Continuidad del proyecto revolucionario

La República de Cuba celebró el 26 de julio el Día de la Rebeldía Nacional en conmemoración del 60º aniversario del asalto a los cuarteles de la Moncada y de Carlos Manuel Céspedes. Esta acción dio inicio al proceso que se consumaría años después, catapultando a esta isla caribeña como uno de los hitos sociales más relevantes de Latinoamérica y el mundo.

Continuidad del proyecto revolucionario

Habana, Cuba

Sociedad Unidiversidad por Rodrigo Farías / Publicado el 30 DE JULIO 2013

A sesenta años del primer brote revolucionario, un repaso por el estado de situación de la isla caribeña que ha logrado establecer un punto de referencia infranqueable respecto de los procesos sociales ocurridos durante el siglo XX, y que actualmente se presenta como uno de los paradigmas más influyentes en el desarrollo del socialismo del siglo XXI en la región.

Salud, educación y derechos sociales

La revolución fue un hecho consumado, luego de casi seis años de lucha, con la huida del dictador Fulgencio Batista en las vísperas del año nuevo, el 31 de diciembre de 1958. Nadie imaginó que el proyecto revolucionario que se inauguró el 1º de enero de 1959 sería uno de los grandes protagonistas de la historia del siglo XX.

En sus casi 55 años, la revolución cubana cuenta en su haber con una serie de logros que difícilmente han sido alcanzados y mantenidos por cualquier país del mundo. El gobierno cubano logró crear un marco de igualdad social nunca antes experimentado en la región, a través del alcance de una serie de objetivos sociales fundamentales. Entre muchos de ellos podemos mencionar: lograr una tasa cero de desnutrición infantil, elevar los niveles de salud de toda su población a través de uno de los proyectos sanitarios más ambiciosos del continente y promover el desarrollo educativo y cultural de toda la población.

Estos tres logros –alimento, salud y educación para todos– ubicaron al proyecto cubano como una de las experiencias más avanzadas del planeta en lo que refiere a la consecución de derechos sociales.

Gracias al desarrollo de estos tres aspectos se logró, por ejemplo, eliminar en menos de cincuenta años toda clase de racismo, sea este étnico, religioso, cultural, de color de piel, etc. Este importantísimo paso se consiguió pese a la existencia de un pasado de más de 450 años de colonialismo, división de clases y formas estandarizadas de discriminación y opresión social.

La eliminación del racismo y prejuicios sociales ubica al proyecto cubano en un lugar que no ha podido ser alcanzado por ninguno de los que suelen ser considerados como los países del mundo desarrollado de Occidente donde, pese a ese pretendido status civilizatorio, se cuenta con brotes regulares de xenofobia contra grupos vulnerables que se expresan con dramáticas cuotas de violencia.

La eliminación del racismo en la isla caribeña fue el resultado de un proyecto social que no podría haberse alcanzado si no se eliminaban las diferencias sustanciales que resultaban de la opresión de una clase social sobre otras. El terminar con estos mecanismos de dominación permitió a la revolución avanzar con un proyecto humanitario en el que las personas dejaron de ser valoradas como objetos. El proyecto fue simple: volver a humanizar al ser humano.

Por supuesto, la desaparición del racismo no eliminó las diferencias, los conflictos, ni clausuró la historia de ninguna manera, pero sí marcó un punto de referencia para el debate social y demostró cabalmente al mundo cuán grande puede ser la relación que existe entre las conductas y las matrices sociales donde se generan. 

 

La resistencia económica

Desde el nacimiento de la revolución, Estados Unidos se ha presentado como su gran antagonista, llevando adelante innumerables complots y acciones para acabar con el proyecto de liberación cubano. En su momento, intentó sin éxito armar y capacitar a las fuerzas de Batista. También, luego de producida la revolución, llevó adelante fracasados intentos de invasión y ocupación, como así también intentos de asesinatos contra el comandante Fidel Castro.

Más allá de sus fracasos, desde 1962, a través de un decreto firmado por el presidente John Kennedy,  Estados Unidos mantiene de manera unilateral un bloqueo económico y comercial sobre la isla. Esta política ha sido cuestionada por numerosos organismos internacionales como la Organización de Naciones Unidas donde, anualmente, a través de la Asamblea General, sus miembros se expiden en contra de este cerco económico contra la isla.

A diferencia del pasado neoliberal de la región, actualmente Cuba recibe el apoyo de la mayoría de los países latinoamericanos frente a los sabotajes y operaciones realizados por los Estados Unidos en su contra.

Desde hace poco más de diez años, la relación de Cuba con la región latinoamericana comenzó a cambiar con la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela, quien desde un principio tendió un puente diplomático con la Revolución y abrió un proceso de relaciones bilaterales. Esto significó una nueva ponderación del valor de este país para el resto de la región, que en aquel, a principios del siglo XXI, se encontraba prácticamente diezmada socialmente por la aplicación de las medidas realizadas por gobiernos neoliberales.

Por otra parte, la colaboración con Venezuela implicó asimismo un verdadero alivio, ya que desde principios de los 90 la isla venía sobrellevando una situación económica crítica debido a la caída de la URSS, con quien mantenía un intenso comercio. Esos difíciles años de adaptación a las nuevas condiciones fueron denominados como "período especial", donde los vacíos abonados por la caída del comercio con el bloque comunista debieron ser reemplazados a través de un violento giro de la economía.  

Durante la década del 90, los cubanos debieron casi literalmente reinventar su economía, mientras que la mayoría de los gobiernos de la región, alineados por aquel entonces con los intereses norteamericanos, le dieron la espalda.

Durante el período especial, Cuba debió desarrollar una dura política de racionalización para solventar equitativamente la crisis económica, allí debieron literalmente distribuir los pocos recursos que tenían para afrontar la situación. Sin embargo, a diferencias de las crisis cíclicas capitalistas, la cubana no fue solventada por los sectores subalternos sino por toda la sociedad, lo cual amortizó en gran medida sus consecuencias.

Ante esta situación, numerosos pronósticos de fin de la revolución fueron agitados desde las usinas de comunicación estadounidense, suponiendo que, ante las carencias económicas circunstanciales, el respaldo popular al gobierno cubano se disolvería. Pasó exactamente lo contrario: el pueblo cubano se acopló a la nueva situación y afrontó solidariamente la circunstancia sin quitar su respaldo a la revolución.

Recursos humanos para el socialismo del siglo XXI

La primera década del nuevo siglo encontró a Cuba saliendo con mucho esfuerzo de una de las mayores crisis que debió experimentar la revolución. La isla debió adoptar una economía totalmente diferente a la que sostuvo durante la guerra fría, en la que el turismo obtuvo un papel preponderante en términos de ingresos.

Asimismo, la relación con el gobierno de Hugo Chávez, que luego se extendió a otros gobiernos progresistas que fueron accediendo al poder, abrieron una nueva etapa para Cuba, cuyo protagonismo en la política regional refloreció.

Actualmente, distintos analistas sociales hablan acerca del enorme potencial de la isla en lo que respecta a recursos humanos. Esto es una certeza para el gobierno de la revolución. Sin ir más lejos, la presidenta de la Cámara de Comercio de Cuba (CCC), Estrella Madrigal, destacó que los recursos humanos representan el principal capital y la mayor fortaleza de Cuba.

Vale señalar, sin embargo, que los profesionales cubanos no son meros provisores de servicios sanitarios, educativos o deportivos, sino que poseen un elemento diferenciador de los profesionales de otros países: están formados por un sistema educativo cuyo paradigma se alinea al fomento en los estudiantes con un fuerte compromiso social. Con base en ello, representan un banco de profesionales formado en materia revolucionaria.

Estos profesionales podrían ser aprovechados para el desarrollo íntegro de distintos países de la región que políticamente estén dispuestos a solicitarlos. Algo de esto ya está ocurriendo: Venezuela, por ejemplo, canjea con la isla servicios provistos por profesionales de la salud por petróleo. Más allá del canje, resulta importante considerar que el mayor valor añadido de los recursos humanos cubanos es el potencial transformador que poseen en el código genético de su formación.

Para una región que suma una extensa lista de temas pendientes en materia social, pero grandes avances en los últimos años, Cuba podría representar un excelente acompañamiento en tanto acervo de recursos altamente capacitados en materia revolucionaria.