Sobre el riesgo sísmico y su comunicación

Unidiversidad | Sociedad

29 de mayo de 2016, 10:57. Por: Gloria Bratschi.


Gloria Bratschi, licenciada en Comunicación y especialista en Prevención, Planificación y Manejo Integrado de Áreas Propensas a Desastres.



Somos vulnerables ante el riesgo sísmico cuando no estamos preparados para enfrentar una abrupta, intensa y grave manifestación de la naturaleza. Porque un terremoto, sea cual fuere su magnitud, es un evento natural. No es evitable ni predecible, sólo se puede decir que siempre tendremos que experimentar este tipo de manifestaciones geológicas. Es por ello que siempre se reitera la sugerencia: “Debemos estar preparados”.

Somos vulnerables ante la ocurrencia de un evento adverso si no tenemos la información precisa, sin distorsiones, sobre dónde estamos viviendo, por qué ocurren estos movimientos. Los daños y las consecuencias suceden porque está el ser humano con su presencia, sus actividades y todo lo que precisa para la supervivencia.

La comunicación del riesgo sísmico es responsabilidad de las organizaciones gubernamentales, quienes reciben los datos del sector científico, las investigaciones del sector académico, y quienes pueden divulgar ciertas pautas de cómo prepararnos para actuar. Luego, los comunicadores especializados, tanto institucionales como de los medios, dan a conocer a la población lo que necesita saber para actuar preventivamente (“antes, durante y  después”) y tomar decisiones bien informadas.

Para reducir nuestras vulnerabilidades ante el riesgo sísmico debemos contar con instrumentos cognitivos y operacionales que nos faciliten adquirir o potenciar nuestra resiliencia ante un terremoto y después de su ocurrencia.

Si estamos dentro de una casa o edificio que ha respetado los códigos de construcción sismorresistente  –y lo sabemos– al momento del evento actuaremos de forma distinta a como lo haríamos dentro de una vivienda o edificio precario. La dificultad se plantea cuando no tenemos esa información que está asociada a la seguridad de las personas. Podemos sumar a esto que no sólo nos referimos a  los aspectos físicos o estructurales, sino también a toda vulnerabilidad funcional que pueda ser corregida y reducida. Imaginemos una lámpara muy pesada que no está bien colocada, o muebles que dificultan la circulación en un pasillo. Imaginemos, además, que no siempre estaremos en un espacio cerrado y que hay disímiles lugares donde nos puede sorprender el movimiento.

La resiliencia, que es la capacidad que tenemos de enfrentarnos a situaciones difíciles o críticas (como un terremoto) y salir fortalecidos de ellas, está asociada con la educación formal, desde el nivel inicial hasta el universitario. Hay una responsabilidad de suministrar a quienes asisten a instituciones de nivel superior los insumos necesarios  para comprender qué es el riesgo sísmico y cómo debemos convivir con él. Este conocimiento también lo brindan la educación no formal y la informal, intentando que todos los sectores sociales tengan acceso a saber qué hacer en las distintas fases de la gestión del riesgo sísmico.

Para ser resiliente ante al riesgo sísmico, la comunidad debe ser comunicada en forma eficaz y eficiente, desde estrategias muy bien diseñadas, para direccionar adecuadamente los mensajes y las acciones preventivas.

Según los especialistas en salud mental, “vivir” un terremoto es una de las experiencias más traumáticas a las que puede estar expuesto un ser humano. Con más razón, entonces, es que hay que involucrar a la comunidad toda para lograr una buena gobernabilidad del riesgo sísmico y una buena participación ciudadana. Sólo así podremos, entre todos, reducir nuestras vulnerabilidades.


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