechos humanos arrancó en el mundo de la posguerra, con la Declaración Universal que se concretó el 10 de diciembre de 1948 y que firmaron los países que integraban Naciones Unidas. Ahí se consagraron derechos civiles, culturales, sociales, políticos y económicos, y fue el punto de partida para considerar que existe una responsabilidad colectiva de la comunidad internacional respecto de derechos fundamentales y que los países no pueden hacer lo que quieran con las personas que están bajo su jurisdicción.

El excanciller explicó que la declaración fue firmada tanto por los países del bloque occidental (con democracias de tipo liberal), como por los orientales (socialistas-comunistas). Los primeros señalaron a los derechos civiles como los importantes, mientras los segundos se inclinaron por los económicos y sociales.

Taiana planteó que el enorme proceso de transformación tecnológica coincidió con este reconocimiento global de los derechos, a lo que sumaron los cambios estratégicos en la correlación de fuerzas globales, con la aparición del G-20, con Estados Unidos manteniendo el 47 por ciento del gasto militar del mundo y la expansión de los sistemas democráticos en América Latina.

El sociólogo marcó los temas que, a su entender, suponen una tensión creciente a nivel mundial: la insatisfacción con las democracias que hay en muchos países, la evidente crisis de los partidos, que son reemplazados por liderazgos individuales, lo que acarrea un problema de representatividad. En relación con los derechos humanos, los países desarrollados donde había una serie de derechos universales hoy se están encogiendo; otros que han sido líderes en las libertades individuales hoy las violan, y hay un cuestionamiento y debate sobre la universalidad de los derechos, teniendo en cuenta la diversidad cultural y el reconocimiento de las diferencias.

Taiana fue tajante en sus palabras finales. Recalcó que, en la medida en que las democracias no resuelvan el tema de la igualdad y la diversidad, no serán democracias plenas, y cree que la globalización pone en tensión ambos aspectos.





Una mirada crítica

El último expositor fue Juan Gabriel Tokatlian, director del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, quien brindó la conferencia “Una mirada crítica sobre los asuntos globales contemporáneos".

Tokatlian hizo alarde de su condición de profesor. Brindó al público una explicación sobre los puntos que tocaría y planteó su hipótesis: estamos ante un sistema global sobrecargado, por lo tanto el desarrollo histórico que el sistema tenga –más allá de las voluntades es un camino absolutamente bifurcado. Planteó que se puede tener una salida muy regresiva en el sistema global, o que se puede avanzar en una salida progresista, pero según su mirada –a la que definió como moderadamente pesimista esta última posibilidad no está garantizada.

El profesional también dejó en claro desde dónde analiza el proceso y estudia las posibilidades a futuro. Explicó que su perspectiva es la de los estudios internacionales y que su lectura siempre es política y desde el sur, desde lo que somos y la realidad que tenemos. Se ocupó de reivindicar la importancia de analizar el tema de una manera ecléctica, evitando la idea de que una teoría es mejor que otra, sino con una mirada amplia.

Tokatlian se ocupó también de dejar en claro cuál es su objetivo: dijo que no busca mantener el actual statu quo, sino ir hacia el cambio, buscar la transformación.

El análisis del profesional se centró en tres aspectos: el panorama global, el regional y el nacional. En cuanto al primero, recalcó que hay una redistribución masiva del poder y las influencias se dan desde Oriente a Occidente y desde el Norte hacia el Sur.

El profesor se detuvo en el análisis de esta redistribución del poder, porque entiende que existen lecturas erróneas. Explicó que el fenómeno se advierte en algunos campos, como el económico y el electrónico, pero no en otros de gran importancia como el diplomático, donde el poderío y los gastos militares de Estados Unidos son una muestra clara, por lo que nadie quiere desafiarlos.

Tokatlian recalcó que los ciclos hegemónicos se han dirimido siempre con conflictos, y que la única diferencia actual es que 16 países tienen 16.500 ojivas nucleares. Dijo que si existe una redistribución del poder, lo fundamental es entender que nadie gana ni pierde poder porque sí.

Otro de los aspectos que planteó en el panorama global es el exceso de virtuosismo que se da a los actores que no son estatales, como las organizaciones sociales. Apostó por una regulación, porque existen actores no estatales con un gran poderío, que no deben ser bendecidos solo por no pertenecer a la órbita estatal.

Al igual que los otros expositores, el profesional señaló a la inequidad como otro de los grandes temas a tratar. Dijo que la brecha de desigualdad está en el corazón de la polarización y compartió datos de publicaciones internacionales: 2170 multi billonarios en el mundo tienen 6500 billones de dólares (es decir, solo superados en términos de PBI por Estados Unidos y China juntos), o que el 1 por ciento de la población controla la riqueza mundial.

El profesional también coincidió con los otros disertantes al decir que, si este problema no se afronta, será difícil tener democracias más plenas.

Otro de los temas que planteó es la crisis que enfrenta el multilateralismo, que a su entender sigue siendo el único espacio en el que se puede frenar a los poderosos. Dio algunos ejemplos de esa crisis: el descrédito de Naciones Unidas, los inconvenientes que enfrentan la Organización Mundial del Comercio, la Unión Europea y la inactividad del  G-20, que no tomó decisiones de envergadura para controlar el capital financiero.

Tokatlian comentó que existe un retroceso y una regresión de las democracias en el mundo y que hoy la democracia liberal está en jaque.

En cuanto al panorama en América Latina, remarcó la necesidad de dejar de lado la lógica y los argumentos binarios, es decir donde todo es A o B, para pasar a una nueva donde todo sea A más B. Dijo que no existe una verdadera integración, sino que en todo caso hay un interés por la asociatividad y que Argentina no puede quedarse en la disyuntiva entre el Mercosur y la Alianza Pacífico, sino que podría avanzar en ambos sentidos.

Un aspecto esencial planteado por Tokatlian fue que, aunque Estados Unidos sigue siendo el principal referente, en el sur su gravitación se redujo, lo que entiende como una gran oportunidad de ser autónomos. En este sentido, marcó la importancia de Brasil y la conveniencia de que siga creciendo.

En cuanto a su visión de Argentina, el profesional comentó que, tomando cualquier indicador, el dato que se repite es que el país perdió poder. Señaló que cuando esto sucede, se producen subculturas a las que describió: la melancólica, en la que todo pasado fue mejor; la narcisista, que cree que se salva y se las sabe todas; la facilista, que apuesta a la imitación de estrategias externas, y la del esfuerzo que apuesta al trabajo, la productividad y a los nichos productivos a largo plazo. Y entiende que es a esta última a la única que se debe reivindicar.

El profesor se quejó de que la literatura sobre relaciones internacionales habla muy poco sobre cómo se recupera o se construye poder. Pese a esto y tomando los pocos escritos que hay sobre el tema, dio una fórmula: pensar a largo plazo, hacer acuerdos teniendo en cuenta que los consensos no son fáciles de lograr, buscar socios porque solo no se puede salir adelante y hacer un gran esfuerzo.

“El problema de Argentina es el dogmatismo, la ausencia de debate, de crítica, quizás esta sea la posibilidad de superar ese dogmatismo”, fueron sus palabras finales.

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