Rosa, la testigo clave

Rosa Gómez es una de las víctimas de la Megacausa. Pasó nueve meses en el D2 donde sufrió torturas y violaciones. Hoy se conocerá la sentencia contra 28 acusados, entre ellos cuatro exjueces federales.

Rosa, la testigo clave

Rosa Gomez en su casa (Foto: Axel Lloret)

Derechos Humanos Unidiversidad Megacausa Mendoza / por Verónica Gordillo / Publicado el 26 DE JULIO 2017

Rosa del Carmen Gómez (67) es una testigo clave de la Megacausa. Durante los nueve meses que pasó en el centro de detención clandestino D2 sufrió torturas y violaciones, pero también vio cómo sufrían otros; a algunos los encontró vivos años después, otros siguen desaparecidos. Por todos ellos, Rosa dice que la sentencia que se conocerá hoy, miércoles 26 de julio, no cierra el círculo y que eso sólo sucederá cuando sepa qué hicieron con su compañero Ricardo Sánchez Coronel y con los varones y mujeres que el aparato represivo del Estado arrancó de sus vidas para siempre.

Sentada en el living de su casa, Rosa cuenta que nunca imaginó que habría un juicio y que su mayor anhelo siempre fue lograr una condena social contra los represores, especialmente contra los que en forma sistemática violaron a mujeres y varones en los centros clandestinos de detención.

Rosa será una de las 200 víctimas y sus familiares que escucharán la sentencia contra 28 personas, entre ellas cuatro exmagistrados federales por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar. Estarán acompañados por referentes nacionales como Nora Cortiñas, Ángela Urondo y Norma Ríos. Hoy se conoció que Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, no asistirá a la lectura de la sentencia por problemas familiares, mientras que ayer el Premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel, también confirmó que no estará entre los asistentes.

El testimonio de Rosa y de otras víctimas como Silvia Ontivero y Luz Faingold permitieron que la Justicia estableciera la violación como delito de lesa humanidad, es decir que se considere imprescriptible, como en el caso de las torturas.

La denuncia de Rosa posibilitó la detención de los policías que identificó como sus violadores en el D2: Héctor Lapaz y Miguel González, ya que el tercero, Bustos Medina, murió. Ambos enfrentan en la Megacausa acusaciones por violación agravada, tormentos y privación ilegítima de la libertad, todos en carácter de delitos de lesa humanidad.

Megacausa: referentes nacionales esperarán la sentencia en Mendoza

El abogado Pablo Salinas, aseguró que Carlotto y Pérez Esquivel llegarán el 26 de julio a Mendoza y esperarán la sentencia, más allá del comunicado que dieron a conocer los magistrados.

 

Las huellas de la tortura

Rosa elige contar. Describe las torturas a las que fue sometida desde el 1º de julio de 1976 en que fue secuestrada y trasladada al D2, con el único antecedente político de ser la compañera del militante peronista y sindicalista del Banco Mendoza, Ricardo Sánchez Coronel. Para ella, la peor tortura fueron las violaciones sistemáticas que sufrió ella y otras compañeras. “Los golpes, los moretones se pasan, pero eso no se va nunca de tu vida, te la trunca, no te deja tener una pareja”, fueron sus palabras.

 

Ricardo Sánchez Coronel compañero de Rosa.

 

En los primeros días de 1977 Rosa fue trasladada a la cárcel de Boulogne Sur Mer. Cuenta que fue como llegar a un colegio de monjas, después de las torturas sufridas: ahí le daban de comer, le permitían bañarse y caminar algunas horas antes de volver a las celdas, algo impensado durante los nueve meses que pasó en el D2. En 1979 la llevaron al penal de Devoto, donde soportó las recriminaciones injustas de otras presas políticas, recriminaciones que nunca comprendió y que padeció hasta su liberación un año más tarde.

Esa liberación, que le pareció un sueño, no fue fácil. Después de deambular por Buenos Aires sin un peso logró viajar a Mendoza con la ayuda de los familiares de otras detenidas, pero llegar a su casa no fue lo que imaginó: su hijo no la conocía, no sabía nada de su pareja y padre del niño y su familia no le brindó el apoyo que esperaba. Aunque formó pareja y tuvo a su segundo hijo, los traumas del pasado nunca la abandonaron. No pudo cumplir su sueño de estudiar, pero se alegra de haber ayudado a sus hijos a ser profesionales.

Aunque las marcas de las torturas siguen intactas, Rosa dice que declarar en el juicio fue como sacarse una mochila de encima, que está agradecida con los jueces, los fiscales, con los abogados querellantes, pero también con los de los represores, porque la trataron siempre con respeto y porque sin ellos no se podría haber realizado el proceso que culmina hoy con todas las garantías previstas por la ley.

Rosa será una de las víctimas que escuchará la sentencia de la Megacausa. Aclara que este es otro paso, que no se cierra el círculo y que eso sólo sucederá el día que los represores rompan el pacto de silencio y digan qué hicieron con Ricardo Sánchez Coronel, y con todas las víctimas a quienes les arrebataron para siempre de sus vidas.

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