Cero ego

El mapping en Mendoza tiene un nombre, o tres. Esa herramienta superpoderosa que le otorga magia a una superficie arquitectónica mediante proyecciones, es casi propiedad intelectual de Tato Moreno, Julia y Mauricio Mansilla, responsables de Experiencia Le Parc, creación que asombró a Mendoza y que vislumbra su despegue internacional.

Cero ego

Mapping Experiencia Le Parc

Especiales

Emma Saccavino

Publicado el 24 DE MAYO DE 2013

Un aroma a café y cilantro domina la víspera de unos tacos que Tato, alma colectiva, prepara para el final de la entrevista. Anécdotas, risas y escenas cotidianas se entremezclan en el trasfondo de esta cálida, pero no por eso menos sesuda charla.

La dilución de la individualidad resulta ser el leitmotiv del grupo que integran Néstor Tato Moreno, Julia Moreno y Mauricio Mansilla, tres cabezas que, gracias a su manejo fluido de especialidades diferentes, logran el resultado deseado en sus productos integrales.

Otro de los conceptos medulares que sostienen la organicidad del equipo es que el universo audiovisual excede la frontera del cine: “En esto coincidimos los tres. No importa el soporte, vos hacés imagen. Y esa imagen tiene que poseer la suficiente calidad para ir a parar al cine, a internet, a la tele, a un celular o a una pared. Es fundamental entender cómo el paradigma ha cambiado en este sentido”.

Sobre el mapping, técnica en la que vienen haciendo punta en Mendoza desde 2009, redefiniendo, en términos antropológicos, a esta tierra como centro, cuentan: “Aunque los tres veníamos de cosas distintas, una vez que empezamos, no pudimos separarnos más. El mapping nos parece maravilloso, es un lenguaje de intervención, revolucionario en esencia”.

 

¿En qué reside su aspecto revolucionario?

Tato (T): Creo que es porque se manifiesta como arte multidisciplinario y desafía las formas de ver el audiovisual y el teatro. Hay mucha fusión; la resistencia del artista individual a la fusión de las artes pasa por el miedo a perder su protagonismo; el arte auténticamente generado por muchos es un arma revolucionaria, honestamente creo que es así. La concepción burguesa del arte se basa en separar al artista como un ser elegido. Yo creo que eso es pura mierda.

“Vas a notar que bastante seguido Julia me mira como diciendo ‘¿Qué carajo está hablando mi papá?’”, dice el realizador, que sin embargo no puede disimular su admiración por su hija, la cara escénica de este poderoso tridente audiovisual que trabaja en lo que hoy es, tal vez, una de las técnicas más novedosas del campo y que evidencia, ante todo, una potencialidad artística que parece no conocer límites. “Hoy nuestra búsqueda pasa por conseguir que sea cada vez más interactivo, más perceptivo, más impactante, más mágico”.

 

Tres coequipers creativos

Néstor Moreno se sabe verborrágico. Su mirada revela una mente hiperactiva, pero bien encauzada: dúctil en múltiples roles del universo audiovisual, este sanrafaelino partió en el 88 a Estados Unidos, donde vivió 15 años e hizo la carrera de Producción de Cine y Televisión. “Era eminentemente técnica. Lo que más me interesaba era la posproducción, cosa rara en un estudiante de cine, que en general solo piensa en ser director, cuando es un trabajo que funciona en equipo y cada parte es vital. Luego me especialicé en esa rama, en la que trabajo hasta hoy”, cuenta.

Retornó a su tierra en 2004 decidido a desterrar ciertas concepciones elitistas e individualistas. Consciente de que la única forma de generar una industria en la provincia es la organización, el mendocino fundó en 2006, con un grupo de colegas, la Asociación Mendocina de Cine y Artes Audiovisuales (AMCAA). “Desde ahí, de a poco, generamos un cambio de paradigma en cuanto a esto de creer que no sirve mancomunarse. Ese mal se combate con organización y militancia. Creo que hay que romper con esa posición elitista y burguesa respecto del hecho artístico”.

Julia se formó en Estados Unidos en un colegio que tenía una especialización en artes del espectáculo. Cuenta que al volver a Mendoza, hace nueve años, se chocó con otra manera de trabajar, pues los tiempos y los recursos eran otros.

 

Bienvenida al Tercer Mundo, se llama la película…

Julia (J): Un poco, pero lo bueno de este lugar es que tuve espacio para crear y la posibilidad de generar obras propias y abrirme mi propio camino. Digamos que conjugué herramientas que ya traía con todo lo que absorbí de mi papá.

 

¿Cuál es tu rol específico en las creaciones con mapping? Hablemos, por caso, de Experiencia Le Parc

J: Si bien gozamos de libertad creativa, para esa obra teníamos la pauta de armar una experiencia que tuviera que ver con ese espacio cultural y con el arte de Julio Le Parc. Lo primero que se planteó fue el diseño de la escenografía, que estuvo a mi cargo. La idea fue diseñar un espacio que fuera lo suficientemente flexible como para crear todos los efectos. También me encargué de la dirección de la puesta, es decir, definir cómo el actor debe interactuar con las imágenes. También hice una buena parte de animación 3D, composición 2D; en fin, un poco de todo, al igual que los demás.

¿Mauricio?

M: Yo quería ser astronauta, en realidad… (risas). Siempre fui amante de la magia y los efectos especiales en las imágenes. A los 15 años me metí “de prepo” en un taller de cine, al que no me dejaban ingresar con la excusa de que era para adultos. Más tarde estudié Diseño de Producto y también me metí a la Escuela de Cine. En una oportunidad, mi padre trajo una computadora de un amigo a casa para que se la arreglara, y vi que tenía un programa de 3D. De curioso, me lo instalé y comencé a trabajar y trabajar.

El mapping, punto de confluencia

Es Tato quien toma la iniciativa: “Resulta que los tres somos muy curiosos, nunca planeamos trabajar juntos en esto. Venía haciendo cosas con Mauri por un lado, por el lado del 3D, y con Julia por otro. Con ella hicimos varias vendimias departamentales y, de hecho, esto nunca se dijo, pero inauguramos la técnica del mapping en una Vendimia de Malargüe. El mapping en Vendimia no es algo que se inventó este año. Lo que más se ha visto en mapping es en los edificios…”.

 

De hecho, cuando se habla de esta técnica, la gente registra el mapping que se hizo en el Cabildo para el Bicentenario…

J: Nosotros usamos también esa referencia cuando queremos explicar el recurso.

T: En Mendoza se podría recordar el que hicimos sobre el museo Fader, pero como siempre miramos a Buenos Aires…

 

Video mapping Experiencia Le Parc, http://vimeo.com/52810591

 

Hace muy poco, en una charla que brindó Enrique Piñeyro en la Facultad de Artes y Diseño, interpeló a los estudiantes de Teatro y Diseño Escenográfico acerca del mapping como un recurso que navega entre la escenografía y el cine…

J: El mapping es todo eso. Como cualquier lenguaje nuevo, ofrece posibilidades sin límites. Hay partes que están más exploradas, pero en esencia, el mapping es luz proyectada adaptada a una superficie o a un volumen, lo que implica alejarse del plano rectangular de proyección. A nivel escenográfico y teatral, tiene muchísimas posibilidades, como la de recrear actores que interactúen con los reales, por ejemplo. El mapping es una herramienta superpoderosa para la narrativa y para el teatro.

T: Igualmente, la idea de proyectar imágenes es casi primitiva: siluetas puestas delante del fuego y animadas para contar historia. Si te venís para acá, hay toda una hilación de la imagen proyectada sobre superficie, y el mapping es una evolución en este camino que no busca más que, como nosotros, contar historias.

 

¿Cualquier superficie puede ser mappeable?

J: Así es. Es un engaño visual, físicamente no hay más que luz y sombra. La cuestión es tener la creatividad y las capacidades técnicas para generar un contenido que tenga la fuerza de lograr el efecto buscado.

 

Una particularidad del mapping Experiencia Le Parc fue su impronta espectacular, incluso hay una dramaturgia construida allí…

T: Claro, es que como el mapping no es más que un juego de luces y sombras sobre superficies, permite que todo sea posible, depende de la búsqueda. En este caso, nos interesó llevar el proyecto hacia algo más performático, más espectacular; más que jugar solo con una superficie buscamos contar una historia e integrar un personaje protagonista. Igualmente, creo que recién estamos en la superficie, hay muchísimo más por hacer; como decía, las posibilidades son infinitas… Lo llamativo es que hasta ahora ninguna institución mendocina nos ha invitado a hablar sobre esta técnica.

 

Sin embargo, Experiencia Le Parc fue elegida entre las diez principales atracciones del  Mercado de Industrias Culturales Argentinas 2013…

T: Sí, en Buenos Aires nos filmaron, nos dijeron que era único lo que hacíamos. De Barcelona y otras ciudades de Europa también hemos tenido excelentes devoluciones. Es que, para poder comprender el mapping, es vital el ver que implica un profundo cambio de paradigma. Primero hay que cambiar la cabeza, eso digo, hay que mirar desde otro lado. En un momento de continuo desarrollo tecnológico no se puede mirar una escenografía como algo cerrado, por ejemplo, como tampoco ningún recurso de los lenguajes artísticos. Nada ya es exactamente lo que era. ¿Qué es el cine? Hoy aún se escucha a realizadores decir: “Yo hago cine” o “Hago tevé”, cuando estamos yendo hacia la multidistribución, hacia la multipantalla, entonces lo que importa es la idea, es la búsqueda de lo que querés decir. Todo lo demás es herramienta. El tema es que hay una sobrevaloración de la herramienta, y es porque ningún software te resuelve una idea. Y a esto se suma que en las carreras enseñan la herramienta pero no a trabajar sobre la narrativa de la edición, pues en el fondo todo termina en contar historias.

J: Recuerdo que en una entrevista me preguntaron si yo era técnica o artista. Y dije: “Pará, pará, pará, yo no separo esas dos cosas” (Tato aplaude). Dije que el saber usar la técnica es un arte absoluto, no hay que idealizar al artista como esa persona etérea y creativa que no toca una herramienta; está totalmente integrado, no se le puede dar más valor a uno o a otro.

 

El cine, espíritu colectivo

J: Para mí, no hay nada más maravilloso que ser parte de crear un producto más grande que vos o que lo que vos podrías hacer solo. Por eso, cuando estás en un equipo en el que las herramientas te potencian, sale algo mucho más rico e interesante. El cine o el teatro son expresiones colectivas. Se combinan muchísimos roles para gestar una creación, y sin cada uno de esos roles mínimos no se puede crear el mismo producto.

 

¿El mapping los congregó como equipo?

T: Ya veníamos trabajado juntos antes, pero la intriga por el mapping se despertó a partir de que vi una creación de Telenoika (Comunidad de Creadores Visuales de Barcelona) y se la mostré a los chicos. Inmediatamente nos pusimos a investigar cómo se hacía. Como con Mauri sabíamos que era carísimo, mientras investigábamos yo empecé a tocar puertas y a observar. Esto habrá sido en 2010, es decir, todavía no se había mostrado ninguna de estas experiencias en la Argentina, ni siquiera la del Bicentenario. Fuimos los primeros del interior del país que hicimos mapping. La cuestión es que dimos con un lugar en el que se conjugaron todos los factores necesarios: oscuridad, espacio para el público, distancia para los proyectores. Ese lugar era el museo Fader, la gente se paraba anonadada, así que nos contrataron unos meses más tarde. El primer mapping lo concretamos en 2011. Luego nos llamaron para la Vendimia malargüina e hicimos una geometrización de los Castillos de Pincheira, fue loquísimo, pues la escenografía se iba transformando en cada escena.

 

¿Después qué vino?

M: Luego trabajamos sobre la fachada del Concejo Deliberante de Godoy Cruz, en 2012 también proyectamos sobre unas escalinatas en la víspera del Acto Central de la Vendimia y después vino tal vez el que más nos encanta, que se hizo sobre el viejo Molino de Rufino Ortega, en Malargüe. Ese fue todo un desafío técnico, porque el frente era un ángulo, fue increíble. Más tarde nació la propuesta del Le Parc, que fue la experiencia con más libertad creativa, lo único que tenían era el título. La única premisa fue evidenciar lo innovador que sería el lugar.

 

Video mapping Molino de Malargüehttp://vimeo.com/49972048


 

¿Qué nivel de incidencia tuvo la obra del Le Parc a la hora de imaginar el proyecto?

T: En realidad no quisimos caer en la tentación de ponernos a trabajar sobre la obra de Le Parc. Hubiera sido, además de una obviedad, una total falta de respeto. Sí nos inspiramos en ella, claro, y buscamos homenajearlo desde la forma.

 

Contar con hacedores de su talla eleva a Mendoza en tanto polo artístico en el mundo.

T: Recuerdo que al terminar una puesta de Experiencia Le Parc en el MICA, una mujer de Cultura de Nación le dijo a alguien al teléfono: “Vos no sabés lo que trajo Mendoza”. Y me sentí orgulloso, porque en realidad representamos sobre todo algo, y es que fuera de Buenos Aires se hacen cosas que merecen estar en cualquier lugar, pero por esta construcción centralista que hacemos, incluso a veces nosotros mismos de las provincias no nos valoramos. Para nosotros, Mendoza debería ser el centro del mundo, pero siempre estamos pensando que el centro está en otro lado. La validación de la periferia se produce a partir de la validación del centro: es decir, empezás a valer a partir de que el centro te acepta. Eso es lo que tiene que cambiar.

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