Bibliodiversidad, la clave para entender qué está en juego si se deroga la ley del libro
El Gobierno nacional tiene un anteproyecto para eliminar la norma que establece un precio uniforme de venta al público. Diversos actores de la industria editorial argentina se han manifestado en contra de la iniciativa. Analizamos esos argumentos.
El precio de los libros está en debate. Foto: archivo Unidiversidad
En noviembre de 2001, en plena ebullición política y social de la Argentina, se sancionó la llamada Ley de Defensa de la Actividad Librera (25.542), que establece un precio uniforme de venta al público (PVP). Este valor lo fijan editoriales e importadores y rige en librerías de todo el país. En 2026, el Gobierno nacional, a través del Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, impulsa un proyecto para derogar esta norma.
La iniciativa del ministerio comandado por Federico Sturzenegger busca derogar 13 leyes y modificar alrededor de 50. Además de la llamada “ley del libro”, también afecta a la Ley 25.446, de Fomento del Libro y la Lectura.
"Esto representa un ataque más, en particular, al mundo de la cultura, al mundo del libro y al mundo de la diversidad y de la bibliodiversidad", dijo Javier Piccolo, director de la Editorial de la Universidad Nacional de Cuyo (Ediunc), en Radio U.
La alerta de las o los integrantes de la cadena de libro (autores, editores, traductores, correctores, diseñadores y personal de imprentas, entre otros) se prendió porque la norma vigente de precio uniforme, en su espíritu, busca proteger a las librerías independientes y sostener su propósito cultural frente a las grandes cadenas o supermercados que pueden optar por estrategias de baja de precios por debajo del costo para ganar mercado (competencia desleal).
Javier Piccolo, director de la Ediunc. Foto: Prensa UNCUYO.
Para Piccolo, es el público (lectoras y lectores) el que se ve perjudicado si avanza la derogación. “Piensen en un mundo en el que solo se vendan los libros que se venden en el supermercado, nos perderíamos de montones de autores, nos perderíamos de montones de historias", comentó.
Este planteo del director de la Ediunc ha dado vuelta por medios y redes sociales desde que se impulsa el proyecto de derogación y ha abierto el debate, en el que, por momentos, se cruzan conceptos que describen al libro “como objeto cultural” o “como bien prohibitivo”.
“Respecto a la formación del precio del libro de venta al público, se ven reflejados un montón de porcentajes. El porcentaje que queda para distribuidores, el que queda para libreros, para autores, para traductores, para editores, el costo de impresión. Todo eso es un círculo virtuoso en el cual nadie se llena de plata, pero todos pueden cobrar lo necesario para poder subsistir en el negocio editorial argentino y que ha permitido el crecimiento del negocio del libro, del libro como objeto cultural en nuestro país”, comentó Piccolo a Unidiversidad.
En tanto, sobre el costo de los libros en el mostrador, el editor agregó: “Lo de la política de precios debería revisarse en otras instancias. Por ejemplo, la logística nacional, donde se sigue cobrando IVA, a pesar de que toda la cadena de producción del libro está exenta de IVA. Pero lo fundamental es que los precios son prohibitivos porque los sueldos de nuestro país son bajísimos, la gente está endeudada, con muchas dificultades para llegar a fin de mes y, lógicamente, los primeros recortes que se hacen en cualquier economía familiar son por el lado de los consumos culturales”.
Según publicó el sitio chequeado.com, las experiencias internacionales sobre países que han optado por unificación o liberalización de precios han generado resultados diversos. El portal citó un estudio que analizó 27 países europeos y no encontró diferencias significativas en el precio promedio de los libros entre los países con y sin precio fijo, aunque sí registró mayores ventas donde existe este sistema. Un caso que sí dejó en evidencia las consecuencias de liberar los precios de tapa es en el Reino Unido, donde los best sellers pasaron a venderse con mayores descuentos, pero otros libros aumentaron de precio y cerraron numerosas librerías independientes.
Valor agregado
“Esto es mucho más que una ley, defiende un concepto básico que es la bibliodiversidad”, dijo Cristina Arenas, de la librería Ludditas, de la Ciudad de Mendoza, quien sumó su experiencia a cargo de una librería independiente: “Estos lugares son un punto de encuentro, no solamente locales comerciales, hay un trasfondo que no es solamente lo de la ley o lo de sacar el precio único”. Arena también sintetizó sobre cómo ve la situación actual de las librerías en Mendoza: “Estamos en una situación muy crítica”.
Cristian Arenas, de la librería Ludditas. Foto: captura de pantalla
Ahora bien, para contextualizar, contó: “Es una provincia que, para la cantidad de lectores, tiene muchísima la oferta, que no pasa en cualquier ciudad del país. Podés ir a una librería de usados, de saldos, librerías más especializada, editoriales independientes, librerías de cadena”. Esta oferta amplia, también se da en un marco de coexistencia tácito. “Se ha creado un ecosistema que se regula porque nadie se mete en el espacio del otro. Hay un cierto respeto de colegas y de colaboración donde se permite esto, la biodiversidad, que es lo fundamental de esta ley”, sumó.
Esta descripción no quita el estado de alerta, más allá de la legislación, como Arenas marcó al principio e insistió: “En el último tiempo la venimos pasando muy mal. Hay librerías que han cerrado, otras que no han podido seguir pagando el alquiler y se han mudado a unos sectores más periféricos de la ciudad. Ni hablar del recorte de empleados. Entonces, ante el proyecto de derogación, estamos todavía más preocupados, porque es un sector que viene muy complicado desde hace un tiempo largo”.
Resumen del debate sobre la ley del Libro
No hay evidencia concluyente de que eliminar el precio único abarate los libros.
-La experiencia internacional es diversa. Hay países con precio único que registran mayores niveles de venta de libros, pero hay más cierres de librerías.
-Quienes defienden la ley vigente sostienen que favorece la supervivencia de librerías independientes, amplía la diversidad editorial y evita que grandes cadenas o plataformas concentren las ventas mediante descuentos agresivos.
-Quienes impulsan la derogación argumentan que aumentaría la competencia. La propuesta del Gobierno permitiría que cada comercio fijara libremente descuentos y promociones, con la expectativa de generar mayor competencia entre vendedores.
-El consenso de especialistas es que el precio de los libros depende de muchos otros factores. Costos de impresión, papel, logística, impuestos, tamaño del mercado, inflación y poder adquisitivo influyen tanto o más que el régimen de precio único, por lo que eliminar la ley, por sí sola, no garantiza libros más baratos.
-Por último, el proyecto del Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado está hoy en la etapa de anteproyecto y borrador. Esto quiere decir que todavía no tiene tratamiento formal en el Congreso.
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